Noé García Gómez

Inicio este artículo con una cita de uno publicado el 19 de septiembre de 2015, fecha en que se conmemoraban los 30 años del terremoto de 1985, publicado en este mismo diario “Cuando ocurrió el terremoto del 19 de septiembre de 1985 tenía 6 años de edad, pero recuerdo cómo las imágenes en televisión me impactaron, ver gente común, con el rostro y cabello empolvado quitando pedazos de escombro de los edificios derrumbados, como propagaban las noticias de personas rescatadas, me llenaban de tensión y temor… Por primera vez no importó las clases sociales o el nivel académico, se pasaban herramientas e implementos para los que colaboraban en el rescate, y paralelamente se formaban improvisadamente centros de acopio y albergues para los afectados.” El pasado martes surgió un deja bu, vi cómo mi hijo de 14 años miraba atónito la solidaridad del pueblo de México, 32 años después ocurrió un desastre similar, pero también 32 años después la solidaridad del pueblo civil mexicano dio muestra de que no tiene límites.

Pero también vi como, en esta ocasión corporaciones de gran respeto y vocación patriótica encabezaron los trabajos, el Ejército, la Marina, Protección Civil, Bomberos, Políticas, se mezclaban con estudiantes, trabajadores, amas de casa, comerciantes, profesionistas para colaborar en la organización y rescate, utilizando perros adiestrados, se convirtieron en brigadas salvadoras. Imágenes que me llenaron de impotencia y esperanza. Impotencia de estar tan lejos, esperanza de que los mexicanos podemos unirnos para cambiar las cosas.

Pero también emerge lo oscuro, como la rapiña, el oportunismo político y amarillismo mediático. Vimos la rapiña no solo de algunos desadaptados, sino de funcionarios del gobierno de Morelos que de forma inexplicable secuestraban tráileres con apoyo o impedían el paso de cargamentos; el oportunismo político iniciado con la considerada populista propuesta de López Obrador de donar dinero de Morena para campaña, cuando la clase política midió la aceptación de dicha medida, la convirtió en el solidario y benevolente sacrificio de los demás partidos; el amarillismo mediático, encabezado por Televisa, donde se creó una historia para obtener rating con la niña Frida Sofía del Colegio Enrique Rébsamen, que usando sus poderosos contactos, “obtenían” “información” “privilegiada” de una telenovela que duró horas, y al final desprestigiaron y exigieron los conductores informativos cuentas y explicaciones a una institución como la Marina.

Todo lo anterior me lleva a ciertas preguntas y cuestionamientos, ¿los recursos del sacrificio monetario de los partidos que mecanismo de transparencia y fiscalización tendrá? ¿Qué lineamientos y criterios se utilizará para la ayuda? ¿Hasta cuándo escucharemos de parte de los partidos que nos presuman su magnánima acción? ¿Será tema de campaña, donde debatan quien dio primero y quién más? En cuanto al distractor mediático de la niña Frida ¿Quién tendrá responsabilidad en el mal manejo de la información? ¿Con qué intención se realizó? ¿y si aparece algún cuerpo de niños en esa área? ¿Por qué cuando se dijo que no era una niña sino una adulta de intendencia se relajaron los trabajos? Pero también ¿Quién dio los informes de protección civil para autorizar esa escuela? Lo mismo con la fábrica de costura ¿Qué autoridad dio los permisos para dicho negocio?

Son tantas las preguntas que después de que pasen los trabajos se tiene que hacer un profundo análisis. Con el afán de aprender, como lo fue en 1985, generar protocolos de uso de la información, de las redes sociales, de la comunicación.

El suceso de 1985 no solo cimbró la tierra de la Ciudad de México, sino cimbró las conciencias de los habitantes de esa ciudad. La gran cultura política, democrática y participativa del DF tiene una larga construcción, y parte de ese camino fueron los sucesos que detonaron el terremoto, el presente desastre creo que cimbrará las conciencias de todo México, y que ante este otoño gris del 2017 podrá una primavera mexicana, una primavera democrática en 2018.

 

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