Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores continuamos con la temática de los obstáculos en la planeación y regulación, que como lo anticipé les mostraré algunos números o cifras que den soporte a las reflexiones que les comparto, ahora hablaremos de algunos aspectos de la política hídrica y su planeación. Pasemos entonces al tema. Política hídrica. Con el fin de determinar las estrategias para superar los retos que se presentan para lograr un manejo integrado y sustentable del agua en México, se han evaluado posibles escenarios de los usos del agua en el horizonte que se establezca en su momento en el correspondiente Programa Nacional Hídrico.
Considerando los retos actuales y la trascendencia del recurso hídrico en el bienestar y el desarrollo de México, es necesario que México sea una nación que cuente con seguridad en el suministro del agua que requiere para su desarrollo, que la utilice de manera eficiente, reconozca su valor estratégico y económico, proteja los cuerpos de agua y preserve el medio ambiente para las futuras generaciones.
En este sentido, para avanzar hacia ésta visión, se ha considerado como elemento central un cambio de paradigma, incidir en la reducción de la demanda, en vez de continuar con un enfoque de incremento en la oferta. Éste cambio de paradigma reconoce que no podemos continuar indefinidamente con un enfoque que privilegia la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento por encima de un uso más eficiente del recurso con el que ya contamos. Este planteamiento lleva también a la toma de conciencia de que el agua no debe ir a la zaga del desarrollo urbano para satisfacer sus demandas, sino debería ser indicador de una obligada reorientación del mismo y de los parámetros regionales del desarrollo nacional.
En cuanto al proceso de planeación es importante considerar que para diseñar una verdadera política hídrica es necesario llevar a cabo un proceso partiendo de éste cambio de paradigma y de por lo menos estos seis principios rectores: a) El desarrollo del país debe darse en un marco de sustentabilidad; b) El agua es un recurso estratégico de seguridad nacional; c) La unidad básica para la administración del agua es la cuenca hidrológica; d) La gestión de los recursos naturales debe ser integrada; e) Es necesaria la corresponsabilidad de los estados en la administración del agua; y f) Las decisiones deben tomarse con la participación de los usuarios, incluyendo a los municipios.
Estos principios, constituyen una síntesis de los resultados de los diversos foros internacionales en relación con el agua. A ellos debe incorporarse la obligación del Estado de garantizar el agua suficiente a la población para su subsistencia, lo que no se trata solamente de derechos reservados, sino de que la orientación del crecimiento urbano, comercial e industrial es una responsabilidad que termina en la dotación de los servicios indispensables y el costo con que deben enfrentarse.
En este sentido, el diseño de la política hídrica se debe realizar partiendo de la percepción local para integrarla a nivel nacional, es decir, construirla “de abajo hacia arriba”, abarcando las siguientes fases: a) Mantener la división del País en 13 regiones hidrológico administrativas; b) Determinar los datos básicos de cada región a través de los diagnósticos hídricos en consenso con los usuarios, para establecer lineamientos estratégicos para el desarrollo hidráulico de las regiones; c) Formular programas hídricos regionales y con los resultados de este proceso regional realizar un esfuerzo de síntesis y homologación para un Programa Nacional Hídrico; d) Como parte del Programa Nacional Hídrico que venga para el siguiente sexenio incorporar los Programas Hídricos Regionales, los cuales identifican, para cada una de las regiones hidrológico-administrativas en que se dividió al país, las metas y acciones específicas que contribuirán a alcanzar las metas nacionales.
Es importante resaltar que el diseño de la política hídrica, debe contar con una participación fundamental de usuarios, autoridades locales, organizaciones no gubernamentales y ciudadanos en general a través de diversos instrumentos de consulta como los Consejos de Cuenca, la participación de las autoridades estatales como corresponsables del proceso, las organizaciones existentes de usuarios y el Consejo Consultivo del Agua.
A reserva de contar con los resultados de la consulta y los planes regionales, la política hídrica debería orientarse hacia los siguientes objetivos nacionales:
1. Fomentar el uso eficiente del agua en la producción agrícola, dando a su explotación un costo, aunque fuera en forma simbólica, como en cualquiera de los otros usos. 2. Fomentar la ampliación de la cobertura y la calidad de los servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento, reestructurando las bases y eliminando los obstáculos ya reconocidos y planteados por la organización de sus prestadores, apoyando los esquemas de regulación y búsqueda de eficiencia. 3. Lograr el manejo integrado y sustentable del agua en cuencas y acuíferos, estableciendo las bases de la recuperación de su balance equilibrado. 4. Promover el desarrollo técnico, administrativo y financiero del sector hídrico. 5. Convenir con los estados, en la medida de su desarrollo y voluntad política, la corresponsabilidad de la administración del recurso, con base en la LAN modificada o la Ley General de Aguas que se ha proyectado y que ya es una necesidad su entrada en vigor. 6. Consolidar la participación de los usuarios y la sociedad organizada en la gestión del agua y promover la cultura de su buen uso. 7. Disminuir los riesgos y atender los efectos de inundaciones y sequías.
Continuaré con este tema amable lector, no sin antes recordarles la sentencia con que concluyo cada semana este espacio, de que es necesario actuar e implementar una verdadera política hídrica que permita que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.
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