Noé García Gómez

La actual vida institucional y de incipiente democracia de México no se puede entender sin la contribución que ha realizado el principal partido de izquierda del país, el PRD. El partido que surgió en 1989 consecuencia del gran fraude electoral de 88 a Cuauhtémoc Cárdenas y que aglutinó las principales corrientes de izquierda cumplió el pasado 5 de febrero 25 años. Cinco lustros que han servido para hacer historia, cosas buenas (en su mayoría) malas (que empañan y opacan las buenas) y feas (que esperemos desaparezcan).

Empecemos…

Lo bueno

1.- La construcción de las actuales instituciones del siglo XXI: El IFE (ahora INE), el TEPJF (antes TRIFE) la CNDH (y las Comisiones de Derechos Humanos en los Estados) y IFAI (Instituto de Trasparencia y Acceso a la Información) estas instituciones que buscan salvaguardar los derechos y garantías de los mexicanos, no serían una realidad sin el empuje que la izquierda encabezada por el PRD dio a finales del siglo XX y en este XXI.

2.- Las condiciones de alternancia democrática: con todos los pendientes y vicisitudes del actual sistema democrático, la alternancia a nivel federal, en los estados y municipios se dio por las luchas en defensa del voto del PRD. Comenzando por el fraude de 1988 (con la caída y callada del sistema), también destacando las de Salvador Nava en San Luis Potosí 1991, en Tabasco 1994 con López Obrador, y sin duda el clímax fue en 2006 en la Elección Federal.

3.- Verdadera separación de Poderes: La base del sistema político mexicano es la división de poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial que tiene esencialmente el propósito de no depositar el poder en una sola persona o grupo y que sirva de balanza y contra peso. Si bien en México existía en el papel desde la Constitución de Apatzingán 1814, fue hasta 1997 cuando el PRI perdió la mayoría absoluta y la oposición encabezada por el PRD (incluido el PAN) tenían la mayoría en la Cámara de Diputados que fue un real contrapeso.

4.- Programas sociales efectivos: cambiar el objetivo en el combate a la pobreza de repartir migajas con fines clientelares y electorales, fue parte de los gobiernos perredistas, los programas (en su momento tachados de populistas) de apoyo a los adultos mayores, madres solteras y discapacitados, además de las becas, uniformes y útiles gratuitos de manera universal, fueron los gobiernos del PRD los que lo implementaron, y ante la aceptación y éxito, fue replicado por gobiernos de todos los partidos, tanto estatal como en el ámbito federal.

5.- Hay muchas, pero muchas otras luchas, acciones y realidades que el PRD ha logrado a lo largo de estos 25 años como la defensa del petróleo, la lucha contra el Fobaproa, la defensa de la educación pública, el combate a los monopolios, la equidad en medios electrónicos, la equidad y paridad de género, la defensa de los derechos de las minorías, las herramientas de la democracia participativa, etcétera y un largo etcétera.

Lo malo

1.- Los escándalos de corrupción: Los gobiernos perredistas no están exentos de escándalos de corrupción y que el caso más emblemático es el de “las ligas” y los video escándalos, pero también recordemos los gobiernos de Narciso Agúndes en Baja California Sur y de Sabines en Chiapas.

2.- La embriaguez de la relación con el poder: cuando se es oposición y el gobierno en turno “tiende la mano” para diálogo político, muchos dirigentes se confunden y se embriagan y terminan entregando su ideología (si alguna vez la tuvieron) a cambio de prebendas, son miles de casos de representantes populares (regidores, síndicos, presidentes municipales y diputados) que son alfiles y hasta vanguardias de los gobernadores del PRI o el PAN traicionando los documentos del partido.

3.- Desdibujamiento ideológico: a un cuarto de siglo parece que sigue en busca de un perfil ideológico, una personalidad propia, debatiéndose entre convertirse en cuál de las aristas ideológicas de la izquierda; si agregamos una arriesgada estrategia de alianzas con el PAN que rindió frutos meramente electorales, pero dejó mucho que desear en cuestión de programa y principios ideológicos, abonando a la confusión ciudadana, que está cada día más desinteresada de la política.

Lo feo

1.- Las “Corrientes”: a diferencia de quienes ven desde afuera al partido y dicen que las “corrientes de opinión” conformadas dentro del PRD son herencia del aglutinamiento de la diversa izquierda en el 88, desde adentro se ve claramente distinto, las “corrientes” o “tribus” los verdaderos promotores son los lideres morales (a nivel Nacional) o los caciques (a nivel local), como un primitivo sistema de dominación que permite tener a todos de su lado, mientras los dejan hacerse trizas en la lucha por los puestos y las prerrogativas. Para nada son corrientes ideológicas, son ejércitos y trincheras para la disputa descarnada interna.

2.- El menosprecio por liderazgos: ser una imagen pública, tener un liderazgo social y ciudadano o un reconocimiento altamente ético, no es suficiente sino está arraigado en la burocracia e inercia partidista; son fácilmente desechados quienes de una u otra forma han aportado al partido pero no se han vuelto parte de la estructura partidaria. ¿Ejemplos? Muchos, muchísimos, el más claro Marcelo Ebrard de ser una figura para disputar con amplias posibilidades la Presidencia de la República, hoy quisieran borrarlo, ¿otro ejemplo? Cuauhtémoc Cárdenas que está bien utilizarlo para ser paladín de la lucha contra la privatización de los energéticos, pero se le regateará su aspiración de dirigir el partido. Eso se repite en los estados.

3.- Anquilosada burocracia y estancamiento generacional: los jóvenes tienen pocas posibilidades de crecimiento dentro del partido, en el mejor de los casos, su espacio es engordar la burocracia partidista o ser relleno en alguna planilla con baja competitividad.

Nadie puede desconocer y menospreciar la contribución del PRD para alcanzar la transformación democrática y el de ser garante de los derechos de los mexicanos; pero a 25 años de su fundación es necesario que supere el desdibujamiento ideológico en que se encuentra, para ser claramente de una izquierda que defienda sin importar lo que digan, los intereses del pueblo mexicano, dejar atrás el sectarismo y poder así competir por alcanzar la presidencia en 2016.