Saúl Alejandro Flores

Las discusiones, opiniones, debates, propuestas, conferencias, proyectos, etc, que se han enfocado en la problemática del agua, llevan buenas intenciones, honestamente sin ánimo de descalificar es obvio que existen unas más viables o factibles que otras, pero a fin de cuentas son útiles, mucho se ha comentado de que algunas son inviables o se descalifican porque son señaladas de manera injusta y mediática con algún color, cuando en el tema de una administración pública sea estatal o municipal no debe haber colores de partidos, puesto que la institucionalidad debe estar por arriba de los propios partidos políticos y sus cofradías.

En este sentido, puede y debe recordarse que las tendencias han sido de descalificar programas por que fueron iniciados por una administración pública anterior, incluso hay muchos casos de que se trata de grupos procedentes del mismo partido, pero de diferente grupo, volviendo a la administración pública en sendos e imprácticos feudos que su única contribución es al deterioro de las instituciones y al rezago en sectores de importancia como lo es por supuesto el sector agua, desde la prestación de los servicios públicos hasta la propia gestión y administración del recurso hídrico. Las afectaciones van desde la sustitución o supresión de programas, proyectos, acciones y políticas hasta el relevo de personal que implica el despido de personal capacitado y con talento por personal sin experiencia y en muchos casos sin vocación de servicio.

En las semanas anteriores he recibido mensajes por correo electrónico o Facebook, respecto al: ¿qué hacer? ¿Qué propones? Cierto que he manejado problemas y de alguna manera en anteriores colaboraciones propuestas y difundido proyectos y tendencias, pero es obvio e inminente que de algo se debe partir, es decir ¿por dónde se debe empezar para implementar una verdadera política hídrica? También es cierto que no se va a empezar de cero, es importante hacer esta precisión.

Sin embargo, el no empezar de cero, es porque también se han implementado desde hace muchos años intentos de algunos de los que pueden considerarse componentes de una política hídrica, pero en ese ejercicio de honestidad sabemos que los esfuerzos no han sido suficientes, incluyendo los compromisos que al concluir un sexenio o trienio, se dejan en el archivero de las políticas sexenales y como muchas de las veces a reinventar “el hilo negro”, volviendo a comenzar propiciando que los avances alcanzados se vengan abajo; otros perduran como suele ser la obra pública, ese es uno de los factores que motiva a construir por que perduran y el político tiene un elemento por presumir a diferencia de los que proponen acciones, ahí tenemos un defecto que motiva y propicia el rezago, por un vicio que se ha enquistado de manera nociva en la cultura política en nuestro país.

Por lo tanto, como primer paso relevante es el contar con un diagnóstico y una panorámica de la problemática que se vive o realidad que se pretende afrontar, qué soluciones se quieren proponer, y en un ejercicio de honestidad que las soluciones sean a largo plazo en beneficio de la sustentabilidad y de los usuarios de agua, no en favor de contratistas por darles contratos jugosos, o bien para sanear imagen de un partido político, o que el político se de los famosos baños de pueblo, porque por desgracia, esas son acciones inmediatas y luego los políticos pasan de moda, porque sus miras, son cortas, se requieren visiones de largo plazo en las cuales un líder aspire a dejar bases sólidas de proyectos que trasciendan su sexenio, trienio o administración.

En el caso local y nacional es preciso determinar las características y peculiaridades que reviste la problemática del agua, se debe partir de recopilar la información existente, pero también ser selectivo de una manera profesional, con información útil y valiosa para comenzar a perfilar un rompecabezas, y contar con una panorámica completa, además de discernir los campos del conocimiento y disciplinas que intervienen, debiendo ser consideradas para ir definiendo la ruta crítica y las acciones que deberán emprenderse.

En el caso de Aguascalientes pueden decirse muchas palabras pero que datos son reales y necesarios, evidentemente mucha de la información vital está en poder de las autoridades y concesionaria, no ha sido del uso público, curiosamente ni en poder de CCAPAMA que debería contar con información de la empresa, pero tampoco se cuenta con información, por ejemplo de los pormenores y detallada respecto a un proyecto novedoso como lo insistí en este espacio hace más de un año, me refiero a la reinyección de agua tratada al acuífero, porque es de vital importancia conocer las características del agua tratada a reinyectar y qué comportamiento tendrá en ese viaje mientras llega al acuífero y la compatibilidad del agua que está dentro del acuífero, la importancia de conocer los pormenores sobre ese tema lo sabe cualquier especialista.

Por eso insistí en la importancia de conocer los detalles, pero más aún en la legitimación de los proyectos por participación corresponsable de la ciudadanía, en este caso los usuarios del agua en un claro, eficaz y contundente ejercicio de gobernanza, que no sólo sería una herramienta de acción sino en un motor de transformación en beneficio de Aguascalientes respecto a la problemática que se vive en el sector agua, y no me refiero sólo a los conflictos con la concesionaria, sino en la propia ausencia de una política hídrica y la gestión del propio recurso.

Estimados lectores, por ello, como cada semana les recuerdo que estas serían algunas de las acciones y propuestas que permitirán que en México y en Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com twitter: saul_saalflo

 

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