Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Miguel es egresado de la Escuela Normal Superior, “José Santos Valdés”, de Aguascalientes. En 2005 presentó examen de oposición (en el marco de la Modernización Educativa) para tratar de ingresar al servicio educativo. Logró estar en la prelación de los docentes con altas calificaciones. Sin embargo, las autoridades educativas, de aquel entonces, le manifestaron que no había plazas pero que le ofrecían un contrato de nueve horas, de enero a marzo de 2006, en la Escuela Secundaria Técnica de Palo Alto. El maestro aceptó con la esperanza de, un día, obtener horas definitivas.

El maestro Miguel empezó a trabajar, con mucho entusiasmo, impartiendo Geografía y Formación Cívica y Ética. Al mes preguntó cuándo le pagarían; las autoridades le dijeron “al finalizar su contrato”; es decir, a finales de marzo o principios de abril. Ante el apremio de pagar la manutención diaria de su familia, el maestro se vio en la necesidad de buscar otro trabajo, en el cual le pagaran cada quincena. Encontró oportunidad de laborar en un colegio particular de Villa Hidalgo, Jalisco. Le ofrecieron quince horas. Por estas horas le pagaban mil cuatrocientos cincuenta pesos a la quincena. Para trasladarse de Aguascalientes a Palo Alto, el maestro Miguel gastaba 20 pesos diarios de ida y vuelta, 49 pesos para ir y venir de Villa Hidalgo y 30 pesos por sus alimentos; esto es, la quincena del Colegio apenas le alcanzaba para sus pasajes y sus alimentos. Le quedaba la ilusión que el pago de la secundaria de Palo Alto sería íntegro para él. En la primera semana de abril de 2006, finalmente y después de presiones, el docente recibió el pago de cinco mil 362 pesos, correspondientes a seis quincenas (894 pesos por quincena); cantidad total que le sirvió para cubrir las deudas que ya se le habían acumulado por los gastos de su familia.

Terminado el contrato de tres meses en Palo Alto, el maestro Miguel ya no tuvo otras oportunidades laborales por parte del Instituto de Educación. Terminó el ciclo escolar laborando únicamente en Villa Hidalgo. A partir de 2007, el maestro Miguel se dedicó a trabajar en un taxi. Diez años después (2015) volvió a presentar examen de oposición, ya dentro de la actual Reforma Educativa, resultando idóneo. No obstante, en enero de 2016, las autoridades educativas le dijeron que no había plazas pero que le ofrecían un contrato, por cinco quincenas y de 12 horas, en la Secundaria de Cañada Honda. El maestro aceptó y laboró las cinco quincenas. En abril de 2016, le pagaron seis mil 180 pesos; esto es, mil 236 pesos a la quincena. El siguiente mes de mayo lo volvieron a contratar por otras cinco quincenas hasta terminar el ciclo escolar. Por este contrato recibió, como pago, la misma cantidad de mil 236 pesos quincenales. Como era muy poco lo que ganaba y recibía tardíamente el pago, el docente se vio en la necesidad de trabajar en taxi por las tardes y noches.

Miguel dice que como él hay cientos de maestros en las mismas condiciones: con contratos de escaso pago, sin derecho a vacaciones pagadas, sin otro tipo de prestaciones y sin ninguna posibilidad de crear derechos laborales. “Al término del contrato ni siquiera las gracias dan. . . es injusto lo que pasa -comenta y agrega- en la convocatoria para el concurso de oposición se asienta que están disponibles determinado número de horas en cada asignatura, más las que dejan los jubilados; pero a mí no me han tocado esas horas; sólo contratos y la permanente incertidumbre por el trabajo – y se pregunta- aparte del examen de oposición, ¿qué más se necesita para lograr horas definitivas?”

El contratado, ¿estará pensando en cómo mejorar la educación o estará pensando más en cómo mantener a su familia?, ¿habrá manera de corregir esto? ¡SÍ!

 

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