Silvia Rodríguez Solís

Anoche, último día de abril, en la centenaria Plaza San Marcos con un lleno casi total, aconteció un cálido y entrañable reencuentro de amigos, familiares y admiradores del finado Miguel Espinoza “Armillita Chico”, en un Festival Taurino en su honor. Por toriles se presentaron astados como: “Inolvidable” de la ganadería Santa Bárbara lidiado por el gran torero español Ortega Cano; “Querido Hermano” de San Pablo, muy apropiado para el maestro Fermín Espinoza “Armillita”; “Bien Hacer” de La Estancia toreado admirablemente por el mexicano Guillermo Capetillo; quienes, cada uno en su turno, dieron vuelta al ruedo entre entusiastas palmas de los asistente.
Pero el burel en gracia fue “Querido Gordo” de la ganadería Teófilo Gómez, cuyas características como nobleza y fuerza combinaron a la perfección con el temple, el mando, la técnica y el arte de Juan Antonio Ruíz “El Espartaco”. Al inicio del último tercio, el diestro volteó al cielo para brindarlo e igualmente los asistentes, y entonces comienza la antología de muletazos finos, cometidos y muy estéticos; fuimos testigos de una verdadera cátedra del toreo aderezada con sonrisas en el rostro del maestro “Espartaco”, después de varias tandas torerísimas colmadas de emoción y largeza comenzó la petición de INDULTO, el juez de observar y escuchar al tendido, le otorgó la libertad al toro para volver al campo bravo. “Espartaco” dio vuelta al ruedo con un público extasiado y al final saludó al ganadero en medio de una gran ovación.
Al final de la noche se destaca la torería y voluntad de Eulalio López “El Zotoluco”, quien obsequia un astado, sin tener nuevamente, suerte con la espada… Una apasionante noche de toros bajo la luna llena.