Las barbas son tan únicas como cualquier otra característica de una persona. Todos tienen una ligeramente diferente, ya sea por la textura o la longitud de los vellos. Pero, también existe un gran porcentaje de hombres que por más de que lo intentan simplemente no pueden dejarse crecer la barba. ¿De quién es la culpa? La genética.

Contrario a lo que muchos piensan, la razón de la ausencia de barba no es que algunos hombres tienen menos testosterona que otros, de hecho, los hombres generan casi la misma cantidad; lo que sucede es que cada uno la recibe de distinta manera. Solo si la genética responde de forma positiva a la testosterona, definitivamente la barba aparecerá; de lo contrario, no pasará de ser un largo anhelo.

Si hay algo positivo que destacar, dadas las circunstancias, es que aquellos que no desarrollan barba están a salvo de la calvicie, o por lo menos tienen menos chances de desarrollarla, ya que curiosamente, los hombres que son mejores receptores de la testosterona también tienen más probabilidades de quedarse calvos. No está mal como consuelo, ¿verdad?

Todo por la barba

Quienes no están dispuestos a renunciar al ansiado vello facial, pueden unirse a la moda de los injertos de barba. Este procedimiento cada vez más popular, consiste en extraer del cuero cabelludo una cantidad de folículos e implantarlos en la zona requerida. Así, mediante una cirugía, la tecnología logra lo que la genética no permitió.  Pero ojo, tener una barba trae consigo nuevas responsabilidades, porque requiere más que solo dejarla crecer.

Al igual que el cabello, las barbas requieren mantenimiento. Es por ello que el mercado ofrece diversos productos para su cuidado,  como jabones, ceras, bálsamos y aceites; siendo los dos últimos los más populares, ya que mientras que el bálsamo ayuda principalmente en lo estético, los aceites para barba protegen el vello facial y la piel, haciendo que se vea y se sienta bien.

Cuando las razones no son genéticas

En algunos casos, el crecimiento del vello se ve afectado por el estrés, por ello es recomendable acudir a un profesional para eliminar los factores que lo están generando, lo que ayudará no solo al crecimiento de la barba, sino también a conseguir el completo bienestar.

Al igual que el estrés, la dieta influye en el funcionamiento del cuerpo, incluyendo el vello facial. Una nutrición equilibrada puede ayudar a experimentar un gran cambio en su crecimiento. Se recomienda incluir frutas, verduras y frutos secos, ya que contienen grandes cantidades de nutrientes.

Más allá de las razones por las cuales la barba a veces resulta esquiva, es importante  recordar que no tenerla también tiene sus beneficios, debido a que otorga un look más fresco, además del gran ahorro de tiempo que requiere para su cuidado. Si eres consciente de esto y estás contento con tu apariencia, ¡enhorabuena!, no necesitas ser parte de la revolución barbuda.