La falta de equidad en la distribución del ingreso y la riqueza ha generado una situación de empobrecimiento de amplios sectores de la población. Particularmente, los bajos salarios, la desocupación y la subocupación obligan a muchas familias a recurrir a diferentes medidas para generar ingresos, entre las que se encuentra el trabajo de sus niños y niñas.

Con datos del INEGI, de las niñas y niños ocupados, 38.9% aporta de su ingreso al hogar, situación que se presenta en cinco de cada 10 (50.4%) de los ocupados en trabajo peligroso, y en 20.6% de los ocupados por debajo de la edad mínima.

Los motivos por los que la niña o el niño trabajan, se relacionan con la necesidad del hogar para que el menor trabaje. De los niñas y niñas en ocupaciones no permitidas, 22.1% lo hace para pagar sus estudios, sus propios gastos y 28.5% es porque su hogar necesita de su trabajo o aportación económica.

TRABAJANDO EN CASA. También el trabajo doméstico no remunerado y el cuidado de otros al interior de los hogares pueden limitar y violentar los derechos de los niños. La tasa de trabajo doméstico en condiciones no adecuadas fue de 4.7 por cada 100 niñas y niños de 5 a 17 años de edad. De este grupo, 27.9% se encuentra en esta categoría debido a que realiza actividades domésticas en horarios prolongados, en tanto que 72.1% las hace en condiciones peligrosas, es decir, en un medio insalubre que supone la manipulación de equipos peligrosos o pesados, o bien, en lugares peligrosos.