Por J. Jesús López García

Una de las maneras tradicionales de formar un patrimonio es por medio de una propiedad raíz. En su libro “Ciudades rebeldes”, el investigador David Harvey comenta que en Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial, fue una política de Estado fomentar la propiedad de la casa propia. Con esa medida, se daba auge a la industria de la construcción, se ofrecía a crédito una vivienda a quienes regresaban de combatir por algunos años fuera de su país y se incentivaba mediante la posibilidad de una hipoteca, a acceder a más crédito para establecer un negocio.

En nuestro país México, tal vez como reflejo de ello, la casa particular también se contempló desde ese momento como piedra angular del patrimonio familiar. En Aguascalientes coincide ese fenómeno con el de la creación de los primeros fraccionamientos a mediados del siglo pasado. No es que las colonias obreras y residenciales de medio siglo antes no fuesen vistas como inversión, pero en el caso de las colonias de trabajadores, la vivienda era vista más como una facilidad para que el obrero pudiese establecerse cómodamente cerca de su centro laboral y ser más productivo, en tanto que en las colonias residenciales, se apreciaba más la propiedad como un medio para regalarse momentos de esparcimiento en casas campestres, reflejo del deseo tradicional de ser terrateniente aunque fuese en una parcela urbana más pequeña.

Actualmente la propiedad raíz sigue siendo un patrimonio hasta cierto punto seguro, la sobreoferta no ha colapsado el mercado como en España en 2008, pues la economía de la entidad gracias a la producción automotriz, permanece fuerte por el momento, lo que hace de nuestra ciudad y su zona metropolitana un sitio demandado para vivir en ella. El problema con la casa es que es una propiedad estática, su valor reside en su constitución física, sus dimensiones y en buena medida en la especulación, todo ello, factores extrínsecos que inciden en el objeto.

Los fraccionamientos típicos en nuestra ciudad preveían solamente a la vivienda como componente principal y único, pero la dinámica económica de varios puntos de Aguascalientes van comenzando a despertar otras potencias en el tipo de construcción: en calles tributarias a algún edificio importante en cuanto a su dinámica de ocupación -por ejemplo la Torre Bosques- o a algún distrito de alta movilidad, el uso de suelo va cambiando de manera natural a veces para disgusto de los vecinos afincados en el lugar, y con ello la edificación también empieza a variar.

De lo anterior surge otro tipo de patrimonio inmobiliario “dinámico”, donde su potencialidad no es extrínseca en su mayor parte, sino que se relaciona con las posibilidades funcionales y de uso del mismo inmueble. De esa manera las esquinas que se habían quedado sin construir en muchos fraccionamientos residenciales empiezan a favorecer la creación de pequeños centros comerciales y de servicios, lo que cambia también la manera de habitar su entorno.

Cuando empezaron a tener auge los fraccionamientos en nuestra ciudad, se les vio como la panacea del vivir moderno; las distancias no importaban ya que para ello estaba el auto, para abastecerse de bienes de consumo se buscaba la apertura de los centros comerciales. El vivir tradicional se apreciaba viejo y sin brillo. De nuevo en Estados Unidos primero, se comenzó a revalorar desde los años 70 del siglo pasado la mezcla de usos de suelo para reconfigurar distritos urbanos a la usanza tradicional y a ese proceso le llamaron “Nuevo Urbanismo” que de nuevo tenía poco pues era la configuración occidental tradicional. En Aguascalientes ya se tenía ese “nuevo” urbanismo en su centro y sus barrios tradicionales donde vivienda, comercio y servicios han convivido siempre, al punto de que sigue siendo el centro de la ciudad -aunque con muy pocos habitantes fijos-, el sitio mejor equipado de Aguascalientes, y sin requerirse el uso extensivo del auto.

Ahora los fraccionamientos van paulatinamente adecuando algunos predios para la construcción de centros de comercio y servicios para paliar un poco su ausencia en entornos pensados originalmente como totalmente residenciales. Para muestra de lo anterior, existe en la avenida Prof. Enrique Olivares Santana esquina con la calle Canadá, en la primera sección del fraccionamiento El Dorado, unos locales comerciales.

Es un edificio sencillo y bien compuesto que ubicado en esquina invita a su contexto a tomarle como punto de reunión. Éste tipo de construcciones van tomando su lugar como se dijo, en predios que se habían pensado en origen para vivienda, pero a menudo que la ciudad crece y por ende las distancias se vuelven mayores, se hace importante el tener a mano edificaciones como esta que sirven para diversificar el patrimonio con base en la propiedad raíz, y a la vez, fomentan el crecimiento económico del sitio donde se constituyen.

Afortunadamente para las diferentes secciones de la ciudad, cada vez aparecen este tipo de soluciones comerciales que brindan un servicio inmejorable a los residentes, los cuales ya no tienen que trasladarse a otras zonas para abastecerse.