Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores, desde hace dos semanas he venido compartiendo las preocupaciones principales de los organismos operadores en México, he citado los casos que se viven en el estado de Aguascalientes, básicamente con el incremento de la tarifa eléctrica y otros componentes. Hace dos semanas, específicamente en la última Convención Anual de ANEAS XXXIV, efectuada del 29 de octubre al 01 de noviembre, se volvieron a citar y plantear las alternativas que ojalá pronto encuentren eco y atención por parte de las autoridades no sólo de agua sino a nivel de presidentes municipales, gobernadores, secretarios, directores generales, legisladores federales o locales. Menciono y reitero este aspecto, porque las propuestas y problemáticas han sido puestas sobre la mesa.
A los aspectos que comenté la semana pasada en la Convención de ANEAS (Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento), incorporaré los siguientes: el primero es respecto a tan mencionado pero incomprendido desde afuera, como es el impacto económico y la eficiencia física en un organismo operador, esto se traduce en los esfuerzos por lograr trascender en el ordenamiento y control de redes, en las áreas comercial y técnica, en el almacenamiento, optimización de la operación, aunado a otro componente primordial como es el mantenimiento preventivo y correctivo, adicionando otro que es de vital importancia y que realmente contribuye a la mejoría de los servicios como es el mantenimiento predictivo, cuyo aporte brinde calidad e impacte en la satisfacción de un usuario, el poder detectar con oportunidad fallas en el suministro, distribución, en las redes, fugas, etc.
En este renglón de la eficiencia física con la finalidad de ponderar y concientizar acerca de su importancia, porque puede tomarse como referencia para tal fin el hecho de visualizar y exhibir la magnitud de las pérdidas por falta de eficiencia. Permítanme poner un ejemplo, del cómo la ineficiencia en un organismo operador se refleja en costos de gran dimensión, supongamos que un metro cúbico tenga un costo de diez pesos, y se estiman las pérdidas en la red en el país por 52,280,000 metros cúbicos, por lo tanto, las pérdidas anuales serían de $ 52,280´000,000, a ese nivel son las pérdidas.
Ver esa cantidad, ya no es tan indiferente, imaginen el presupuesto o lo que se puede lograr con dicha cantidad y estamos hablando de pérdidas por una red ineficiente, que es resultado de una suma de decisiones y omisiones erróneas a lo largo del tiempo, décadas y casi un siglo, aspectos que no han valorado, y no digamos del ciudadano común, sino de los propios directivos y empleados de un organismo operador que por su escasa preparación y conocimiento del sector pasan de largo y no valoran el puesto que desempeñan.
También esto es resultado de las cabezas del sector público, es decir titulares del ejecutivo federal y estatal, presidente de la República y gobernadores, así como legisladores que no se atreven, detienen o estorban para contar con un marco legal adecuado y de la construcción de una verdadera política hídrica.
Termina una administración sexenal y el Plan Hídrico Nacional, no llegó a mucho en cuestión de construir esa mencionada política hídrica, sin embargo, lo que nadie puede cuestionar y eso fue un acierto, es en la implementación de mecanismos encaminados a la prevención de desastres consecuencias de las contingencias por fenómenos hidrometeorológicos, en este rubro sí hubo avances, en su predicción y acción preventiva, a diferencia de años atrás la atención es más oportuna, considerando que también dichos fenómenos son más intensos o con mayor poder de devastación, aquí queda ahora el poder implementar los debidos mecanismos y procesos que bajen a nivel de gobiernos estatales y municipales para hacer frente a precipitaciones atípicas que se convierten en un riesgo para la salud, integridad y el patrimonio de las personas.
Hay otros aspectos que se mencionaron en dicha convención y uno de ellos es cierto, es que México cuenta con altos perfiles de especialistas en materia hidráulica e hídrica, varios modelos o teorías han sido diseñados en México o implementados, pero por falta de sensibilidad y compromiso de las autoridades, terminan por quedarse abandonados o pasar de largo y otros países terminan por adoptarlos y perfeccionarlos y les ha funcionado con resultados extraordinarios. (Eso suena algo así como que nadie es profeta en su tierra).
Es oportuno mencionar que la CONAGUA ha sido desmantelada en los últimos años, en lo que va del siglo, varios especialistas renunciaron, se acogieron a programas de retiro voluntario, otros con cambios de administraciones salieron y esto fue generando vacíos y brazos inoperantes para implementar diversos proyectos, enfocándose únicamente en los llamados “megaproyectos de obra” y descuidando programas y proyectos de obra pública, a esto haré una reflexión personal, ya que hay voces que claman que la CONAGUA debe desaparecer y se ensañan con el error que significó el tema “famosa K invertida” y el desabasto en la Ciudad de México. La autoridad de agua debe existir, se requiere un auténtico rector del agua para todos los usos, no fragmentar al sector, el agua debe estar concentrada por ser un recurso estratégico y que no es tan disponible, que demanda la implementación de eficientar, que demanda también una campaña contundente para quitarle la carga de ideologías (derechas o izquierdas) mitos, de actuar en contra de la desinformación motivo de la ignorancia de lo que es el sector y de no informarse o leer bien por lo menos desde la Constitución hasta la legislación aplicable. Aunado a una efectiva participación responsable y focalizada de participación y gobernanza, no en simulación o formatos inflados y anárquicos que se asumen como participación con ciudadanos que desconocen, el país requiere preservar el agua, usarla con responsabilidad y recuperar aquella pérdida por la contaminación es un gran reto. Ahora como concluyo cada semana amable lector, éstas deben ser acciones tendientes para que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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