Saúl Alejandro Flores

Amables lectores como ya he venido en estas semanas hablado del marco normativo, regulación, planeación y gestión del recurso, he decidido no sólo detenerme un poco, sino regresarme a un pasado inmediato como fue el escenario en el cual se aprobó y entró en vigencia la Ley de Aguas Nacionales en 2004, debo decir que las actitudes y visiones se han modificado, pero de una manera notable los escenarios sí han sufrido modificación al incrementarse situaciones de riesgo y complejidad, sin concretizarse posibles soluciones a la ya tradicional problemática, pasemos pues al tema. En México, de acuerdo a múltiples declaraciones del gobierno, se reconoce al agua como un asunto estratégico y de seguridad nacional, sin embargo al día de hoy no existe una política nacional congruente, ni mucho menos acciones que lo validen. Es necesario definir una política realista, acorde con las tendencias mundiales en cuanto a su gestión, pero con las características que las condiciones del país exigen, considerándolo un elemento central de la política ambiental, y más aún, un factor clave de la política de desarrollo social y económica, ya que su disponibilidad condiciona la posibilidad de desarrollo de algunas regiones del país y su calidad es factor determinante para la salud y bienestar de la población.
De acuerdo al artículo 27 constitucional en su párrafo quinto, el agua de los ríos, lagos y acuíferos es propiedad de la nación y corresponde al Poder Ejecutivo su administración, (no propiedad) lo que ha mantenido la gestión del agua centralizada y sin participación de los estados.
En esta materia, el artículo 27 constitucional no contempla la corresponsabilidad de los estados federales y no ha sufrido modificaciones desde 1917, cuando la visión del recurso, su disponibilidad y los criterios para su gestión no tenían las bases de integralidad que el agua exige actualmente por sus condiciones de escasez, contaminación y competencia por su uso. Actualmente la Federación cuenta para ello, con dos instrumentos principales:

a) La Ley de Aguas Nacionales (modificada en 2004 en un proceso en el que su conceptualización se dio en el Congreso de la Unión, con poca participación de la CONAGUA y rechazada en principio por el Ejecutivo Federal, logró ser aprobada incluyendo modificaciones planteadas por personalidades del sector que lograron llegar a los redactores y quedó un documento muy polémico, ya que no llega a donde algunos quisieran, planteando modificaciones complejas e incompletas, pero que incluye conceptos que muchos, entre ellos la parte centralista, nunca hubieran aceptado. Plantea la descentralización, pero no la concreta y la deja a la lucha que los actores librarán en el terreno político de la concertación de intereses, en la que se establecen los principios e instrumentos para el aprovechamiento y preservación del agua; y

b) La Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), autoridad responsable de la administración del recurso, con una visión eminentemente centralista y con escasa capacidad para cumplir toda la responsabilidad que la ley le asigna y a la que se han aferrado sus administraciones.
Adicionalmente, en nuestro país cada seis años se elabora el Plan Nacional de Desarrollo, en el cual se plantean las prioridades, objetivos y estrategias que la administración pública federal se fija para el periodo sexenal. En este Plan se delinean las políticas social, económica, interior y exterior, que establecen el marco que norma la acción del gobierno.
En el Plan Nacional de Desarrollo vigente se reconoce el valor esencial que tiene el agua como elemento estratégico, bajo una visión transversal para atender las necesidades básicas de la población e impulsar el desarrollo de las actividades económicas del país, en un marco que antepone, como requisito fundamental, el cuidado y preservación del medio ambiente.
En este contexto, el Programa Nacional Hídrico 2013-2019 es el programa sectorial del Plan Nacional de Desarrollo para la presente administración federal. En él debieran integrarse los resultados de un proceso de planeación que formulado desde la base, estuviera caracterizado por una amplia participación de usuarios, autoridades locales, organizaciones no gubernamentales y sociedad organizada en la definición de la problemática, las prioridades y las alternativas de solución para las diferentes cuencas y acuíferos del país. Este programa, fundamental para la gestión del agua, fue formulado como tradicionalmente se ha realizado desde su concepción, con una consulta superficial y básicamente con un enfoque burocrático de las pretensiones de la autoridad.
El Programa Nacional Hídrico plantea la situación actual que guardan los recursos hídricos en México, hasta donde son conocidos por CONAGUA, revisando la evolución histórica que han tenido los aspectos de cantidad, calidad, usos y sus efectos; se analizan y algunos de los posibles escenarios de largo plazo, se define la visión del sector; los objetivos y las metas a lograr en el periodo, así como las estrategias y líneas de acción.
Desafortunadamente, la falta de participación de usuarios y sociedad y por ende, su falta de compromiso con los planteamientos, no permiten alcanzar en la realidad los resultados deseados por una parte, ni fijarlos en términos reales a las condiciones prevalecientes y en muchos casos urgentes. Entonces, cuál viene a ser el dilema o propuesta, en breve es decir, en un año, por la inercia de los resultados electorales del proceso 2018 cambiarán los directivos de la CONAGUA, con ellos obligatoriamente deberían de cambiar las visiones, romper con las inercias que no han contribuido favorablemente, es importante dar continuidad a lo positivo, programas y acciones necesarias, pero el enfoque debe ser distinto, buscando concretizar esa trama que ha sido imposible en hilar, concretizar los conceptos y visiones, conjuntar bajo corresponsabilidad a los actores del agua, a usuarios y sociedad, urge plantear en este año que aún queda el diseño de una autoridad nacional del agua que logre articular y transformar positivamente al sector agua, (continuaré la próxima semana). Porque recuerden que urgen acciones que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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