Gerardo Muñoz Rodríguez

El pasado lunes, fue otorgado el Premio del Banco de Suecia en ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel, a los estadounidenses William D. Nordhaus y Paul Romer por su trabajo en la integración del cambio climático y la innovación tecnológica en el análisis macroeconómico. Conozcamos un poco sobre las características del premio y de las aportaciones de los economistas condecorados.

En esta edición, se cumplen 50 años de que la Real Academia Sueca de las Ciencias, comenzó a otorgar este reconocimiento a los trabajos más destacados en materia económica, los cuales logren aportar una visión diferente para encontrar un bienestar mayor para la población en general. Durante este medio centenario, este galardón no ha estado excluido de la polémica. Comenzando por el hecho que el premio no se encuentra en la disposición testamentaria del gran Alfred Nobel, los criterios de selección son muy cuestionables y tienden a ser direccionados a una solo región: Estados Unidos.

Para este año, se distinguió a dos intelectuales, siendo el máximo número en el cual se pueden repartir los 9 millones de coronas suecas que serán entregadas el 10 de diciembre en una ceremonia en la ciudad de Estocolmo. Aunque la recompensa no es sufragada por la Fundación Nobel, la cantidad es la misma que la atribuida a los premios Nobel.

Ya en materia económica, William Nordhaus es licenciado en economía por la Universidad de Yale y doctor en la misma rama por el MassachusettesInstitute of Technology (MIT). En sus diferentes trabajos, siempre ha buscado sentar las bases para que los distintos gobiernos cuenten con una teoría sólida sobre la que puedan desarrollar sus políticas medioambientales y analizar el impacto que tendrán en su economía.

Para esto, diseñó el modelo DICE (DynamicIntegratedClimate-Economy, por sus siglas en ingles), el cual es una de las herramientas más utilizadas en la actualidad, convirtiéndolo en la primera persona que crea un modelo cuantitativo que describe la interacción entre la economía y el clima.

La contribución que lo hizo acreedor a este reconocimiento, está relacionada con el cambio climático y apunta a que el antídoto más efectivo para los problemas generados por emisiones de efecto invernadero es un modelo de impuestos al carbono, el cual debería ser uniforme en todos los países.

Su trabajo está muy relacionado con el de Paul Romer, ya que la tecnología juega un papel fundamental en este proceso. Este economista egresado de la prestigiosa Universidad de Chicago, ha sido un cotidiano analista de la teoría del crecimiento económico y ha centrado su análisis en el impacto de la tecnología sobre la evolución de la macroeconomía.

Romer afirma que la inversión en conocimiento e innovación es capaz de generar rendimientos crecientes en el lapso que promuevan el avance de la economía de una nación. Este concepto también acaba con el supuesto de la convergencia económica de los países pobres con los ricos.

Este fenómeno, el cual negarlo sería una irresponsabilidad, consiste en que la acumulación de capital en las economías llamadas primer-mundistas permite un avance de la renta mientras que el mundo subdesarrollado se mantiene estático o con tasas de crecimiento muy por debajo del promedio mundial.

Gracias a estos dos economistas, observamos cómo la manera de ver la teoría de crecimiento, simple y sencillamente como una acumulación de capital y desarrollo tecnológico (de manera aislada), son cosas del pasado.

La factibilidad de incluir en la métrica económica, variables como esta, es la única forma de poder comprender si vamos por las vías correctas de la búsqueda de un crecimiento económico sostenible en el largo plazo.

Referencias:

  • Recuperado de: https://www.nobelprize.org/prizes/economics/(2018).The Royal SwedishAcademy of Sciences

 @GmrMunoz