Por J. Jesús López García

La posmodernidad arquitectónica pasó de una sencillez de formas derivadas de la geometría básica –bidimensionales: triángulos, cuadrados, círculos y tridimensionales: tetraedro, hexaedro o cubo y esfera y cilindro– como referencia a la base de la arquitectura clásica, a una proliferación de formas en sistemas compositivos complejos donde las referencias además de las provenientes de la tradición, se mezclan con motivos de todos los signos, a veces haciendo hibridaciones de repertorios antitéticos.

Ya en el siglo XVI, Miguel Ángel, envejecido, se quejaba de manera amarga que los jóvenes arquitectos de aquel tiempo se empeñaban más en realizar elementos, que no obstante su originalidad, dejaban de largo la buena arquitectura legada por una tradición clásica. El maestro renacentista no parecía darse cuenta de que esa tendencia la inició él con otros contemporáneos suyos al llevar a sus límites a esa supuestamente querida tradición.

La arquitectura posmoderna actúa mediante mecanismos similares a los que empezaron a recurrir esos recientes arquitectos criticados por Miguel Ángel llamados manieristas y de cuya extravagancia surgió un siglo después el repertorio formal e iconográfico del estilo barroco. En la arquitectura posmoderna se mezclaban en principio formas puras, tan simples que sus diseños aludían voluntaria o involuntariamente a las composiciones metafísicas y protosurrealistas de autores como Giorgio de Chirico (1888-1978); pero más tarde por simple acumulación, sus proyectos empezaron a dejar atrás la evocación melancólica o de sencillez formal como la expresada en la obra digamos, de Louis Kahn (1901-1974), para iniciar una sobrecarga de configuraciones, repertorios y lenguajes a veces excéntricos.

Eso es parte de la diversidad y de lo heterogéneo de nuestros tiempos corrientes, además del testimonio que sobre estos mismos periodos actuales donde es posible apreciar dos edificios del mismo momento cronológico, contiguos espacialmente y a la vez distantes por completo en sus modelos de referencia, su disposición, sus influencias y su expresión misma. Algunos de esos inmuebles muestran en la propia estructura, la misma propensión para romper un sistema compositivo cerrado y manifestar las diferencias en su propia manera de desplantarse en el sitio donde se asienta. Para ejemplificar ese caso, baste citar el edificio ubicado en Avenida Universidad esquina con Sierra del Humo No. 102 de clara filiación posmoderna donde dominando la composición se exhibe una gran columna ubicada en la esquina con un acabado en piedra aparente, de fuste estriado sobre un basamento y rematada con un capitel de orden jónico –incluido ese orden de manera muy libre y no canónica.

Se integra con esa columna el vacío cerrado por un plano cóncavo sobre el que se practica el acceso remarcado además por un decorado alusivo a un frontón clásico de modo triangular, todo ello pautado por un paralelepípedo horizontal dispuesto en el último nivel muy similar a los volúmenes con que los arquitectos constructivistas soviéticos coronaban algunas de sus propuestas arquitectónicas más atrevidas hace cien años. Ahí tenemos dos grupos de formas disímbolas: el de la arquitectura clásica referente a la antigüedad grecolatina y el de la vanguardia rusa de inicios del siglo XX. Completando la construcción, se aprecian cornisas y encuadres de vanos en piedra, destacando sobre el actual porcelanato liso de la superficie, grandes muros de cortina de vidrio, derivados del estilo Internacional del siglo XX y desarrollados sobre un podium sencillo al estilo romano. Esa era la licencia posmoderna que de alguna manera hace eco a la diversidad que permea en todos los aspectos de la vida cotidiana actual.

Sin duda alguna la arquitectura posmoderna alude a un momento económico mundial de cierta bonanza financiera, optimista y reconciliada con un pasado que su predecesora, la arquitectura Moderna rechazaba e incluso combatía; es una arquitectura, posiblemente, sin un compromiso ideológico, desencantada de la Modernidad que había traído en poco tiempo dos Guerras Mundiales y el miedo a la devastación nuclear, por ello no se ofuscaba tratando de romper con el pasado o utilizándolo a él de manera estrictamente académica. Arquitectura profana, superficial o ligera, esta vertiente de la posmodernidad era realmente una puesta en escena del viejo manierismo criticado por Miguel Ángel, pero que de manera desprejuiciada hacía coincidir, a veces con muy poca fortuna, elementos extraños entre sí.

Pero al final, esa propuesta sentaba un tono para la arquitectura por venir, fuese por contraste con diseños opuestos, o bien con planteamientos cada vez más raros en busca de una artificiosidad cada vez más rebuscada.

Producto de esa época anterior al desencanto de la llamada Generación X, ya llegada a la adultez, y a la caída de las torres gemelas –el inicio de los nuevos miedos del Mundo–, los edificios de la posmodernidad «libre» son piezas raras que aún expresan el tránsito del temor a la guerra atómica a la caída del Muro de Berlín y que de alguna manera por ello, son manifestaciones de un optimismo, que no obstante su ingenuidad, es aliento de cualquier manera. En Aguascalientes han experimentado en algunas de sus obras los arquitectos Jesús Martín Andrade Muñoz, Jorge Carlos Parga Ramírez y Mario García Navarro