Juan Pablo Martínez Zúñiga

1ª Función “CARS 3”
Como toda fuerza creativa, los estudios PIXAR tienen puntos fuertes, aquellos que logran colarse en la cultura popular y generar trascendencia en los cánones cinematográficos, y otros menos relevantes cuyo único objetivo es simplemente entretener. La franquicia de “Cars”, al parecer aquella que mejor les reditúa en cuanto a venta de productos relacionados con ella, pertenece a la segunda categoría. Su protagonista, un auto de carreras llamado “El Rayo” McQueen (en honor a ese legendario actor que personificaba la dureza y virilidad fílmica epitomizando la esencia de lo ‘cool’ al participar en contiendas automovilísticas profesionalmente en su tiempo libre llamado Steve McQueen), es un arquetipo crucial en la historia del cine: el descarriado necesitado de un mentor. Así es como se activa todo el “motor” narrativo de la primera cinta, para luego abandonarlo en la secuela dejando el protagonismo a la chimuela y muy castrosa grúa destartalada llamada Mate en medio de una bizarra trama de espionaje totalmente alejada a la línea argumental ya trazada. En “Cars 3”, la senda se rectifica un poco, abordando una vez más el tema de la mentoría pero ahora con ciertos giros que refrescan a esta serie, además de enfocarse un poco más en aspectos dramáticos y rezagando el chiste facilón, por lo que esta cinta es la mejor de la saga pero aún muy inferior a los esfuerzos originales y propositivos de PIXAR. La historia gira alrededor del escollo existencial que vive McQueen cuando comienza a verse superado por una nueva generación de automóviles que lo superan en velocidad, carrocería y aerodinamismo, desenfocando su propósito como corredor profesional. Recobra esperanza cuando sus patrocinadores le permiten entrenar con la misma tecnología de punta que sus mejorados adversarios, adiestramiento supervisado por Cruz Ramírez, una automóvil deportivo que alguna vez soñó con participar profesionalmente en los circuitos competitivos y ahora empleada por el Sr. Sterling para que prepare a la nueva generación de competidores. Desanimados ante lo impersonal e inexacto de esta tecnología, McQueen y Ramírez emprenden un viaje de autoconocimiento en busca de Smokey, el jefe de mecánicos del finado y añorado Hudson Hornet, para retomar el equilibrio y redescubrir el significado de competir en las carreras. La película sustenta todo el peso narrativo en la dinámica entre McQueen y Ramírez, lejos de una vinculación romántica y más cercanos al de alumno-maestro, lo que muestra una faceta nueva en el protagonista (mentor) a la vez que localiza la esencia del espíritu competidor (trabajo en equipo). Lineal, sin demasiadas complicaciones y muy predecible, la película cumple su misión de entretener respetando ahora sí la inteligencia del espectador y madurando al personaje de “El Rayo”, aunque un poco tarde pues para este punto sólo los niños sienten atracción por estos autos antropomorfos mientras que el espectador más maduro va metiendo el freno al interés. Esperemos que éste sea el último capítulo en la carrera de PIXAR por llenar más sus arcas con estas medianas cintas automovilísticas y sientan que han llegado a la meta satisfactoriamente.

2ª Función “GUARDIANES DE LA BAHÍA” (“BAYWATCH”)
Esta película grita a cada momento lo que seguramente fue el pitch de venta para el estudio detrás de ella: “¿Cuántos chistes públicos y privados podremos meter en una película?” La respuesta: todo el metraje. La autoparodia y la burla a todo nivel es la vértebra de esta versión cinematográfica de aquella serie homónima noventera que celebraba la misoginia, la bobería argumental y a un David Hasselhoff cuyas flojas carnes debíamos ver bambolearse análogamente a los asiliconados pechos de Pamela Anderson cada vez que corrían por la arena en esos pasmosos ralentis que terminaron siendo la marca de fábrica de la serie. Aquí tenemos a Dawyne “La Roca” Johnson como protagonista teniendo a cuestas mediante su sobrado carisma una trama igual de zopenca que su material fuente, pero mucho más eficaz gracias a su desenfadado humor y una necesidad casi grotesca de no tomarse nada, ni siquiera su guión, en serio. Esta nueva generación de cintas que ya prescinden de la acción desmedida y la interacción jocosa entre protagonistas son unos ejercicios posmodernos que bien funcionan en base a la inteligencia con que se maneja el argumento (“Comando Especial”) o descargan todo lo que tienen en el primer acto y el resto no pasa de ser un regurgitado de lo ya planteado, como es el caso de esta cinta. Johnson interpreta a Mitch Buchannon, salvavidas glorificado quien junto a las bellezas playeras CJ Parker (Kelly Rohrbach) y Stephanie Holden (Ilfenesh Hadera), deben entrenar a nuevos reclutas, incluyendo al inepto con sobrepeso Ronnie (Jon Bass) –retomando aquel tema ochentero donde todo gordo por serlo es también estúpido– y a la estrella olímpica en natación Matt Brody (Zac Efron), siendo éste último quien le hará ver su suerte a “La Roca” al no mostrar el compromiso y dedicación que se espera en esta profesión y, a la vez, mostrarse más sensato que cualquiera de los salvavidas, pues cuando éstos tratan de averiguar las maquinaciones de una malvada empresaria (Priyanka Chopra) que pueden afectar el destino de la playa donde trabajan, él señala lo obvio: no son policías y deberían dejarle eso a los oficiales. De hecho, la película es precisamente eso, una constante de diálogos que observan lo irracional en el proceder de los personajes y, a la vez, mofarse de ello. Esto tiene su gracia los primeros treinta minutos (en particular la retahíla de motes que Johnson tiene en la punta de la lengua para con Efron), pero termina desgastando el buen ánimo del espectador al ser ése el único recurso con que cuenta la cinta para entretener, ya que ni los personajes, ni la trama, ni siquiera las actuaciones son lo suficientemente sólidas para que esto pudiera considerarse sátira o mínimo parodia, pues hasta para ello se ocupa un mínimo de inteligencia, lo que estos glorificados salvavidas con exceso de pectorales y glándulas mamarias no tienen.

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