En Aguascalientes abundan los hombres que para eludir su deber de dar pensión alimenticia a los hijos abandonan el trabajo, sus bienes los ponen a nombre de terceras personas, simulan embargos o de plano huyen del estado y se vuelven ilocalizables.

Su única intención es no dar un peso a la descendencia para su manutención y con ello cumplir su “capricho, desquite o venganza” en contra de la madre de sus hijos de la que obviamente ya se han separado.

Al respecto, el presidente del Poder Judicial del Estado, Juan Manuel Ponce Sánchez, expuso que en materia familiar uno de los temas que mayor controversia generan es precisamente el de la pensión alimenticia, pues así como hay varones muy cumplidores, no son pocos los que creen que, negando el alimento a los hijos están dañando a la ex compañera con la que traen profundas rencillas.

“Así que, por resentimiento, odio o con afán de venganza abandonan el trabajo formal y se meten a uno informal a fin de hacer más complicado a la autoridad saber cuánto gana y si tiene bienes a su nombre”.

Además, incurren en otras prácticas y todo porque hay una obligación alimentaria atrás que no quieren cumplir por el solo hecho de no “ceder” ante la ex mujer y hacerla batallar, pero los alcances son mayores.

En ese sentido, dijo que ese reto un tanto irracional de hacer hasta lo imposible para no cumplir la obligación alimentaria, lejos de afectar en exclusiva a la mujer, se revierte contra el varón.

Primero, porque ese incumplimiento se llega a convertir en un delito y tarde o temprano lo alcanzará el brazo de la ley, y lo llevará a responder penalmente por la comisión de esa conducta que está tipificada como delito.

En el largo plazo, se revertirá también porque sin atención ni apoyo para su debida formación, se corre el riesgo de que los hijos se conviertan en adultos sin oficio ni beneficio, que incurran en conductas antisociales y terminará viendo por ellos cuando sean una carga para la sociedad.

Ponce Sánchez recordó que toda pareja debe ser consciente de que los problemas personales no deben afectar a los hijos y en caso de separación, éstos deben seguir contando con el apoyo de ambos; y si se les cumple con educación, valores y estabilidad emocional, crecerán como personas de bien para la sociedad y para los propios padres, a los que no dudarán en darles “abrigo cuando estén viejos y lo necesiten”.