Por J. Jesús López García

¿Cómo acotar el periodo moderno? Siguiendo las convenciones de la Historia, lo moderno dio inicio durante los siglos XV y XVI con el Renacimiento, sin embargo la arquitectura Moderna -con mayúscula, pues alude a una tendencia-, aparece durante los primeros años de la década de los años veinte del siglo pasado, es decir, eso Moderno ya es realmente algo que tiene más de un siglo de edad, e incluso más aún, pues posterior al barroco: el neoclasicismo, surgido en el siglo XVIII, es una etapa que en arquitectura, siguiendo los cánones clásicos de la Antigüedad, buscó finalmente sus verdaderos paradigmas, no en la forma, sino en la racionalidad de la que se desprendería el funcionalismo que fue la carta sólida de la arquitectura Moderna de la primera mitad del siglo XX.

Como se ve, eso Moderno no es tan ubicuo como pudiese pensarse. Y es que la modernidad más que una etapa histórica o un compendio de formas concretas, es una visión intelectual que tiene como principal característica un devenir constante, la indeterminación como consecuencia.

Concepto occidental de origen cristiano, la modernidad como planteamiento intelectual es la convicción, o en su defecto, la consigna que todo tiempo presente es mejor que el anterior y que el tiempo futuro será mejor que el actual. El progreso entonces, es un resultado tangible de los procesos de la modernidad.

A partir de ello la arquitectura posee una variedad actual que no puede verse por ejemplo, en la arquitectura egipcia de hace algunos milenios atrás ya que el paso de las mastabas a las pirámides del Reino Antiguo, y de ahí a los grandes templos del Reino Medio y Nuevo, fue una transición que duró alrededor de dos mil quinientos años. En menos de trescientos años, la arquitectura contemporánea por su parte, ha pasado de la piedra y la mampostería tradicionales al uso del hierro, el acero, el concreto armado y el vidrio utilizados de manera extensiva. Actualmente, sistemas neumáticos para estructurar edificios, «pieles» plásticas y una inmensidad de elementos de alta tecnología se presentan como parte de la nueva frontera arquitectónica en materia constructiva -en Aguascalientes es ya una constante-.

Pero ello no es más que la continuación moderna que en cuestión de tecnología acelera cada vez más su producción y oferta, más con ello viene también la caducidad que la novedad trae consigo misma. La producción en la arquitectura no es tan efímera como otras realizaciones del diseño, tales como muebles, ropa, carteles, entre otros, si bien la rapidez con que se proyecta el tinglado cuasi decorativo de muchos inmuebles dedicados al comercio o a los servicios, principalmente, obedece a modas pasajeras, pero ello establece una especie de caducidad prematura; edificios como el centro cultural Getty en California fue terminado de ejecutarse catorce años después de su concepción -1983-1997-, por lo que su impacto fue minimizado ya que la expectativa de un edificio de la autoría de Richard Meier (1934- ;) al inicio del proceso en la cúspide de su prestigio, una década después ya no era novedad.

En el caso de la arquitectura sujeta a los avatares de la modernidad, los componentes materiales y de proceso de su diseño y fábrica, tienen ya más de cien años con nosotros, pero no parecen tener las características de aparente perennidad de la piedra y a pesar de ser aún novedosos, en nuestro marco temporal de experiencia -no hay tanta gente de más de cien años de edad-, un siglo es más de una vida, por lo que aquellos edificios de hace cuarenta años nos parecen viejos, a pesar de su relativa corta edad.

La arquitectura Moderna buscó romper radicalmente con el pasado y ahora que ha comenzado a entrar en él, es interesante su proceso de adaptación a un acervo del que siempre se manifestó acérrimo oponente. Por su parte el habitante común de las ciudades contemporáneas no tiene una manera de percibir tal ruptura ni tal adaptación. Llevamos conviviendo muchas décadas con la arquitectura moderna y sus seguidores contemporáneos por lo que nuestro paisaje urbano presenta la convivencia de lo nuevo -que como ya comentamos no es tan nuevo-, y lo viejo, muchas veces mezclándose incluso en un mismo edificio a través de múltiples transformaciones.

La novedad en lo moderno hace mucho tiempo pasó, en ocasiones se toma por moderno la espectacularidad -que no tardará en ser asimilada por la población, despojándola de ese halo de atractivo inédito-, pero es en edificios como el que se encuentra ubicado en Álvaro Obregón No. 219, donde la sencillez de los postulados modernos para la arquitectura expresan los continuos, casi perennes procesos de transición de la arquitectura contemporánea.

En Aguascalientes es común que múltiples inmuebles de fábrica moderna se pierdan en el anonimato dentro de la ciudad, sin embargo basta un simple recorrido por las calles, particularmente desde el primer anillo de circunvalación hacia el centro, para que podamos apreciar que nuestra ciudad acaliteña, es sin lugar a dudas, una capital moderna.