Ricardo Vargas

Esta semana el presidente López Obrador dio a conocer la intención de su gobierno de continuar con el programa de ayuda para adultos mayores, a través de la pensión mensual que se comenzó a entregar desde principios de este año. En la víspera de que finalmente se aprobara el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) del próximo año, los últimos días se habló mucho sobre los cambios que pudiera haber en los gastos del Gobierno Federal, y de manera muy especial en temas de gasto social.

Pues en este tema, el pasado domingo nuestro presidente dio a conocer en un evento en Nayarit, que este año la pensión para adultos mayores se verá diferenciada entre personas indígenas y personas no indígenas. Y contrario a lo que se ha observado últimamente a nivel internacional, esta acción adelanta la pensión para personas de un cierto grupo étnico, aún cuando la esperanza de vida en general ha ido aumentando en los últimos años. En torno a esto, existen opiniones divididas que por un lado aplauden esta medida, pero que por otro lado la reprueban. Es sin duda una medida interesante y que da mucho de qué hablar.

Por un lado, es difícil que se pudiera dar un incentivo perverso, pues se entiende que los beneficiarios no están realizando ninguna acción para obtener su pensión sino solamente envejecer, y al no tener ellos el control sobre su envejecimiento lo único que podrían cambiar en su comportamiento sería mentir acerca de si son o no indígenas. Esto es puesto que el único criterio aparente para poder calificar a una pensión 3 años antes que el resto de la población es identificarse a sí mismo como indígena, lo que podría volverse poco objetivo y difícil de controlar. Sin embargo, me parece una medida que va en la dirección correcta en el combate a la discriminación y el racismo que existe y que ha existido históricamente en México, aunque veo algunos puntos que podrían mejorarse.

El grueso de la discusión con relación a esta política se basa en si es o no correcto elaborar una política pública en base a etnias y razas, puesto que no siempre esta característica tendrá una causalidad con una condición de pobreza o de desigualdad social. Es decir, ni todos los indígenas son pobres, ni todos los pobres son indígenas. Pero sí es cierto que todos los pobres son pobres.

Pudiera sonar absurdo el último enunciado, pero me parece que la única forma de atacar la pobreza y la desigualdad en nuestro país es mediante políticas públicas que nazcan de la correcta identificación de los grupos que son precisamente los más discriminados y los más vulnerables. Es cierto que en general la población indígena vive condiciones educativas, laborales y sociales mucho más adversas que el resto de la población, pero también es cierto que el no ser indígena no garantiza una mayor libertad educativa, laboral y social. ¿Qué pasa con la población no indígena que enfrenta las mismas o peores condiciones que la población indígena, y que sin embargo no podrán recibir su pensión con tres años de anticipación?

Y esto no quiere decir que no deba de haber políticas públicas diseñadas de manera especial para los grupos más vulnerables, pues la correcta política pública no es nunca homogénea, sino que se debe diseñar heterogénea de acuerdo a las diferentes características de todos los grupos sociales a los que se busca atender. Sería un error pensar que una política pública contra la deserción escolar debiera ser exactamente igual a nivel nacional, puesto que las condiciones del sistema educativo en Nuevo León y en Aguascalientes no son las mismas condiciones a las que hay en Guerrero y en Oaxaca. En ese sentido, es necesario entender que la política pública eficiente es aquella que seimplementa de forma heterogénea, pero identificando correctamente la variable que defina a los grupos beneficiados.

No con esto se niega que la población indígena enfrente situaciones mucho más desfavorables que la población en general, pero el hecho de basar una política pública en la autoidentificación étnica de las personas, no necesariamente garantiza un combate efectivo contra las causas mismas de dicha segregación. Si lo que se busca es acabar con un problema de segregación y de desigualdad social, hay que apoyar entonces a quienes sean segregados y enfrenten situaciones adversas de índole económica, educativa y laboral. Pero no hay que definir el apoyo a partir de una autodeterminación étnica de las personas, pues esto no garantiza en ningún momento la efectividad del apoyo mismo .

Escríbame: rvargas@publimagen.mx

@1ricardovargas