A las 12:04 horas, tiempo de México, el eclipse de sol fue visible en la Ciudad, 16 minutos antes de que en Madras, Oregon, el fenómeno se percibiera de modo total.

“¡Ya empezó, ya empezó!?, gritó uno de los investigadores del Instituto de Astronomía de la UNAM, a la gente congregada en el patio del recinto.

Menos de una decena de telescopios se colocaron en el exterior del instituto para que el público en general y la comunidad universitaria pudiera verlo.

Desde las 10:00 horas, empezaron las conferencias y el flujo de gente. El auditorio del recinto se llenó rápidamente. Se colocaron pantallas, una en el interior del instituto y otra más, afuera, para seguir la transmisión de las conferencias.

En la banqueta del instituto, hay una fila de personas para entrar a usar los telescopios por unos minutos.

Algunos papás con sus hijos pequeños se acercaban desde antes del arranque del eclipse solar, que en la Ciudad de México es parcial, de menos del 30 por ciento.

Tras el inicio, la fila se incrementó.

Los organizadores tienen algunos filtros especiales para ver el eclipse, pero son pocos. Sólo se prestan unos momentos.

También fabricaron unos cartones pequeños con un hoyo para proyectarlo sobre una hoja blanca.

?¿Que no decían que, si estaba embarazada, no le convenía verlo??, preguntó un visitante.

?¡Ay no, por favor! No digas eso?, le respondió una de las anfitrionas del instituto.

Aquí, las supersticiones no tienen cabida.

En la explanada del Palacio de Bellas Artes, el eclipse parcial del sol no interrumpe el trajín cotidiano. La gente la atraviesa sin alzar la vista, mientras quienes se detienen lo hacen para retratar el Palacio de Bellas Artes o los pegasos que lo flanquean.

Bajo un cielo despejado y un sol que obliga a buscar refugio entre las columnas del recinto marmóreo, unas cuantas personas se detienen para mirar de reojo, o intercambian sus gafas por unas oscuras para levantar la cabeza por unos segundos y proseguir su camino

No faltan quienes traen su vidrio de soldar de sombra 14 para seguir paso a paso el eclipse.

“Mira, ya empieza”, dice a una mujer, emocionada al constatar cómo el sol comienza a verse “mordido” por la luna.

Cuando el cielo se nubla, los jóvenes, sobre todo, con lentes de sol o sin ellos, se aventuran a mirar a pesar de las recomendaciones de no hacerlo.

“Corremos el riesgo”, admiten.

Donde más se concentran los seguidores del eclipse es en la Plaza de la República, donde incluso se tienden en el piso de cara al sol, que a ratos desaparece entre las nubes.