Por J. Jesús López García

63. Unidad del Magisterio (SNTE) por Arq. Fernando Vargas Tapia (1964)Disciplina surgida desde la Nueva Edad de Piedra, la arquitectura a sus más de once mil años, ha pasado por etapas muy diversas, tanto en lo referente a sus maneras de proyectar, como en sus modos de organizar los procesos edificatorios, lo que conlleva una fuerte consecuencia en el desarrollo de la formación de sus ejecutantes, que van desde los arquitectos a todos los demás involucrados en la cadena de trabajo.

Por milenios, el establecimiento fue consolidándose como tradición en todos los lugares del mundo donde se requiriesen edificios; costumbre que se decantó en el vínculo del maestro y el aprendiz donde éste, recibía el conocimiento empírico del primero, y a la vez heredaba de él una cosmovisión del oficio o cuando menos un enfoque.

De esta manera, con la arquitectura, diferentes sociedades humanas han expresado más de una faceta de la concepción del mundo que les ha tocado vivir, así como dando servicio a la satisfacción funcional de las necesidades tocantes al habitar espacios realizados exprofeso, o bien al trabajar en un lugar construido.

De manera habitual, la arquitectura se enseñaba y aprendía de forma empírica, bajo la relación de las figuras del experto y del discípulo. En la misma tradición los gremios y cofradías hacían las veces de cuerpos colegiados, que además de regular aranceles, eran depositarios del cúmulo de conocimientos de sus miembros, así que la experiencia ganaba en la medida de lo compartida que pudiese ser.

En el mundo occidental las condiciones económicas, productivas y sociales de la Revolución Industrial del siglo XVIII, separaron de la disciplina arquitectónica a la ingeniería como especialidad de desarrollo independiente. La arquitectura consolidó su posición entre las “Bellas Artes” y fue enseñada como el resto de ellas en academias bajo esquemas modernos, instruyendo sus rudimentos de manera teórica antes de iniciar su parte empírica, pero aún bajo los códigos formales y mecánicos habituales.

Fue hasta fines del siglo XIX, cuando el arquitecto comenzó a reclamar la parte de su quehacer que la ingeniería había ocupado más de un siglo atrás. El arquitecto, un profesional técnico y plástico, completó su periplo formativo histórico partiendo de las academias para dirigirse a su experiencia laboral e intelectual desde las universidades y politécnicos.

En el caso acaliteño, existen testimonios del paso por la entidad de expertos titulados como tales por parte de una institución de enseñanza superior; algunos de ellos incluso arraigados en la ciudad. Fue hasta la mitad del siglo pasado cuando los arquitectos locales, formados técnicamente como profesionales -sin el ejercicio empírico de la preparación tradicional- en escuelas y facultades fuera del estado, asumieron la coincidencia de sus conocimientos sobre la tecnología moderna, con la concepción científica de la arquitectura contemporánea.

Finalmente, dejando atrás los cánones tradicionales de la composición arquitectónica academicista, los arquitectos profesionales de Aguascalientes, asentados en nuestra ciudad, iniciaron su labor bajo los planteamientos de la Escuela Moderna de Arquitectura.

Como eco de los viejos gremios ligados a la tradición del mentor y el discípulo, los peritos emprendieron la conformación de un órgano que les representase a partir de 1965: El Colegio de Arquitectos de Aguascalientes. Preparados en la técnica y afiliados profesionalmente, su forma de diseñar y edificar un proyecto, dan fe de sus inquietudes intelectuales de ser plenamente modernos.

Arquitectos como Francisco Aguayo Mora, Fernando Vargas Tapia, Mario Rodolfo García Navarro, Arturo Medina Rodríguez o Jaime González Blanco, tal vez no son de los primeros en reconocerse profesionales en Aguascalientes, pero si lo fueron en asumirse modernos, consolidando en la racionalidad compositiva-constructiva y funcional-espacial, una nueva concepción estética; el deseo de otorgar a la ciudad de Aguascalientes una representación espacial contemporánea, a tono con la novedad urbanística, productiva e industrial iniciada a fines del siglo XIX.

Con aquellos pioneros de la modernidad arquitectónica local en activo a partir de más de medio siglo -que con seguridad reconocieron en sus pares profesionales de hace casi cien años, a sus antecesores directos-, Aguascalientes ha ido fincando la imagen y modo arquitectónicos de ser en la diversidad, que lo contemporáneo detenta como signo.

Hoy, la profesionalización no es un acontecimiento a consolidar, sino una de las bases de acuerdo para el desarrollo de la disciplina arquitectónica convertida en carrera, de ello da fe las no pocas escuelas de arquitectura, ofrecidas por diversos organismos de enseñanza superior.

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