NOÉ GARCÍA GÓMEZ

En mi colaboración pasada describí las condiciones de la nueva coyuntura política, donde un partido (MORENA) y/o un liderazgo (López Obrador) tienen una amplia mayoría en el Congreso de la Unión en más de la mitad de las legislaturas estatales y el Ejecutivo, están trastocando la actual conformación del Sistema Político Mexicano, y el reflejo más claro es en el comportamiento de lo que será (o es) la oposición.

Como lo escribí Barrientos del Monte, describe claramente “Así como no puede existir democracia sin elecciones, habría que agregar que tampoco sin oposición.”

Hoy profundizaré en la oposición pragmática, encabezada por el PRI (que extrañamente todavía es este partido titular del ejecutivo, aunque después de la elección no pareciera).

Primero es importante diferenciar una política pragmática y un pragmatismo político. El primero actúa por que las acciones favorecen y producen resultados satisfactorios, mientras que el segundo guiado por la sola conveniencia sectaria. ¿En cuál concepto se ubica? Ellos dirán que en la primera, pero en el fondo es producto de la segunda.

Después del resultado del año 2000 donde el PRI dejó de encabezar el Poder Ejecutivo, rápido entendieron que tender puentes con el gobierno en turno era más práctico y redituable que oponerse. Llegar a acuerdo, aun sacrificando principios o proyectos, con tal de seguir influyendo en las decisiones del poder se volvió una herramienta que encontró réditos políticos y electorales.

Así ocurrió en los sexenios de Fox y Calderón, se agazaparon, acordaron, cogobernaron y finalmente dieron el zarpazo primero para conservar buena parte de las gubernaturas, avanzar en las cámaras legislativas  y finalmente dar el zarpazo y recuperar el poder en 2012.

Hoy en la actual coyuntura se han mantenido discretos, sin polemizar con el nuevo gobierno, algunos dirían que prudentes, pero más bien sigilosos como lo son los zorros, analizando y olfateando el contexto para cuando tengan mejores elementos para actuar.

Repito tienen el antecedente de que si tienen paciencia y mesura podrán influir en temas que les interesen, se presentarán ante el ciudadano como una opción moderada y madura, que apuesta a que le “vaya bien” al gobierno, para que le “vaya bien” a México.

Jugarán ese juego ambivalente pero prudente, criticar pero acordar, oponerse pero proponer, donde todo estará calculado para que tenga un efecto positivo tanto en la nueva mayoría, como en círculo de opinión, así como en la ciudadanía.

Su oficio aprovechará los dos extremos, el de la tentación mayoritaria, como el de la frustración de las otras minorías. ¿Lo anterior es garantía de tener réditos políticos y/o electorales? No, pero la experiencia, nos dice que es un juego que conocen y saben jugar y como todo ente pragmático se irá adaptando dependiendo las circunstancias.

La realidad es que en la época llamada democrática de México, la oposición jamás había lucido tan débil, no solo en posiciones legislativas, sino en resultado electoral, la ventaja de AMLO sobre el segundo fue de más de 30 puntos porcentuales; pero también luce desarticulada y todavía aletargada del golpe recibido el 1 de julio de este año.

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