Estimado lector, el Foro Económico Mundial (FEM o WEF, por sus siglas en inglés) publicó, a principios de este mes, su “Reporte Anual de Competitividad Global” correspondiente al periodo 2014-2015. Con este documento y con el empleo de una metodología perfectamente definida y, al mismo tiempo, compleja, el FEM evalúa el “índice de competitividad global” de 144 economías nacionales de todo el mundo, dentro las cuales ubicamos a la de México en el lugar 61, con una calificación total de 4.3 puntos (en una escala del 1 al 7).

Pero antes de seguir comentando los resultados que arrojó este estudio, es necesario explicar la manera como se estima el “índice de competitividad global” de los 144 países evaluados por el mismo. El FEM parte de la ponderación de tres subíndices, siendo los siguientes: “Requerimientos básicos”, “aumento en la eficiencia” y “factores de innovación y sofisticación”.

Cada uno de estos subíndices agrupa, a su vez, diferentes indicadores específicos denominados “pilares”. En el caso del primer subíndice, se encuentran los de “instituciones”, “infraestructura”, “ambiente macroeconómico” y “salud y educación básica”. Dentro del segundo subíndice, están los de “educación superior y capacitación”, “eficiencia del mercado de bienes”, “eficiencia del mercado laboral”, “desarrollo del mercado financiero”, “preparación tecnológica” y “tamaño de su mercado”. Finalmente, en el tercer y último subíndice, se ubican los de “sofisticación empresarial” e “innovación”.

Todas estas 12 categorías (“pilares”) se encuentran debidamente interrelacionadas y cada una de ellas tiene un peso determinado dentro de la calificación total, según la fase en la que se encuentra el desarrollo económico del país respectivo, valuada en función del “Producto Interno Bruto” (PIB o GDP, por sus siglas en inglés) per cápita de cada nación en dólares norteamericanos.

Como ya lo comentamos, México ocupa la posición 61 en el listado de los 144 países evaluados, descendiendo 6 posiciones con relación al lugar obtenido el año pasado (55). En virtud de lo anterior, son ya seis las economías latinoamericanas mejor posicionadas que la mexicana: Puerto Rico (lugar 32), Chile (33), Panamá (48), Costa Rica (51), Barbados (55) y Brasil (57).

Por otro lado, las 10 economías más competitivas del mundo, según el reporte y en riguroso orden, son: Suiza, Singapur, Estados Unidos, Finlandia, Alemania, Japón, Hong Kong, Holanda, Reino Unido y Suecia. Es notorio que predominan los países europeos y asiáticos, destacando el reposicionamiento de la economía norteamericana que había caído al quinto lugar en el reporte del año pasado y el auge de los japoneses que escalaron tres peldaños (del 9º al 6º).

En cuanto a la calificación de México, desglosada por subíndice, en el de “requerimientos básicos” se ubica en lugar 69 (4.6 puntos de calificación), “aumento en la eficiencia” en el 60 (4.2) y “factores de innovación y sofisticación” en el 59 (3.7).

En lo que respecta a la evaluación de la economía mexicana en cada uno de los denominados “pilares”, el reporte resalta que nuestro país experimentó un ligero repunte en algunos de estos indicadores. Las mejores calificaciones se dieron en los rubros de “tamaño de su mercado” (lugar 10), “ambiente macroeconómico” (53) y “sofisticación empresarial” (58), siendo éstas nuestras fortalezas en materia de competitividad. Sin embargo, existen dos categorías en donde definitivamente se da una nota sumamente deficiente, siendo éstas las de “instituciones” (lugar 102) y “eficiencia del mercado laboral” (121).

Dentro de las conclusiones del reporte respecto a México, encontramos que nuestro país adolece de diversos factores para hacer negocios. Esos problemas son, a decir del estudio, la corrupción, la legislación fiscal, la ineficacia de la burocracia gubernamental, los crímenes y robos, la falta de acceso al financiamiento, las tasas de los impuestos y la inadecuada dotación de infraestructura.

Adicionalmente, el documento concluye que la caída de nuestro país en el ranking mundial se debe principalmente a la percepción deteriorada del funcionamiento de nuestras instituciones y la baja calidad del sistema educativo nacional que no ha sido capaz de inculcar el conjunto de habilidades que nuestra economía cambiante requiere. Finalmente, el estudio afirma que otra razón importante para nuestra pérdida de competitividad es que aún no se han visto los beneficios de las reformas estructurales aprobadas y que, como consecuencia, no se han incrementado los niveles de eficiencia del mercado mexicano. En la medida en que esos cambios empiecen a ser evidentes y arrojen efectos positivos, seguramente el país incrementará sus estándares de competitividad y desarrollo. Ojalá que así sea, por el bien de nuestra economía y, sobre todo, por el bienestar de todos los mexicanos.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención.Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

Correo electrónico: carlosromo38@hotmail.com

Twitter: @josecarlos_romo

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