Impulsan ambientalistas la formación de futuros protectores del patrimonio del Bosque de los Cobos mediante la Escuela de Guardabosques, que trabaja con 12 niños de 8 a 12 años de la comunidad El Relicario, mediante la impartición de valores sobre la protección del medio ambiente, así lo dio a conocer Agustín Bernal Inguanzo.
El especialista dio a conocer a El Heraldo dicho proyecto que lleva casi un año funcionando en este lugar, el cual está integrado al Comité de Vigilancia Ambiental de la Subcuenca Cobos-Parga-San Francisco con el apoyo de Cipactli Yruegas y Miguel Vázquez, así como los habitantes de la comunidad El Relicario.
Relató que dicha escuela nació a raíz de que los niños observaban algunas de las actividades propias de los guardabosques en materia de conservación, limpieza y sofocamiento de incendios, “parece que fueron inspiradoras para los menores y comenzaron a acercarse a los compañeros de propia voluntad, presentando sus inquietudes de que querían ser partícipes de las acciones”.
Por lo anterior, se les dieron las instrucciones y los conocimientos para encauzar sus ideas positivas, mediante una serie de dinámicas, por lo que a la fecha, los propios niños han hecho hasta la liberación de algunas especies como tortugas, ranas o anfibios, que ven transitar en brechas y terracerías durante el temporal de lluvias y que en otros casos eran agredidas o utilizadas como mascotas.
Afirmó que esta Escuela de Guardabosques es inédita en Aguascalientes y la región, donde los niños están siendo motivo de inspiración, no sólo para esta comunidad sino para algunas otras que están en el entorno, luego de que hicieron una Carta Compromiso que entregaron al Comité de Guardabosques y se han vuelto expertos en el sitio del Bosque de Los Cobos, por lo que además de que se les perfila para que en determinado momento puedan guiar grupos ya sea de observadores de aves y de rutas en las cuales, ellos puedan interpretar el patrimonio.
“Se les planteó una serie de temas artísticos e hicieron una representación de los usos tradicionales de las plantas que los pueblos nativos de esa región hacían. Se trata de inculcarles los valores del sitio y de romper también las dinámicas de esa zona de agredir a la fauna por mera diversión”, finalizó.