Noé García Gómez

Uno de los periodos fundamentales en el calendario electoral es el conocido como Veda Electoral, pero me voy a referir a él como también se le conoce “periodo de reflexión” que está marcado en el artículo 21, numeral 1 de la LGIPE donde dice “… La distribución o colocación de propaganda electoral deberá repetir los tiempos legales que se establezcan para cada caso, su retiro o fin de su distribución deberá efectuarse tres días antes de la jornada electoral” así como en el artículo 213, numeral 2 de la misma ley “durante los tres días previos a la elección y hasta la hora de cierre de las casillas, queda estrictamente prohibido publicar, difundir o dar a conocer por cualquier medio de comunicación, los resultados de las encuestas o sondeos de opinión, que tengan como fin dar a conocer las preferencias electorales.”

¿Cuál es el espíritu de dicha disposición? Precisamente es de reflexión, que el ciudadano despeje su mente, descanse del bombardeo mediático, no esté atosigado de spot´s, desplegados, panfletos, espectaculares, mítines, eventos, perifoneo y un largo etcétera, de los candidatos que pretenden convencerlo de que vote por ellos. Ahí en la intimidad pueda pensar, analizar, comparar y contrastar lo que ha visto a lo largo de la campaña.

Digámoslo, el atosigamiento mediático, noticioso y publicitario cada elección llega a límites inimaginables que para algunas personas provoca reacciones desde el entusiasmo hasta el fastidio, desde la polarización hasta el frenesí.

Marco Rocencio nos recuerda que “Diderot, el genio de la Ilustración, decía que hay tres maneras de adquirir conocimiento: la observación, la reflexión y la experimentación. “La observación recoge hechos; la reflexión los relaciona; la experimentación verifica el resultado”. Después de observar el estado del país, se agradece el “periodo de reflexión” electoral para decidir qué hacer con ese tesoro que es el voto. Será hasta dentro de algunos pocos años que constatemos el resultado del experimento.”

Múltiples ocasiones he citado el sermón de un párroco que escuché hace unos años donde decía informalmente a sus feligreses “quiten mantas y calcomanías de todos los candidatos y de todos los partidos, eso crea animadversión, si ya saben por quién votar está bien, pero no lo exhiban y lo presuman, somos una comunidad noble, y créanme, he visto amistades romperse y familias distanciarse por las campañas electorales”.

Algo de razón tendrá ese párroco en su improvisada recomendación de etapa de reflexión, ya que pase lo que pase mañana domingo, México y nuestras ciudades y sociedades requieren unidad, sí que se vigile, que se defiendan propuestas y posturas, que se evalué constantemente con lo que dijo o contrastando contra las propuestas que los candidatos perdedores propusieron, en concreto que el ciudadano ejerza su ciudadanía todos los días y todas las formas; pero no seguir incentivando el odio y la polarización social.

Y para contribuir a esa unidad nacional yo quiero agradecer a todos los candidatos de todos los partidos y los independientes, por el esfuerzo algunas veces desaforado por dar a conocer sus propuestas, pero también por tratar de exhibir las debilidades y puntos flacos de sus rivales, reconocer el esfuerzo por recorrer las ciudades y municipios por parte de los candidatos federales y las calles de las colonias y comunidades de los candidatos locales; sé que tomaron tiempo que les pertenece a la familia para tratar de encontrar empatía en los ciudadanos; quiero creer que la mayoría realizó su mejor esfuerzo en la medida de sus capacidades presupuestales.

Ahora no resta más que aceptar el resultado que emitirá el colectivo de los ciudadanos y que oficializarán las autoridades electorales.

 

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