Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Gracias por llamar al servicio telefónico de su banco amistoso, el Banco de las ideas maternas, que no le dejará ni la menor morralla para disponer de ella… el Banco Tupropioriesgo. Antes de continuar adelante permítenos darte a conocer nuestro aviso de privacidad. Oprime la tecla gato si quieres saltar este aviso…”

Uno crédulamente oprime la tecla gato solo para escuchar “Antes de continuar adelante permítenos darte a conocer nuestro aviso de privacidad. Oprime la tecla gato si quieres saltar este aviso…” Uno crédulamente oprime la tecla gato solo para escuchar nuevamente el mismo aviso. A la quinta vez uno decide dejar correr la grabación con el consabido galimatías que te dice que tus datos personales han ingresado a un fichero electrónico que está a tu disposición para que puedas verificarlo y modificarlo si así lo deseas, oprimiendo para ello la tecla asterisco seguido de la tecla gato y el símbolo de la arroba. Solo por curiosidad oprimes la tecla asterisco seguida de la tecla gato y la tecla con el símbolo de la arroba con lo que logras que se reinicie la grabación: “Gracias por llamar al servicio telefónico de su banco amistoso…” Te resignas a escuchar toda la perorata incluido el aviso de privacidad, porque finalmente el que tiene hambre atiza la olla, y a ti te urge registrar en esta computadora el servicio por internet, no es que sea nueva, que a Steve Job gracias, perdón, quiero decir a Bill Gates gracias, había salido muy buena, hasta que por obra y gracia de un ébola electrónico de esos que vagan por la red para la perdición de las computadoras, amén, infectó la tuya y ni espick, se perdieron las claves, se salvaron algunos programas respaldados, pero todo lo relacionado con servicios bancarios hay necesidad de volver a registrar. Finalmente logras sortear el escollo del aviso de privacidad, lo que te deja convencido de que, salvo de los espías telefónicos, de los hackers informáticos, de las solicitudes fundadas de Hacienda, de los requerimientos de las Procuradurías, de las órdenes de un juez, de las necesidades bancarias para tu mejor servicio y de la boca del Güero Peluquero, de todo lo demás estás a salvo, y nadie, salvo los susodichos y las cadenas comerciales y de servicios que adquieren por pingües cantidades tu información, nadie más podrá acceder a ella, especialmente tú, porque cuando intentas entrar a la página para revisar tu información, la condenada computadora, o el maldito programa te regresan al mensaje de inicio. Recuerdas que todo es para darte un mejor servicio de manera que respiras hondo, recitas en voz alta la oración del mínimo y dulce Francisco de Asís, aquella que dice que se encuentra con un torvo animal, por aquello de los banqueros, pero no, el subconsciente te traicionó, vuelves a respirar hondo y retomas el mantra: “Señor, hazme instrumento de tu paz…”. Reinicias el procedimiento y te olvidas del aviso de privacidad y de tus datos personales y dejas correr la grabación. “Nuestro menú ha cambiado, escuche atentamente y elija la opción deseada, le recordamos que en cualquier momento podrá regresar al menú principal apretando la tecla asterisco seguida de la tecla que representa el signo de más, si desea escuchar nuevamente nuestro aviso de privacidad oprima la tecla arroba seguida de cualquier otra, de lo contrario escuche atentamente, para reportar el robo o extravío de una tarjeta de crédito oprima la tecla uno, si tiene idea de donde pudo extraviarla oprima la tecla 1 luego el punto y luego el 5, si sospecha de alguien oprima la tecla “S”, si no tiene la menor idea de dónde pudo extraviarla, entonces oprima la tecla “N”, seguida de la tecla “P” y luego la tecla “I”, para formar la sigla “NIP”; si desea conocer las nuevas promociones que le ofrece la tarjeta magna de su Banco Amistoso, entonces oprima la tecla 2; si sus requerimientos son de información general oprima la tecla 3; si desea conocer la amplia gama de servicios bancarios que le ofrece su Banco Amistoso, oprima la tecla 4; si conoce nuestros servicios pero desea ampliar la información acuda a nuestra sucursal más cercana en donde un ejecutivo de cuenta le atenderá gustosamente; si sus necesidades son crediticias tendrá que oprimir la tecla “J” seguida de la tecla “A” y repetir la operación tres veces para formar la sigla “JA JA JA”, si desea conocer o contratar un seguro de vida, marque la tecla 5; si desea contratar un seguro de asistencia en carretera marque la tecla 6; si sus necesidades son de un seguro de atención médica integral marque la tecla 7; si desea obtener la información de las conexiones internacionales de nuestros servicios, marque la tecla 8; si desea volver a escuchar el menú marque la tecla 9; si pese a todo sigue en la línea espere a ver si alguno de nuestros ejecutivos está disponible… Le recordamos que usted es muy importante para nuestra empresa por lo que le rogamos esperar en la línea… por el momento, ninguno de nuestros ejecutivos está disponible… le recordamos que usted es muy importante para nuestra empresa por lo que le rogamos…”. Usted, al borde de un ataque de nervios, escucha impacientemente la grabación hasta que finalmente un tono anuncia el cambio de grabación…” Le recordamos que para darle un mejor servicio esta llamada será grabada para efectos de calidad en el servicio…clic…clac…clic: “Buenas noches, le atiende Sbstn Jimz, le recordamos que en cualquier momento usted podrá conocer nuestro aviso de privacidad y que nunca le pediremos sus claves, contraseñas o datos personales salvo cuando se realice por primera vez los trámites, en qué puedo servirle, ¿Cómo se encuentra hoy?” –Me encontraba bien –responde usted mohíno–, hasta antes de tratar de registrar con ustedes mi computadora para el servicio por Internet, me puede repetir su nombre por favor –Sebsan Jmen. – ¿Es un nombre polaco? –pregunta usted aturdido– ¿Me lo podría deletrear por favor? A usted, alguien le ha recomendado que memorice o escriba el nombre de quien la atiende luego de treinta y tantas veces tentativas frustradas de servicios bancarios por teléfono. Denotando fastidio, pereza y hastío, como un pavo real que se aburre de luz en la tarde, la voz telefónica farfulla “S-e-b-a-s-t-i-á-n J-i-m-é-n-e-z, ¿cuál es su nombre?” Usted ve la espléndida oportunidad de vengarse y dice rápidamente “Budzislaw Swietomierz pero me dicen Pepe”, a la voz mohína no le hace ninguna gracia, y le reprocha su actitud “Sr. Pepe estamos servirle, me permito recordarle que en cualquier momento puede usted consultar su aviso de privacidad y que en ningún momento su Banco Amistoso le solicitará sus claves, contraseñas o datos personales, salvo cuando se proceda a registrar, le atiende Sbstn Jmnez, ¿Cómo se encuentra hoy?”

Usted está a punto se sacudirle el árbol genealógico del señor Jiménez juntamente con todos los árboles de los empleados, gerentes, accionistas, y demás barrilla incluidos los árboles de navidad que adornan todas las sucursales. Se reprime y haciendo acopio de las últimas lecciones de urbanidad que recibiera en el Colegio de Paga del Padre Mejo, se dispone a expresar de la manera más atenta sus necesidades de registro de la cuenta, cuando una musiquilla de supermercado interrumpe la comunicación… ”Su Banco Amistoso le recuerda su horario de atención en línea, de lunes a viernes de 8 de la mañana a 8 de la noche. Muchas gracias por su comprensión, todo es sólo para darle un mejor servicio…”.  Usted consulta su reloj que marca ominosamente las ocho de la noche con un minuto…

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