Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Cuando me gustaba el futbol, hace ya muchos años, había un locutor que solía hacer pareja con el cubano Ángel Fernández, era mas mesurado y comedido pero salpimentaba sus crónicas con refranes y dichos que venían al caso: Don Fernando Marcos. Uno de sus dichos comunes era aquel que dice: “No será carpintero pero sus trompos bailan” que de manera muy gráfica expresa la habilidad de una persona para lograr sus objetivos a pesar de, aparentemente, no tener la capacidad, la preparación o la experiencia para llevar a cabo la tarea. Reflexionaba sobre ello al conocer la noticia del regreso del avión presidencial, luego de que nos lo guardaron durante alrededor de un año en EE.UU. y mi conclusión, triste conclusión, es que al presidente López Obrador sus trompos no le bailan.

Vender un avión no debe ser fácil. Como decía Anthony Queen en aquel anuncio del brandy Viejo V.: si fuera fácil hacer las cosas que valen la pena, cualquiera las haría. Vender una avión acondicionado para un servicio específico debe ser mas difícil y mas si se trata de un avión grandote, moderno y perteneciente a un propietario “particular”, es decir no comprado a los fabricantes que seguramente ofrecen condiciones y plazos de pago comerciales. O sea, no es enchílame otra, no es como vender cena, que en tiempos de apuros las luchonas mujeres, que son casi todas, buscan hacerse de unos pesos vendiendo en condiciones precarias tacos, enchiladas, y en el mejor de los casos: pozole.

¿De dónde sacó López Obrador que el avión presidencial podría venderse mejor en EE.UU.? Yo nunca he vendido uno, y el Sr, Presidente tampoco, pero hay profesionales y supongo que un comprador de un avión no pide que se lo lleven a domicilio para calarlo. Resulta mas fácil traer al posible comprador con todas las facilidades que estar pagando por tenerlo en exhibición en un país extranjero, aquí, al menos en Santa Lucía, si es que pudiera aterrizar ahí, no le hubieran cobrado arrendamiento. Después de un año regresa el avión luego de haber pagado una bicoca, sin compradores ni siquiera probables clientes, y quizás, lo remate el Instituto para devolver al pueblo lo robado, para algún cliente despistado, porque quienes tienen manera de comprarse un avionzote lo mandan a hacer a su gusto.

Lo del avión presidencial no pasaría de ser un fiasco, un gran fiasco que costó al erario muchos millones, y que evidenció la toma de decisiones (?) (¿ocurrencias?) sobre las rodillas, de repente, que suele conducir a resultados no queridos. En su maravilloso libro “Arte de la Prudencia”, del que compartía a menudo temas con el Licenciado Joaquín Cruz Ramírez, el jesuita Baltasar Gracián, recomienda tener juiciosos repentes. Lo malo es que el fiasco avionil se acompaña en estos días del estrepitoso fracaso que significó el arranque del pomposo INSABI.

Los señores del 4T (cuatrote) tuvieron más de un año para preparar el sepelio del Seguro Popular y el feliz alumbramiento del nuevo Instituto. El presidente en sus vivaldescas mañaneras, corrijo para usar un símil mas cercano josé-josescas, o eloy-cavazescas mañaneras (es decir todas las canciones de José José sonaban iguales y todas las faenas de Eloyito eran iguales), anunció que los servicios del Instituto serían gratuitos, para tener que corregir días después, diciendo que algunos costarían; anunció una fecha para su arranque y la mera verdad, es que todavía no se conocen las bases de operación; sostuvo que sus datos indicaban que no eran 6 los gobernadores que no lo aceptaban, tan sólo para que horas adelante se confirmara la negativa de 6 gobernadores.

Una cosa es jugar a vender aviones, que en el peor de los casos (y es bastante malo), sólo cuesta dinero, desprestigio, una oleada de memes y críticas que, ante sus seguidores, le hacen lo que el viento a Juárez, su “héroe” favorito, y otra que el Sr. Presidente juegue, porque eso ha sido lo que ha hecho, con la salud, la confianza y el respeto del pueblo mexicano. Sus bufonadas, incluyendo la última de la llanta ponchada, resultan indignantes. En rigor, van más allá de una payasada, son realmente burlas a la buena fe y a la esperanza que ha despertado en los millones de mexicanos, mas de la mitad de la población, que no saben si el día de mañana tendrán un pedazo de pan o un trago de leche. El desabasto de medicamentos que las autoridades desmienten y que los pacientes y sus familiares, desmienten a las autoridades exhibiendo pruebas y mas pruebas, testimonios y más testimonios, hechos y mas hechos, es una verdadera y lamentabilísima conducta criminal. Poner en riesgo la salud (y ya se han cobrado muchas vidas) con la bandera de una austeridad que contradice todos los días, es un comportamiento que merece reproche y en otros países merecería castigo. La incapacidad para encontrar en mas de un año un mecanismo que permita controlar la corrupción en la venta de las medicinas, cuando existen antecedentes, parámetros y buenas prácticas internacionales de referencia, y la posibilidad de ejercer supervisión, vigilancia y aún control fiscal, sólo ponen en evidencia que los trompos presidenciales no bailan.

Por supuesto no todo puede estar mal. Hay cosas que están peor, la Suprema Corte, por ejemplo, con un presidente que se le queman las habas por dejarse ver y dejarse sentir como un simpatizante comprometido con el pensamiento del 4T (cuatrote). La Comisión Nacional de Derechos Humanos con una presidente ignorante, inexperta, activista profesional y partidaria acérrima del Presidente. El poder legislativo controlado por convenencieros, acomodaticios, chapulines y trepadores que sin ambages muestran su naturaleza de hombres corcho (y mujeres, concesión oportunista de mi parte para que no parezca que hago menos a las feministas): suben o bajan con la marea, van para donde los lleva la corriente, cambian con los vientos fuertes y siempre se mantienen a flote.

Debo reconocer que hay cosas que están funcionando, aunque no entiendo por qué. Si la economía, la seguridad, la salud, las inversiones, los servicios públicos, la educación, las obras públicas, etc., etc., no arrojan buenos resultados, no entiendo por qué el Sr. Presidente tiene una aprobación de casi el 70% de la población. Algo ha de estar haciendo bien.

 

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