Carlos Reyes Sahagún
 Cronista del municipio de Aguascalientes

Usted me va a disculpar, por lo siguiente: sostengo el firme compromiso de no volver a publicar cosas que hayan llegado a sus ojos con anterioridad. Muy probablemente repito, porque después de todo esta es la entrega 802 de mi columna, y desde luego no tengo en mente todo lo que escribo, de tal manera que quizá dé prueba de la consistencia de mi pensamiento al reiterar determinadas ideas, o hechos, etc., pero también puedo afirmar de manera inequívoca que jamás de los jamases he dado a la prensa algún texto que haya publicado con anterioridad, ni aquí ni en ningún otro lado, y a las pruebas me remito.
Digo lo anterior porque como que me acuerdo haber escrito de la ocasión en que estuvo en esta urbe Pedro Infante, que ayer cumplió 100 años, pero por más que he buscado en mis archivos las líneas de referencia, no las encuentro, de tal manera que quizá solo lo imaginé, y no hubo tal, pero si lo hubo, quien sabe donde quedó, de tal manera que esto que va a usted a leer está muy fresco -es de ayer-.
Que yo recuerde; que me haya enterado, Pedro Infante estuvo en dos ocasiones en Aguascalientes, el 27 de junio de 1948 y el 13 de agosto de 1950. Permítame contarle de la primera, que ocurrió hace casi 70 años, en un festival que tuvo lugar en la Plaza de Toros San Marcos –de la segunda sólo tengo el dato de la presentación, pero no si tuvo lugar y cómo estuvo-.
Sobre la presentación de 1948 leo las notas que se publicaron en El Sol del Centro, y lo primero que me llama la atención es la frescura con la que es tratado el personaje. Sería una perogrullada decir que no era entonces el Pedro Infante que se convirtió en leyenda en 1957, gracias a una carrera artística integral… y a haberse muerto en plena madurez, apenas a los 39 años.
No. El que vino a Aguascalientes fue un joven de 29 años, un artista en pleno ascenso, ajeno a la leyenda que la tragedia le obsequió a manos llenas poco más de ocho años después. Tan fue así que la plaza de toros estuvo ocupada menos en la mitad de su aforo. En su aparición, el de Guamuchil, Sinaloa, estuvo acompañado por el Cuarteto América, y en el festival se lidiaron cuatro novillos de Albarrada, supongo que era una ganadería. Los espadas habrían sido el propio Infante, Rafaelillo –supongo que Rafael Rodríguez, y Bernabé Esparza.
Pedro, Pedrito para su pueblo, llegó a esta ciudad el sábado 26 de junio, a bordo de una máquina voladora que él mismo tripulaba. Al día siguiente el autor de la columna Carnet, que se publicaba en El Sol del Centro, escribió asombrado lo siguiente: “Parecía el aeropuerto de una ciudad no tan modesta como la nuestra pues por coincidencia se reunieron a esa hora los Douglas de Aerovías Reforma y de Aero-transportes SA.”
¿Habrase visto semejante cosmopolitismo? ¡Tres naves aéreas al mismo tiempo! LosDouglas a que hace referencia la nota muy probablemente fueran ejemplares del famoso DC-3, un avioncito precioso, de sonido memorable, que podía transportar a 21 personas.
En fin. El hecho es que Pedro Infante llegó en un avión –no se dice de qué clase-, y se hospedó en el cuarto No. 7 del Hotel París (por si alguien quiere poner ahí una veladora; un ramo de flores). Según El Sol del Centro del 28 de junio, el artista llegó como a las 15 hrs., y tuvo una conversación con un reportero de El Sol del Centro que firmaba como Peryco –creo que se llamaba Federico de León-. La entrevista tuvo lugar en el hotel, que es ahora sede del Congreso del Estado, y se llevó a cabo mientras Infante hacía algo que no hacen las leyendas: reposaba en su cama en tanto comía. El cantante descansaba –dice el diario- “después de una mañana de volar sobre la ciudad en compañía de cuantas personas que concurrían al campo aéreo y lo deseaban, no solo muchachas como lo decía la versión misma que nuestro entrevistado desmintió diciendo que había subido a su avión a boleros, soldados, trabajadores y a gente pobre y rica que lo había pedido.”
Luego, en la presentación, Infante partió plaza vestido con un elegante traje charro de color plomo, montado en “brioso caballo”, y cantó lo que le pidieron, La embarcación, maldita sea mi suerte, mi cariñito, cartas marcadas y otras, y entre canto y canto se tomó una cerveza y disparó al viento, hasta en dos ocasiones, su 38 especial, no sin provocar gritos en el tendido.
Finalmente, dice el rotativo de una manera un tanto confusa, que Infante “salió a los medios, en donde se colocó un micrófono y lo primero que dice después de saludar al público es desmentir lo que los periódicos dicen de él, que es mujeriego y que después de haber sido su primer oficio carpintero, no era para tanto”.
Una última cosa que no hace una leyenda. Dice el diario que es la primera ocasión que viene a Aguascalientes y que “cuando llegamos al aeropuerto de esta ciudad, nos veníamos desde allá a pie por la carretera, luego anduvimos buscando un hotel”.
¿Se lo imagina? (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

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