Noé García Gómez

La era Trump está aquí, y parece ser que su falta de legitimidad (recordemos que perdió la elección en el voto popular, ganó por el voto de los delegados) quiere revertirla a base polarización y nacionalismo extremista; y para ella ha tomado a México como si fuera el enemigo de todos los problemas que existen en los Estados Unidos de América. La drogadicción, la falta de empleo, la crisis económica, el colapso en su sistema de salud, son problemas que Trump le dice a sus ciudadanos fueron provocados el TLC y por los inmigrantes, principalmente mexicanos.

Ante lo anterior el gobierno mexicano ha seguido una respuesta y política exterior tibia, disfrazada de diplomacia. La designación del ex secretario de Hacienda Luis Videgaray se vendió como un puente hacia un gobierno hostil. La realidad es que la política exterior se ha destacado por ser dócil y reactiva.

Cada que hay una comitiva en aquel país, el presidente Trump aprovecha para lanzar anuncios contra nuestro país.

Comenzó la misma noche del 31 de agosto, aquel de la fatídica visita de Trump a Los Pinos como candidato, esa noche se lanzó contra los migrantes en Arizona y se burló: los mexicanos aún no saben que pagarán por el muro, pero van a pagar. La versión oficial fue que era una jugada maestra en cuanto a diplomacia.

Después fue la firma de una acción ejecutiva de Trump para dirigir fondos hacia la construcción del muro y para reforzar las deportaciones desde Estados Unidos, esto mientras una delegación diplomática mexicana encabezada por Videgaray iniciaba encuentro con parte del equipo del presidente de EUA. Riva Palacio narra “La historia del viaje de 48 horas de la delegación de alto nivel en Washington, encabezada por el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, es casi un cuento de horror por la forma como los trataron en la Casa Blanca los emisarios de Trump”. Pero la versión oficial fue que se tenían grandes avances.

Un día después en dos twetts, Trump le dijo a México que si no pagaba el muro era mejor cancelar la visita y encuentro que se tenía pactado entre ambos mandatarios. De manera tardía Peña Nieto canceló el viaje pero nuevamente mandó una delegación.

Además ha dejado en claro, una vez y otra vez, que está dispuesto a arrasar, literalmente, con el sector automotor instalado en México. Las amenazas a Ford y otras compañías han generado cancelaciones de inversiones importantes para nuestro país.

Después se dio la filtración de la llamada telefónica entre Peña Nieto y Trump donde se destaca el tono humillante y amenazante del mandatario de EUA y donde dice que la lucha del Estado Mexicano frente al narcotráfico es un fracaso, que si es necesario mandaría tropas estadounidenses a nuestro país. En una clara falta de respeto ya no solo a la figura presidencial, sino a una gran institución como lo son las Fuerzas Armadas de México. Ante ello la versión oficial fue que nunca existió tal afirmación y que se dio en un tono cordial.

No veo un cambio claro en el tono o la intención de Trump frente a nuestro país, en cambio veo una política exterior servil, timorata y blanda. Donde no se han pintado ciertas rayas, generado respeto y más cuando el mandatario ha abierto muchos frentes.

No veo una estrategia exterior haciendo equipo con los alcaldes que están en contra de la orden ejecutiva anti-inmigrante, o con las empresas que despliegan una estrategia anti-Trump, no veo una posición en contra por la decisión de impedir la entrada a ciertos países árabes, etcétera.

Veo a un gobierno mexicano poniendo el interés meramente económico, por encima del interés nacional, veo un gobierno con el síndrome de Estocolmo, aquel que genera empatía y afecto en contra de quien lo maltrata y agrede. Así veo hoy a nuestra política exterior.

Twitter: @noeg2