Jesús Eduardo Martín Jáuregui

España, a partir de la muerte del caudillo Francisco Franco no ha dejado de sorprendernos, con diversas y esperanzantes acciones democráticas. Desde la mismísima preparación e investidura de Su Majestad Don Juan Carlos de Borbón, que apostó por una monarquía republicana. El esforzado y brillante trabajo de Don Adolfo Suárez como artífice (no único pero sí principalísimo) del Pacto de la Moncloa, creador de la moderna constitución española, que privilegió las coincidencias sobre las disidencias. La gesta de S.M. Don Juan Carlos cuando la irrupción del Teniente Coronel Antonio Tejero, tomando con el apoyo de un grupo de las fuerzas armadas el Congreso de los Diputados. La vocación iberoamericana de la corona española. Las alternancias de los jefes de gobierno en el que la jefatura de estado encarnada por el Rey ha mantenido la unidad y la continuidad, la solución final de la negra etapa de la ETA hasta su solución final hace unas semanas y ahora, la primera ocasión en que una moción de censura obliga la renuncia del jefe de gobierno y se entrega, mientras se convoca a elecciones generales, al propuesto en la moción.

El vaso estaba copeteado. Al gobierno de Mariano Rajoy se le había imputado todo. El caso de Cataluña ha sido un dolor de muelas para España y para Europa, posiblemente mal manejado desde el gobierno central español. La gota que derramó el vaso es la sentencia de la Audiencia Nacional en el llamado Caso Gürtel condenó a 351 años de cárcel a 29 de los 37 acusados, consideró probado que entre los años 1999 y 2005 el grupo de empresas de Francisco Correa y el Partido Popular se tejió en diferentes territorios una “estructura de colaboración estable” que llevó a un “auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional a través de mecanismos de manipulación de la contratación pública central, autonómica y local”.

Los jueces estiman que los acusados cometieron delitos de asociación ilícita, fraude a la administración pública, cohecho (activo y pasivo), falsedad en documento mercantil, malversación de caudales públicos, prevaricación, blanqueo de capitales, delitos contra la hacienda pública, tráfico de influencias, apropiación indebida, exacciones ilegales o estafa procesal intentada. Incluye 28 delitos de prevaricación que alcanzan a 194 años de inhabilitación para los condenados. Detalla 24 delitos de cohecho que recaen sobre 12 personas, 26 de blanqueo, 36 de malversación y 20 delitos contra la hacienda pública. La sentencia de 1.687 páginas, incluye un total de 165 penas.

Los hechos se sitúan entre los años 1999 hasta 2005, con algunas actividades muy concretas posteriores, en relación con la organización encabezada por Francisco Correa (Gürtel en alemán) y actividades realizadas con gobernantes provenientes del Partido Popular, en la localidad malagueña de Estepona, en los municipios madrileños de Majadahonda (2001 a 2005) y Pozuelo (2003 a 2005), municipio de Madrid (2002), Comunidad de Madrid (2004 a 2008) y Comunidad de Castilla y León (2002 y 2003).

La sentencia destapó la caja de Pandora y al fondo como en la narración mitológica apareció una pequeña figura que empezó a crecer y tomar forma, la esperanza encarnada en la moción de censura. Esta figura propia de los gobiernos parlamentarios se asemeja por su finalidad a lo que el Sr. López Obrador ha propuesto como la “revocación del mandato”. En España la moción de censura es un mecanismo por el que el Congreso de los Diputados exige responsabilidad política al Gobierno y su objetivo es confirmar si el presidente del ejecutivo cuenta con el apoyo de esta cámara. Para presentarse debe contar con el apoyo de al menos un 10% (35 diputados) y para aprobarse necesita mayoría absoluta, es decir, al menos el apoyo de 176 diputados.

Aprobada la moción, el presidente del Gobierno está obligado a dimitir ante el Rey, y a continuación el propuesto en la moción jurará su cargo también ante el jefe del estado, integrará su equipo de gobierno y habrá de convocar a elecciones generales. Conviene recordar que el Partido Socialista Obrero, el de Pedro Sánchez, sólo cuenta con 84 diputados, sin embargo en la sesión extraordinaria estuvieron presentes los 350 diputados de las Cortes, y el resultado fue: 180 síes, 169 noes y 1 abstención. La moción de censura recibió el respaldo del Pleno tan solo por cuatro votos más de los necesarios.

No corrió la sangre y esperamos que no corra, con un civismo ejemplar el Congreso español cumplió su función y destituyó al Presidente del Gobierno. El Jefe de Estado, el Rey, que en una república monárquica cumple la función de dar unidad, cohesión, continuidad, representación, y sentido a la nación, o, como en el caso de España, a las diversas naciones que forman el reino, cumplió su función también, recibió la renuncia de Mariano Rajoy y la promesa de Pedro Sánchez, y al día siguiente volvió a salir el sol, el gobierno continuó trabajando, el país siguió andando y el pueblo español, sin duda perplejo, apreció como los mecanismos democráticos de control del gobierno plasmados en su constitución, funcionaron a plenitud.

Sin duda la que sí correrá y mucha será la tinta. Sin duda ocupará un lugar premiente en las reflexiones públicas y privadas la cuestión del “precio” que Pedro Sánchez, habría pactado por los votos de apoyo de los partidos opositores, que le permitieron sumar la mayoría absoluta que requería la moción de censura. El apoyo vascuence y el catalán, no puede menos que despertar recelo para los que apostamos por una España unida y que vemos a los nacionalismos, Octavio Paz dixit, como una aberración de la cultura. De la sesión extraordinaria merece la pena rescatar la intervención de la diputada canaria Ana María Oramas González-Moro, quien en una extraordinaria pieza oratoria advirtió a Pedro Sánchez el peligro de pactar con quienes quieren “romper a España”.

Pocos países en el mundo han sido crisol de tantas razas y culturas como lo ha sido España, pocos han tenido la vocación mística, aventurera, artística, visionaria y en un tiempo retardataria, pocos que hayan enarbolado el pendón de la conquista y al mismo tiempo el del derecho de gentes, su historia y su obra ha sido de claroscuros en que sin los últimos las luces no resplandecerían.

Una vez más España nos ha dado una admirable lección de democracia. ¡Qué sea para bien de ella, de los españoles y de los pueblos que llevamos como destino, sangre de ese crisol milenario!.

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