Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cada año, en los procesos de inscripción que se llevan a cabo en las escuelas de educación básica, hay problemas por las cuotas escolares: las mesas directivas de los padres de familia solicitan cooperación económica, a los agremiados, para solventar diversos gastos de las escuelas donde estudian sus hijos. Hay padres que aportan los recursos sin estridencias, pero otros se molestan y se quejan ante las autoridades educativas por las presiones, que dicen tener, para aportar los apoyos económicos. Las autoridades educativas, por su parte, amenazan a los directores de las escuelas advirtiéndoles que “si condicionan la inscripción de los alumnos, con las cuotas voluntarias, serán sancionados hasta con ceses”. Los directores, por tanto, se cuidan de no dar margen a  sanciones, pero prudentemente están cerca de las mesas directivas de los padres de familia, porque de éstas dependen las soluciones más apremiantes de sus escuelas. Y esto pasará todos los años mientras el problema no se resuelva de raíz.

El problema, de origen, está en la falta del total cumplimiento de lo establecido en el Artículo Tercero constitucional en lo referente a la gratuidad de la educación básica y media superior. Ciertamente, el gobierno municipal otorga terrenos (donados a su vez por los fraccionadores) para las instalaciones físicas de las escuelas y el Gobierno Federal construye los edificios, los equipa, paga el salario de los maestros, otorga libros de texto y soporta diversos programas; pero, para el mantenimiento, la inmensa mayoría de los planteles no recibe los recursos requeridos y para los servicios que se prestan ninguna escuela recibe apoyos monetarios.¿Qué mantenimientos requieren, periódicamente, las escuelas? Principalmente, remozamientos y pintura de los salones de clase y sus exteriores, arreglo de pupitres, reposición de pizarrones, impermeabilización de techos, reposición de vidrios, arreglo de puertas, barandales, sanitarios, de los sistemas eléctrico e hidráulico, reposición de lámparas e instalación de malla-sombras. Y para brindar, diariamente, servicios educativos, se necesitan recursos financieros para la compra de papelería, libros y materiales didácticos para las bibliotecas, reactivos para los laboratorios de ciencias; así como para dar mantenimiento a las computadoras, a los enseres de los talleres (ahora clubes); para la compra de materiales deportivos y de aseo; así como para sufragar diversos gastos que a diario surgen en el funcionamiento de las escuelas.

El Gobierno del Estado, a partir del año pasado, ha hecho un esfuerzo para aportar 200 pesos por cada alumno; de manera que una escuela de 100 alumnos tendrá 20 mil pesos para los gastos de todo un año y un plantel de 500 alumnos dispondrá de 100 mil pesos. La pregunta es, ¿será suficiente este dinero para cubrir todos los gastos que requieren las  escuelas? Para tener una idea de la magnitud de los recursos requeridos, hay escuelas (de 20, 30, 40 años de servicio) que tan sólo para arreglar los servicios sanitarios necesitan entre 800 mil y hasta un millón de pesos. Sumando todas las necesidades de cada escuela, el monto asciende a varios miles de pesos. Si los gobiernos federal, estatal y municipal, no aportan lo requerido; entonces, ¿quién debe aportar los recursos para el mantenimiento y operación de las escuelas?

En medio de dimes y diretes y de amenazas, gracias a las aportaciones de los padres de familia la gran mayoría de las escuelas está en pie y tienen lo mínimo necesario para su funcionamiento. Además, gracias a los padres, a los niños se les festeja en las posadas de diciembre y el Día del  Niño en abril.

Los problemas se acabarán cuando los tres niveles de gobierno aporten lo requerido en las escuelas para su mantenimiento y operación; o el día que se establezcan normas para la aportación y control de recursos de los padres de familia; u otra alternativa viable que solucione el problema de raíz.