Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función
“READY PLAYER ONE: COMIENZA EL JUEGO” (“READY PLAYER ONE”)

De acuerdo al Internet – y si esto no cuenta como referencia válida y seria entonces desconozco en qué o quién podremos confiar a partir de ahora – el término “Fan Service” se refiere a “Todo contenido creado de acuerdo al gusto de la comunidad fanática, cumpliendo con sus deseos y reclamaciones con el fin de que el resultado (fílmico, literario, interactivo, etc.) sea de su entera satisfacción”. Poco a poco esta apreciación sobre cómo debe ofrecerse el entretenimiento a las masas se ha filtrado en las entrañas de la cultura pop, malcriando a la masa consumidora al punto que si algo distinto u original se les pone enfrente se conducen como zelotas hasta dilapidarlo. Entonces “Ready Player One: Comienza el Juego”, la más reciente cinta de Steven Spielberg, no les dará algo de qué quejarse, pues es la primera película que haya visto tan fundamentada en el “Fan Service” que hace ver a la serie “Harry Potter” (me niego rotundamente a contribuir a la dilución del término “saga” calificando esa mentecata sucesión de filmes y libros como tal) como una apóstata. Y eso en términos de entretenimiento no eroga en algo negativo per se, podríamos decir que incluso resulta amena la experiencia de identificar el cuantioso arsenal referencial empleado para vestir visual y argumentalmente la cinta, pero nada libera del tedio que produce una trama insípida y predecible que gira alrededor de los videojuegos y toda manifestación mediática generada en los 80’s y 90’s que emplea no personajes, sino arquetipos gastados por tanto uso precisamente en aquellas décadas cuando el mismo Spielberg los acuñó y ahora los emplea como supositorios narrativos. La trama se sitúa en el año 2045 cuando el calentamiento global y deficiencias económicas han sumido al mundo en un caos social donde la mayoría vive en basureros y los plutócratas adquieren más poder. Para fugarse de esta terrible realidad, todos se fugan a una realidad virtual conocida como OASIS, creada por un genio de la tecnología llamado Halliday (Mark Rylance), quien, inspirado en Willy Wonka, construyó su complejo y rico mundo sustentado en la cultura pop para que los usuarios encuentren tres llaves mágicas mediante pistas o “huevos de pascua” y así ganar el premio absoluto: ser dueños del mismo OASIS. El protagonista de la cinta, un joven llamado Wade Watts (Tye Sheridan), es un as en este juego y trata por todos los medios de triunfar y escapar de su miserable existencia como huérfano adoptado por una tía descuidada y su violento novio en un muladar de Columbus, Ohio. Quienes participan de esta contienda utilizan avatares virtuales y el de Wade es Parzival, muy similar al personaje de Cloud en los juegos de “Final Fantasy”. En el OASIS conoce a una chica audaz llamada Art3mis (Olivia Cooke) y ambos, asistidos por Aech (Lena Waithe), el mejor amigo de Wade, Sho (Philip Zhao) y Daito (Win Monsaki) lucharán por llegar al final del juego mientras combaten las nefandas fuerzas de una compañía llamada IOI liderada por el nefando Sorrento (Ben Mendelsohn) y sus tropas de combatientes denominadas “Sixers” que buscan apoderarse del OASIS para sus propios fines comerciales. La trama es así de lineal, y el tratamiento de Spielberg se decanta al maniqueísmo más descarado donde los buenos son muy buenos y los malos muy malos por obra y gracia del planísimo guión que los parió, mareando al espectador por el anémico tratamiento narrativo mientras ve su retina golpeada sin piedad por un alud de escenarios y personajes creados por computadora que no aportan y sí distraen bastante, pues mientras una parte del cerebro trata de seguir la historia (la cual, insisto, de todas formas no da para mucho) otra inconscientemente se esfuerza por identificar o recordar todas las referencias que se brindan aún si ninguna tiene trascendencia (v.g. el DeLorean de “Volver al Futuro”, la motocicleta de Kaneda en el animé “Akira”, y el Interceptor de “Mad Max” en secuencias de carrera o Freddy Kruger interactuando con Spawn, Master Chief de “Halo”, Batman y Chucky el Muñeco Diabólico en escenas de batalla), pues se asume que el hecho de contemplar esta cacofonía geek basta para suplir las deficiencias de un libreto repleto de huecos argumentales, como el de una sociedad e incluso la misma ciencia empecinados en evadirse de su deplorable realidad para defender un mundo virtual sin contemplar siquiera mejorar el real, o un protagonista heredero de Oliver Twist quien debe obtener simpatía a costa de su orfandad y su habilidad por saber jugar restándole elementos psicológicos o de personalidad. “Ready Player One: Comienza el Juego” no pasa del primer nivel.

