Gerardo Muñoz Rodríguez

En los últimos días, hemos visto como la palabra populismo ronda por todas partes. Desde hace algunas décadas, varios de los países de Latinoamérica han visto cómo presidentes llegan con una cierta afiliación a esta ideología. Los resultados tienden a ser muy lejanos a los prometidos y/o esperados.

Partamos del hecho que el populismo tiene como principal componente el estatismo. Esta tendencia del Estado de exaltar su poder en todos los órdenes, tiende, al menos en el plano económico, a interponer serios obstáculos para su desarrollo.

A través de la historia de nuestro continente, el populismo siempre denota ciertas similitudes, sin importar el país en el cual sea implementado. Pudiéramos viajar hasta los años setenta en el gobierno de Allende en Chile; continuando por los tiempos de Alan García en el Perú. En tiempos más remotos, pasamos del Brasil de Lula da Silva, a la Argentina del matrimonio Kirchner, para finalizar con la cereza del pastel: la Venezuela de Nicolás Maduro.

Todos y cada uno de ellos, lograron llegar al poder con base en grandes discursos a las multitudes y juramentos de mejoras en la distribución del ingreso a través de políticas de gasto expansivo, subsidios e incrementos de ingresos de las clases menos favorecidas.

La necesidad primordial que requiere el populismo para surgir, es aquellos países en donde se puedan presentar síntomas de depresión económica, fracasos de políticas liberales y descontento social. La mayoría de los países latinoamericanos, desgraciadamente, presenta alguna de estas anomalías; siendo estos dos últimos indicios, los que se presentan claramente en nuestro país.

En México, esta filosofía política se encuentra en boca de todos en la antesala de las elecciones presidenciales.

Propuestas económicas, que son tildadas simple y sencillamente de populistas, son el actuar día con día del puntero en la mayoría de las encuestas hacia Los Pinos.

El régimen que plantea el fundador del partidoMovimiento de Regeneración Nacional, busca frenar los altos niveles de desigualdad de ingresos a través del uso expansivo de políticas macroeconómicas. Veamos tan solo un par de ejemplos.

El ex jefe de gobierno de la Ciudad de México, utilizó la 101 Asamblea General de Socios de la American Chamber, para presentar ante empresarios de México y Estados Unidos, su iniciativa de homologar los salarios entre los tres países que conforman América del Norte. De esta forma, un mexicano tendría que percibir al día, mil 800 pesos, con la finalidad de asemejarse a los 12 dólares diarios, en los que oscila el salario mínimo en nuestro vecino del norte.

Claro que esta propuesta es, sin duda alguna, sumamente interesante; y más ante la pérdida de poder adquisitivo que han tenido miles de mexicanos ante los raquíticos incrementos al ingreso mínimo.

Sin embargo, ¿es realmente factible? ¿Cuántas empresas, caerían en la necesidad de despedir trabajadores ante este incremento? ¿No se generaría más desempleo de esta forma? ¿No se incentiva la informalidad en el país? ¿Hasta dónde llegarían los niveles inflacionarios?

No es solo proponer cuestiones que la gente quiere escuchar, si no en verdad ser realistas en estas. Es inconcebible que simplemente se busquen sufragios, sin tener en cuenta el serio retroceso económico que esto pudiera ocasionar al estrato que en teoría se busca beneficiar.

Por otro lado, para abatir la injusta distribución de la riqueza que existe en el país, se plantea “becar” a los denominados ninis, madres solteras, adultos mayores y personas con discapacidad.

De igual forma que la anterior, esta propuesta resulta atractiva para aquellas personas que caen en estos supuestos; no obstante, que solo se trata de tapar el sol con un dedo.

La principal medida que se debe buscar para mejorar la distribución de la riqueza, es lograr generar la misma. La idea de regalar dinero, para contrarrestar los niveles de desigualdad en el país, solo crea una trampa económica, en la cual llevamos sumergidos años.

Resulta enigmático que, a pesar de las experiencias de categórico fracaso del populismo en América Latina, así como en muchas partes del mundo, un país con enorme potencial de desarrollo como nuestro México querido, esté sufriendo actualmente los embates de las contracciones de un modelo fracasado.

Sin duda, el país enfrenta una infinidad de retos que deben combatirse día con día, con la finalidad de lograr un México, más próspero, más optimista, más confiable y de mejores condiciones para toda la población; sin embargo, el camino que busca llegar al poder en base a principios que carecen de pilares económicos, no muestra la salida adecuada a los problemas que enfrentamos.

El reloj está corriendo y las horas están pasando. No permitamos que aquellos fantasmas del pasado, reduzcan la posibilidad de un promisorio futuro para nuestra sociedad.

 

 @GmrMunoz