David Reynoso Rivera Río

Concluidos los respectivos cómputos de la jornada electoral en las entidades de Coahuila, el Estado de México, Nayarit y Veracruz, los resultados han arrojado al momento que el Partido Revolucionario Institucional obtuvo la victoria en dos de las tres gubernaturas disputadas (Coahuila y el Estado de México), por otra parte, la gubernatura del estado de Nayarit fue para la coalición PAN-PRD y en el estado de Veracruz, la familia Yunes de Acción Nacional se alzó con la apabullante victoria.

Mucho se ha especulado en relación a la numeralia que arrojó el proceso electoral; sin embargo, me resulta más fascinante hablar en esta ocasión de la actitud que han demostrado los partidos políticos y sus dirigentes tras la jornada electoral. Por una parte, observamos al “Presidente legítimo en su segundo periodo”, Andrés Manuel López Obrador, con un discurso antisistema que no acepta la derrota y señala como culpables a los integrantes de la “mafia del poder”; mientras que en Acción Nacional observamos como Ricardo Anaya se dedica a tejer alianzas en torno a su candidatura en contraposición a la carga de críticas que recibe por parte de Rafael Moreno Valle y Margarita Zavala, la ex primera dama que intenta apresurar un proceso de designación de candidato a la Presidencia de la República para el mes de julio, con total desconocimiento de los plazos y procedimientos que rigen a la materia electoral.

Del otro lado, se observa al Partido Revolucionario Institucional mesurado, muy a pesar de que hay quienes especulan que se ha consolidado como el gran triunfador del proceso electoral 2017. Como he comentado anteriormente, quizá la “marca” o nombre PRI ya no sea tan redituable en términos de “marketing político” y aunque suene ridículo, el cambio de nombre sea algo inminente para terminar con toda aquella ola que infundadamente ha intentado convertir el odio hacia el PRI en el deporte nacional de los últimos años.

Ante ello, el Partido Revolucionario Institucional prepara su escenario rumbo al 2018 con trabajos intelectuales y territoriales frente a su XXII Asamblea Nacional Ordinaria, quizá sin perfiles muy definidos o guerras internas públicas. Como punto de partida, resulta interesante la premisa que se marcó para todos los aspirantes o interesados: PRIMERO EL PLAN, DESPUÉS EL CANDIDATO.

Premisa que deberá cumplirse a cabalidad dentro de dicho instituto político si es que se busca mantener la Presidencia y por supuesto, replicarse obligatoriamente en las Entidades Federativas, donde es bien sabido que a estas alturas abundan los perfiles que ya intentan propiamente o inducidamente, alzar la mano para alguna diputación, la reelección o inclusive algún escaño senatorial.

El PRI, deberá acudir a la crítica y a la autocrítica, recuperar el terreno perdido y definitivamente reinventarse como partido ante una sociedad que odia se le estigmatice, pero acostumbra estigmatizar a cada instante (v.g.: los mexicanos odian que otros gobiernos o personajes públicos piensen que todos los mexicanos son unos delincuentes y violadores por el hecho de ser mexicanos; sin embargo, se ha infundido la creencia de que el pertenecer a cierto partido político convierte a la persona en mala o corrupta. Ambas cuestiones totalmente erróneas, pero lamentablemente difíciles de discernir en la idiosincrasia mexicana).

Transcurrido lo anterior, los priistas podrán pensar en quienes son los hombres y mujeres que deberán contender por las curules en nuestro Congreso local, nuestro Congreso federal, la prestigiada Cámara de senadores y la Presidencia de la República.

PRIMERO EL PLAN…DESPUES LXS CANDIDATXS

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