2ª Función
“UN VIAJE EN EL TIEMPO” (“A WRINKLE IN TIME”)

En 1972 el director ruso Andrei Tarkovski adaptó al cine la aclamada novela de Stanislaw Lem titulada “Solaris”. Tanto el texto como el filme generaban una meditación profunda y melancólica sobre la posibilidad de recuperar las emociones extraviadas por una pérdida personal en un contexto de ciencia ficción donde un componente insólito –en este caso, un planeta alienígeno- es el solucionador a dicha carencia encepado en minimalismo e introspección. “Un Viaje en el Tiempo”, la nueva superproducción de los Estudios Disney adaptando la clásica novela escrita por Madeleine L’Engle en 1962 (conocida aquí como “Una Arruga en el Tiempo”) parte de un lugar similar al presentarnos a una joven protagonista llamada Meg (Storm Reid), su pequeño hermano Charles Wallace (Deric McCabe) y a su madre, afligidos por la desaparición de su padre y esposo (Chris Pine), un científico. Tanto él como su esposa trabajaban en mecanismos cuánticos que permitieran el plegamiento dimensional (o “arrugas”) para acortar distancias físicas y así trasladarse instantáneamente de un sitio a otro, investigación truncada por su evanescencia. El cotidiano para Meg y su hermano es frustrante, pues son víctimas de constante abuso en la escuela y poca empatía por parte del profesorado, hasta que conocen a unas entidades cósmicas femeninas similares a hadas llamadas Sra. Qué (Reeese Witherspoon), Sra. Quién (Mindy Kaling) y Sra. Cuál (Oprah Winfrey), esta última líder del trío y guía espiritual de la protagonista para llevarla por una senda que involucra autoconocimiento y confrontaciones físicas para derrotar a un ser oscuro llamado “Aquello” que tiene preso a su padre. A la aventura se suma Charles Wallace, inteligente y poseedor de una elocuencia inusual para un niño de 8 años y Calvin (Levi Miller), un chico que admira a Meg por su entereza y probablemente la ame. La premisa es atractiva y el hecho de que los roles estelares recaen en histriones afroamericanos habla de la ruta progresista e incluyente que la factoría del ratón persigue en años recientes ante el clamor popular, pero la directora Ava Duvernay, resuelta y muy eficaz en cintas previas como “Selma” y “13th”, pierde mucho el paso con un material que le resulta muy ajeno, a diferencia de Tarkovski quien también debutó en el género con “Solaris” pero sin este tambaleante resultado. La narrativa enfoca mucha energía en la progresión dramática de Meg pero desde una óptica digan de libro de autoayuda, recitando frases y diálogos en pro del amor y la confianza hasta el hartazgo con tal ligereza y sentido de la trivialidad que enerva, mientras que todos los personajes se conducen como autómatas que responden y actúan con base en una programación estéril, destacando Calvin quien sonríe y habla como un animatrónico. Sin profundidad, reflexiones honestas y muchos intentos por manosear la conciencia del espectador, “Un Viaje en el Tiempo” es una travesía al tedio absoluto.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

¡Participa con tu opinión!