Nayeli Estrada
Agencia Reforma

Sin duda, uno de los destilados con mayor carisma es el tequila. Su carácter único, sabores y versatilidad, que puede probarse lo mismo en coctelería que en tragos solos, lo hacen, además, uno de los más populares.
Sus aromas también revelan parte de su esencia. Aparecen a partir de diferentes reacciones que suceden entre el crecimiento del agave hasta su destilación; cada momento impone su huella en la expresión final del destilado.
Los aromas que definen el perfil del tequila se dividen en tres grandes grupos: primarios, secundarios y terciarios.
Geografía, terruño y la tipicidad de la especie Tequilana Weber se expresan en notas herbales y frescas, propias del agave crudo, que se perciben intensamente en el borde de la copa.
Las notas secundarias destacan de forma más definida al centro de la copa y se generan durante los procesos de cocción, fermentación y destilación. Comúnmente son notas de manzana, pera, cítricos, pimienta y clavo.
El perfil aromático terciario es exclusivo de los tequilas que pasan tiempo en barrica. Su intensidad y características dependen del contacto con la madera, aunque principalmente recuerdan a vainilla, caramelo, humo, frutos secos y madera.