La sociopatía es un mal contagioso y se inocula con tal facilidad en la psique del colectivo que resulta pavoroso. El conducto que permite el acceso a tal desapego por el componente humano suele ser los medios audiovisuales, los cuales propinan de forma aleatoria y con escasa certeza de los alcances cognitivos de sus contenidos, sendas golpizas a la percepción mediante pesados instrumentos de penetración cultural llamados noticieros, los cuales presentan imágenes y nociones a modo de opinión (diluyendo cualquier intento por presentar la información de forma analítica o seria) con furia y belicosa fuerza, como si tratara de forzar su entrada a la mente del espectador. Este allanamiento de conciencia ya es parte del cotidiano, y a diario debemos soportar agresiones visuales enmascaradas como nota informativa y de contenido soso o banal, para venderle la idea a la población de que ése es el precio por expresarse libremente sin medir consecuencias o los daños formativos. Si alguien iniciara una conversación de forma tranquila y ordenada sobre acontecimientos que involucran muertes masivas o descripciones gráficas al respecto, recibiría miradas de desdén e incluso el desprecio comunal, tachando a semejante ente como lacra e incluso depredador. Pero hemos aprendido a adorar a los sociópatas que nos sonríen a diario por televisión y confortan nuestras ansias voyeuristas o sacian nuestra metafórica sed de sangre primordial proveyéndonosla a través de la TV, para que no tengamos que buscarla por nuestra cuenta allá afuera, donde no hay frontera entre los hechos y la pantalla LCD. Esto es lo que explora la más reciente cinta protagonizada por Jake Gyllenhaal titulada “Primicia mortal”, el debut como director del sólido guionista Dan Gilroy (“Gigantes de acero”, “Bourne: El legado”) y un trabajo acabado que centra su mirada en la podredumbre existencial originada por la fascinación que despierta la violencia en directo.
Gyllenhaal encarna a Louis Bloom, un ladronzuelo de poca monta que posee una aguda mente y capacidad de observación. Una noche, mientras conduce por las oscuras calles de Los Ángeles es testigo de un accidente automovilístico, se percata de la presencia de un “merodeador nocturno” (“nightcrawler” en inglés), sujeto que se dedica a videograbar el terrible acontecimiento para posteriormente venderlo a una cadena de noticias para su exhibición. La idea intriga a Bloom, quien desea abandonar la vida del crimen simplón y dedicarse de lleno a lo que él asume una actividad más redituable y con posibilidades creativas. Inicia su carrera como oportunista de la cámara y poco a poco logra labrarse un nicho en una estación local gracias al apoyo de Nina (una Rene Russo en plena forma y lista para su segundo aire cinematográfico), la directora de noticias del canal. Su relación escala a puntos sombríos cuando los videos que obtiene Bloom adquieren morbidez in crescendo y Nina acepta pagarle fuertes sumas e incluso involucrarse físicamente con el decantado camarógrafo, quien manipula, tuerce y vende sus ideas a modo de chantaje mediante un discurso sólido y argumentos convincentes, casi robóticos en su presentación.
La película examina la dilución de los lineamientos morales y éticos en la exposición de información noticiosa y pone sobre la mesa de forma tajante cómo los medios están sometidos y manejados por lo que Sartori identifica como los Homo Insipiens, seres necios y simétricamente ignorantes que aniquilan cualquier veta creativa y sofocan las aspiraciones de aquellos que la poseen, algo que aquí en nuestro país podemos identificar inmediatamente tan sólo con prender el televisor unos pocos minutos durante la noche. El guión del mismo Gilroy procura que estos elementos se detallen sin expulsarlos en un púlpito, trabajados mediante la clara y resonante exposición del personaje principal, todo un dechado de arribismo y sorna muy bien trabajado por Gyllenhaal, quien se apropia del personaje atribuyéndole incluso cualidades físicas decadentes, pues éste sonríe y seduce maliciosamente con semblante cascado y taciturno, cual coyote que anda a la busca de su presa. Todo el cuadro de actores se maneja con mucha propiedad y soltura y la dirección de Gilroy media entre los aspectos sensacionalistas de la trama con el allanamiento psicológico que los personajes representan.
La cinta es un compendio acertado de humor negro, thriller urbano y discurso maduro sobre los peligros de la antiepistemología mediática y genera una observación muy atinada y perturbadora sobre los límites, o la ausencia de ellos, que la cultura moderna utiliza para autosustentarse, pues cualquier vía moral o decente es vista más como un obstáculo que ayuda para fundamentar el mensaje. Y eso, damas y caballeros, son las noticias actualmente.
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