Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“YO, TONYA” (“I, TONYA”)
Las películas que abordan figuras del deporte suelen fascinar por el mensaje intrínseco que prevalece en su narrativa donde prevalece el dominio sobre alguna adversidad que les permita sobresalir en su respectiva disciplina, generando empatía hacia el o la protagonista al punto de desarrollar cierta inspiración o admiración en el espectador. “Yo, Tonya”, la historia sobre la controvertida patinadora olímpica Tonya Harding que en 1994 alcanzó la cima (¿O más bien abismo?) de la popularidad por su orquestado ataque a otra competidora empleando un sujeto enmascarado y un barrote metálico, es la refrescante antítesis al mostrarnos un ser humano movilizado por una crianza furiosa y un espíritu de competitividad producto de complejos atados a una madre con esbozos esquizoides que hacen ver a la progenitora de Norman Bates como Libertad Lamarque. La construcción del personaje es contundente y la elección del director Craig Gillespie (“Lars and The Real Girl”) por estructurar el relato alternando la recreación dramática con entrevistas a cuadro de los personajes semejando un documental dimensiona la naturaleza del argumento más allá de un filme que meramente explote los aspectos más sensacionalistas de la historia. Margot Robbie (“El Lobo de Wall Street”) se funde en la piel de Tonya, una chica suburbana que bien podría caer en la categoría cultural de “basura blanca” orillada al patinaje profesional por su madre (Allison Janney), una mujer que escapa cualquier categoría patológica al mostrarse dura, recia y autoritaria con cualquier ser viviente que cruce su camino (incluyendo la instructora de patinaje de Tonya) con el ¿Sano? propósito de que su hija aprenda tanto a perfeccionar su arte como a sobrevivir en este mundo. Esto en particular le funciona a la protagonista cuando conoce a Jeff (Sebastian Stan), un bueno para nada que comienza a beneficiarse cuando la carrera de Tonya despega y llega a participar en las Olimpiadas. Ella lo ama, a pesar de comportarse como todo un macho y gritarle o golpearla en ocasiones, a lo que ella responde con la misma moneda (una jocosa escena muestra a Tonya utilizando una escopeta para defenderse, siguiendo un comentario de ella al público indicando que esto solo es ficción y no ocurrió en la vida real, mostrando el compromiso tanto del director como del guión por construir y no embellecer). Todos los personajes son falibles y terriblemente humanos, sin elementos que funcionen a favor de una redención como tal es entendida en nuestra cultura, y por ello esta película funciona y fascina, pues todo el proceso es más una disección del estilo de vida norteamericano cuando a sus habitantes se les hace creer que pueden rebasar su mediocre existencia mediante algo tan estilizado como el patinaje sobre hielo y borrar sus deficiencias intelectuales con una medalla de oro –las escenas de Tonya antagonizando jueces tanto en la pista como en la corte empleando lenguaje vulgar y obsceno o sus selecciones de vestuario y música para patinar son exactas y contundentes al respecto- . Todo funciona gracias a la rigurosa dirección de Gillespie y a un reparto excepcional que se entrega a sus personajes con profesionalismo, destacando Robbie quien logra erradicar su imagen de Harley Quinn en “Escuadrón Suicida” y Allison Janney como La Vona, su madre atiborrada de antipatía pero manejada brillantemente con múltiples matices y detalles por Janney. “Yo, Tonya” es la anti-película deportiva y ciertamente es de lo mejor que tenemos actualmente en cartelera, con todo y “Vengadores”.

2ª Función “VERDAD O RETO” (“TRUTH OR DARE”)
El éxito de crítica que han gozado producciones de terror recientes como “Está Detrás de Ti” (Mitchell, E.U., 2014) o “No Respires” (Alvarez, E.U., 2016) ya comienza a mostrar sus efectos secundarios, pues estas cintas de ensamble actoral realizadas con presupuestos mínimos pero aspiraciones amplias en taquilla enfocadas en repartos jóvenes ya están llegando al punto chocante de la sangronada tal y como ocurrió en los 80’s y 90’s al no poder expandir o profundizar en las fórmulas y quedarse varadas en la pura premisa. “Verdad o Reto” es la prueba de ello y resulta molesto que ya ni siquiera se esfuercen por tratar a sus personajes como algo más allá que los acostumbrados y aburridos arquetipos adolescentes atorados en cuerpos y rostros bellos con personalidades secas y despreciables. Ahora tenemos que un espíritu chocarrero mexicano es el causante de que un grupito de amigos sufra cuando los insoportables críos deciden pasar un último spring break juntos antes de que tomen sus diferentes rumbos universitarios. Mientras conviven y se nos muestran con la típica secuencia introductoria a modo de montaje como amigos del alma y muy queridos, terminarán jugando “Verdad o Reto” en un viejo claustro donde descubrirán que la dinámica rebasará las meras confidencias o hazañas arriesgadas cuando la mencionada entidad sobrenatural los obligue a continuar el juego en sus vidas cotidianas so pena de una muerte horrible si se niegan. Por ende los muchachos sacarán a la luz detalles sórdidos u oscuros de sí mismos a la vez que tratan de desprenderse de la maldición. Esta cinta, así como la saga de “Destino Final” que maneja una premisa similar, pudo resultar en un escapismo entretenido y facilón, pero la flojísima dirección de Jeff Wadlow (“Rendirse Jamás”) y un reparto que cree estar en una serie de televisión interpretando clichés ambulantes, no permiten que algo funcione en esta cinta y termina fastidiando desde la primera media hora. El resto es la acostumbrada burrada para adolescentes y adultos antiséptica y moralina que enfurece más que asustar. Yo escojo verdad y digo que esta cinta es una pérdida de tiempo.

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