Por Francisco José Aceves Díaz

Hola de nuevo amigo lector:

Una característica intrínseca del mexicano es que es capaz de olvidar mucho antes de perdonar, al igual que un gato persiguiendo un láser su capacidad de atención en las situaciones de actualidad va de la mano con que no encuentre algo más interesante con que distraerse. Y si bien, no es correcto generalizar, la actitud de las oposiciones en México de los últimos años no hace más que darme la razón sobre esta opinión.

Con el paso de los años se ha vuelto nuestro pan de cada día el escuchar a los políticos en el gobierno realizar acciones, e inmediatamente sus contrapartes de la oposición saltan directo a la crítica, en ocasiones sin siquiera estar seguros de qué están hablando. Y esto es porque vivimos en una democracia partidista donde los si intereses de la población no encuadran en los de algún partido, estos pasan a ser prescindibles. Claramente prefieren fallarle a la gente que votó por ellos que por fallarles a sus superiores; esta devoción por los colores los llevan a crear una política sumamente visceral y divisoria… Pero además sin sentido, como perro con juguetes nuevos la oposición busca morder más de lo que realmente puede morder. No acaban de protestar (sin solucionar nada aún) del aeropuerto de Santa Lucia, cuando ya están protestando por la masacre de los LeBaron, y en un parpadeo ya estamos hablando de nuevo del avión presidencial.

Esta impetuosa necesidad de llevarle la contra al oficialismo no es nueva, recordemos que el actual presidente se desempeñó por doce años como la voz de la oposición siendo extremadamente crítico con la inseguridad, los precios de los combustibles, entre muchas otras cosas. Cómo olvidar sus declaraciones sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, o el cada vez más lejano incendio a la guardería ABC… Pero ahora en el poder: Silencio. Alguna que otra declaración para apaciguar a las familias, pero si hay algo que le debo reconocer a AMLO es que definitivamente el lleva la batuta, él decide los temas políticos que se van a discutir en sus mañaneras, mientras que la oposición de inmediato salta, olvidando con ello lo que les molestaba la semana anterior.

Y es que en una democracia partidista, o democracia de colores como la llamo yo, mientras la fidelidad a un color y el odio a otro sea la pauta que dirige este país, estamos estancados.

Pero el mayor error aquí es nuestro como sociedad… Hemos fallado dejándonos llevar también por los ímpetus de los colores y de los falsos mesías que como sociedad nos hemos concentrado más en buscar cómo dividirnos, cuando es momento de buscar acuerdos, dejar de guiar nuestra vida por ideales de colores y empezar a pensar ¿Cómo alcanzar nuestro verdadero bienestar como sociedad?

Ese para mí es el reto de esta nueva década: Buscar qué nos une, y trabajar sobre una base en común para poder salir adelante como sociedad, ya que como se dice: Una casa dividida no se puede sostener.

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