El vicario general Javier Cruz Muñoz, recordó a los fieles que durante la Cuaresma es cuando se colecta el diezmo, lo que se traduce en una cooperación del equivalente a un día de salario, o en su caso, a un día de ingresos. Quedan exentos los obreros que ganen el mínimo.
Destacó que toda nuestra vida debe ser tiempo de vivencia de la caridad; no se puede entender una existencia cristiana sin una actitud permanente y práctica de servicio de la caridad.
Dijo que cuando estamos en tiempo de conversión, como es la Cuaresma, y ya al iniciar la Semana Santa, “la Iglesia nos invita a sostener este proceso de conversión basado en un triple cimiento, que consiste en, primero, intensificar más la oración; luego el ayuno, la penitencia, y el otro fundamento sólido tiene que ser la caridad”, añadió.
Agregó que con el servicio de la caridad purificamos nuestra vida de egoísmos, de ambición, de la búsqueda desordenada de los bienes, y nos hacemos más sensibles y conscientes de las necesidades que tienen nuestros hermanos.
Por eso, dijo, el Papa Francisco nos enseña, en la exhortación apostólica “Gaudete et exutate” (“Alégrense y gócense”), que la vivencia auténtica de la caridad conlleva un espíritu de santidad “y la vivencia auténtica de la santidad en la Iglesia no se puede entender sin el servicio concreto de la caridad”.
El vicario expresó que este llamado es oportuno todo el año, pero especialmente en estos días de conversión, en el que debemos ayudar, al mismo tiempo, ayudarnos a pensar en las necesidades del otro, más allá de las propias: “pensar en el fin de los bienes materiales que sí, son para resolver nuestras necesidades más urgentes, pero que también deben servir para ser solidarios con los demás hermanos, especialmente con los más necesitados”.