Gerardo Muñoz Rodríguez

El pasado lunes, el Banco de Suecia otorgó, como cada año, el premio en ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel al norteamericano Richard H. Thaler por su contribución relacionada con la economía del comportamiento.

Desde hace mucho tiempo, este premio es otorgado a una serie de individuos que a través de sus estudios y aportaciones a esta rama, logran poder explicar el funcionamiento de la misma y/o encontrar áreas de mejora para una más eficiente aplicación.

Para el año en curso, el estadounidense de 72 años de edad se impuso a brillantes economistas con temas que pareciera tienen una constante problemática en la actualidad. Nombres como el de Robert Hall y su análisis de productividad de los trabajadores, recesiones y desempleo hasta el de Michael Jensen y su fabulosa contribución que ilumina las dimensiones de las decisiones en las finanzas corporativas.

Conozcamos más a fondo la vida de este economista, así como el impacto de sus aportaciones en las finanzas y los mercados.

Thaler es doctor en ciencias económicas por la Universidad de Rochester, Nueva York; donde se graduó en 1974. Actualmente, se desenvuelve como catedrático de la prestigiosa Universidad de Chicago, famoso por su extraordinario perfil económico y alma mater del legendario Milton Friedman, así como en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

En cuanto a su trayectoria, siempre se ha caracterizado por cuestiones relacionadas con la economía conductual, la cual incorpora la psicología en las ciencias económicas. Esta rama de la economía ha revolucionado la forma de entender la relación que existe entre la toma de decisiones económicas con el comportamiento humano.

Su trabajo se articula en torno a la idea de que las decisiones económicas que toman los individuos responden a decisiones racionales, frente a los que consideran que atienden únicamente a reglas matemáticas.

Algunas de sus principales aportaciones están basadas en la teoría de la contabilidad mental, la cual explica cómo las personas simplifican la toma de decisiones financieras al estructurar cuentas de manera individual en su mente y el impacto de éstas, dejando a un lado el enfoque general de las mismas.

Bajo este esquema, pudiéramos comprender cómo una persona que requiere un financiamiento de consumo, fija su mente en cuál es la cantidad que va a pagar al mes y al ser una simple operación aritmética toma la decisión de adquirir o no el préstamo. Sin embargo, deja a un lado variables como; ¿Qué tasa de interés es la que se está pagando?, ¿Qué impacto tendrá este recurso adicional a largo plazo?, ¿Cuál es el costo de oportunidad?

Toda esta serie de limitantes cognitivas, no son considerados al momento de poner sobre una balanza la posibilidad de tomar o no el empréstito en cuestión. Esta irracionalidad en las decisiones puede poder en entredicho la capacidad financiera y poder llevarnos a la bancarrota.

De esta forma, podemos ver cómo la teoría económica ha desarrollado desde hace varios años esfuerzos por explicar de la mejor manera las decisiones de los agentes económicos, con la finalidad de reconciliar los modelos teóricos con una gran cantidad de hallazgos empíricos que contradicen las predicciones de las teorías económicas convencionales.

Twitter: @GmrMunoz