Noé García Gómez

A lo largo de esta construcción inacabada de la democracia mexicana escuchamos voces y exigencias de establecer métodos democráticos en la elección y toma de decisiones en nuestro país. Dirigentes, líderes y partidos en su conjunto cuestionan reglas, decisiones y métodos, exigiendo cambios o mejoras para que el sistema político mexicano funcione de una manera democrática. Pero se les olvida algo, ellos son parte de este sistema político mexicano, y por ende tienen que ser ejemplo de lo que piden.

Uno de los grandes problemas, referente a la actividad de los partidos políticos y a la toma de decisiones, es que la organización de los mismos se ha establecido de forma vertical y no de forma horizontal, y esto provoca que las voluntades de unos cuantos miembros prevalezca por encima de la de los demás. Ya que los miembros tienen que elegir entre aceptar disciplinadamente la indicación y seguir haciendo meritos escalafonarios para avanzar dentro del partido, o revelarse contra quienes detentan los órganos de decisión e iniciar una larga y costosa batalla por avanzar dentro de la institución y su complejo entramado.

La realidad es que en todos los partidos en México se ha creado una élite, casi, casi una casta de decididores, en el mejor de los casos compuesto por los pesos y contrapesos de los grupos, en el peor es la decisión única del gran decisor.

Esta semana vimos tres claros ejemplos que a continuación enumero:

1.- La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, ordenó al PRD que tiene que reunir al Consejo Nacional y convocar a elecciones internas, para elegir cargos de dirección. La cúpula perredista, quería decidir en un cónclave de no más de 5 personas el futuro de su dirigencia nacional y estatales. Pero, querido lector, no crea que con la resolución del TEPJF se ajustará a un método democrático, lo único que ocurrirá es que estos cinco ilustres perredistas tomen más café, más vino tinto y destilados para ponerse de acuerdo en que órdenes les darán a sus consejeros nacionales y que en automático voten, ¿o no, Fer? A mi memoria viene el consejo Nacional del 2009 cuando aspirantes a alguna plurinominal esperaban y seguían al jefe de su tribu para que los consideraran en la lista de las pluris.

2.- En el PRI de Aguascalientes se inscribió una planilla de “unidad” simulada, donde se inició el paseíllo triunfal en las asambleas municipales. Abiertamente liderazgos de dos grupos políticos dijeron que fue el consenso de la mayoría del PRI de Aguascalientes, menospreciando, minimizando y sobajando al grupo político del ex gobernador Otto Granados Roldán. Aquellas demandas de “que la base decida” y “elección a padrón abierto” quedaron como bravuconadas y amagues para la negociación cupular. Al final los “consensos” y “acuerdos” son tan o más democráticos que las elecciones.

3.- Fuera de todo tiempo y momento electoral Morena en el DF definió quién será su aspirante a precandidato a jefe de Gobierno de la CDMX por el método que más se ha cuestionado a su líder López Obrador, “la encuesta”, una encuesta que por cierto nadie conoce ni su método, empresa o instrumento. Los mal pensados dicen que fue el dedo decididor de Andrés Manuel, quien se decantó por su más leal “alfil”, que servirá de quinta columna para su aspiración o como refugio burocrático para sus cientos de bien pagados colaboradores en caso de perder la Presidencia.

Tengan la seguridad que los tres partidos dirán que el método del otro es más antidemocrático y se sentirán con la calidad política y moral de cuestionarlo, sin querer mirar a sus adentros.

La realidad es que la situación existente en la mayoría de los principales partidos políticos es que se ha creado una casta dentro de cada formación que se siente y es dueña de las decisiones, que cada mañana buscan el disfraz de demócratas pero que sus acciones los deja como una élite rapaz con ansias de cargos y poder.