Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores continuamos con los pormenores e información correspondiente al sector agua, para en las subsecuentes colaboraciones entrar de ello, es importante conocer lo que prevalece en el sector agua sus números y cifras que inciden, pasemos entonces a detallar: Con respecto a la población, en las últimas décadas prácticamente se quintuplicó, pasamos de ser 25.8 millones de habitantes en 1950 a casi 120 millones en el 2015. Esto impacta, desde luego, en la demanda de agua para consumo humano y quizá en mayor proporción, en la demanda de agua para el uso agrícola e industrial.
Las estimaciones al año 2030 indican que la población crecerá en 94% con respecto a la actual, de ésta el 50% estará concentrada en 31 ciudades con más de 500 mil habitantes, la mayor parte de ellas en las zonas de menos disponibilidad.
Por otra parte, la desigual distribución del agua en el tiempo y en el espacio representa, por sí misma, un reto para el aprovechamiento sostenible del recurso. A nivel nacional, el 77% de la precipitación se presenta entre junio y octubre. La precipitación media anual histórica (1941-2004) es de 773 mm.
Este reto se complica aún más cuando, paradójicamente, la población, la actividad económica y las mayores tasas de crecimiento se concentran en el centro y norte de México, donde la disponibilidad natural de agua es menor. En esas zonas, donde solo se tiene la tercera parte de la disponibilidad natural, se asientan tres cuartas partes de la población y se genera del orden del 85% del Producto Interno Bruto –PIB- (como una forma de medir la actividad económica de esa región). En contraste, en la zona sur de México, donde se presentan dos terceras partes del escurrimiento, se asienta solo la cuarta parte de la población y se genera del orden del 15% del PIB.
En este sentido, el incremento de población hará que la disponibilidad natural media de agua por habitante a nivel nacional disminuya de 4,446 m³/hab/año en el 2005, a 3,721 m³/hab/año en el 2030.
La presión sobre el recurso en las zonas de alta demanda y escasa disponibilidad, ha provocado problemas de sobreexplotación de las cuencas y acuíferos cada vez más graves; para ejemplificar lo anterior baste decir que a partir de la década de los 70 ha venido aumentando sustancialmente el número de acuíferos sobreexplotados, de 32 en 1975, 80 en 1985, 97 en 2001 y 100 en el 2009. Es importante señalar que de éstos se extrae casi el 60% del agua subterránea para todos los usos.
Adicionalmente a los acuíferos sobreexplotados, existen 17 acuíferos con problemas de intrusión salina ubicados en los estados de Baja California, Baja California Sur, Colima, Sonora y Veracruz. Entre éstos se encuentran Maneadero y San Quintín en Baja California, Santo Domingo en Baja California Sur; Caborca, Costa de Hermosillo y San José de Guaymas en Sonora, lo anterior, no excluye otros que se han venido agregando en la última década.
Otro factor que representa un reto para lograr el manejo sustentable del agua en México, es que la mayoría de los cuerpos de agua superficial del país reciben descargas de aguas residuales sin tratamiento, ya sea de tipo municipal o industrial, lo que ha ocasionado grados variables de contaminación que limitan el uso directo del agua en otras actividades. Solamente la tercera parte de las aguas residuales municipales que se recolectan en el alcantarillado, reciben algún tratamiento antes de su descarga.
Por otra parte, los patrones de consumo de los distintos usos no favorecen una recuperación de los cuerpos de agua del país.
Por ejemplo, conforme al Registro Público de Derechos de Agua (REPDA), a septiembre del año 2005 se tenía un volumen concesionado de 76 km³ para los usos consuntivos. Este volumen ha representado el 16% de la disponibilidad natural media nacional (escurrimiento natural medio superficial y recarga de acuíferos), y de acuerdo con la clasificación de la ONU, el recurso del país se considera como sujeto a presión moderada. Sin embargo en las zonas del centro, norte y noroeste, este indicador alcanza un valor de más del 40%, lo que convierte al agua en un elemento sujeto a fuerte presión y limitante del desarrollo.
Lo anterior se debe principalmente a que en más del 80% de la superficie de riego, los métodos aplicados son tradicionales y las pérdidas en el uso del agua se estiman entre el 40 y el 60%. En el uso público urbano, las pérdidas oscilan entre el 30 y el 50% del agua extraída, de los cuales un porcentaje importante corresponde a problemas de administración y no solo a fugas. El uso industrial aunque no es un consumidor de agua muy importante, sí representa una fuente de contaminación tres veces mayor que la que representan todos los centros de población, además de ser el uso que paga en su mayor parte, la recaudación de impuestos por explotación de aguas nacionales.
De acuerdo con los resultados de la evaluación de la calidad, las cuencas con mayor grado de contaminación de agua superficial, conforme a la escala de clasificación de la Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO5) y a la Demanda Química de Oxígeno (DQO) son las de: Río Atoyac, Río Lerma-Salamanca, Río Laja, Río Lerma-Toluca, Papaloapan, Río Nautla y Río Moctezuma. Como podrán ver la situación es complicada y en las próximas colaboraciones estaré planteando después de visualizar el panorama las alternativas por las que podríamos optar para actuar y lograr que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

Comentarios: saalflo@yahoo.com

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