Luis Muñoz Fernández

Subiendo de nivel, lo que está pasando dentro de una célula cancerosa no puede entenderse en su totalidad sin considerar el lugar que ocupa en la intricada red mediante la que se comunica con otras células. Cuando se publicó el artículo “Los rasgos distintivos del cáncer”, los científicos ya habían descubierto que los tumores no son masas homogéneas de células malignas, puesto que contienen células sanas que ayudan a producir las proteínas que necesitan las células malignas para propagarse, atacar a los tejidos sanos y meterse en el torrente sanguíneo. Este ecosistema aberrante se llama microambiente, y se dedican congresos enteros y revistas especializadas para comprenderlo.

 George Johnson. The cancer chronicles. Unlocking medicine’s deepest mystery,2013.

En el mes de octubre de cada año se anuncian los ganadores del Premio Nobel. Este 2018, lo recibirán en la categoría de Fisiología o Medicina son James P. Allison y Tasuku Honjo “por su descubrimiento del tratamiento del cáncer mediante la inhibición de la regulación negativa del sistema inmunológico”, que son las palabras que pueden leerse en la página oficial de la Fundación Nobel (https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/2018/press-release/?related=1). En los siguientes párrafos conoceremos a los ganadores y trataremos de explicar su trabajo y la importancia que tiene su descubrimiento.

El sistema inmunológico de nuestro cuerpo, que se encarga de defendernos de la amenaza de los microbios y los tumores malignos, está formado por numerosos componentes interrelacionados de una manera muy compleja y regulados mediante finos mecanismos para que la defensa sea de la intensidad apropiada, ni demasiado débil (inmunodeficiencia), ni demasiado fuerte (alergia), ni dirigida erróneamente contra nuestras propias células (autoinmunidad).

Por un lado, hay un conjunto de células que circulan y se estacionan en lugares clave de nuestro cuerpo para vigilar lo que está sucediendo y detectar cualquier cosa que ponga en peligro nuestra salud. Por otro lado, ellas mismas producen diversas sustancias químicas, algunas intervienen directamente en la respuesta defensiva (como los anticuerpos) y otras son mensajes para que las células se comuniquen entre sí de manera eficaz. Dependiendo de las necesidades del momento, el mensaje puede ser aumentar o disminuir la potencia de la respuesta defensiva.

Esas células son en buena parte los glóbulos blancos de nuestra sangre, específicamente los llamados linfocitos y los macrófagos. Existen distintos tipos de linfocitos con funciones también diferentes. Los linfocitos B se encargan de fabricar los anticuerpos. Los linfocitos T sedividen a su vez en varios tipos: los T cooperadores, los T supresores/citotóxicos y los T reguladores. De todos ellos, los linfocitos T cooperadores son como el director de la orquesta que nos defiende. Se encargan de coordinar las acciones de las demás células responsables de la parte operativa de la defensa.

James P. Allison trabaja en el Hospital MD Anderson Cancer Center de Houston, afiliado a la Universidad de Texas, uno de las instituciones dedicadas al estudio y tratamiento del cáncer más famosas del mundo. En la década de los noventa, Allison estaba estudiando una proteína llamada CTLA-4 que frena la respuesta defensiva. Esta molécula aparece en la superficie de los linfocitos T para bloquear el estímulo de los macrófagos.

Tasuku Honjo trabaja en la Universidad de Kioto, Japón, y alrededor de los mismos años descubrió una proteína denominada PD-1 que también aparece en la superficie de los linfocitos T. Cuando el linfocito T se encuentra con una célula maligna se activa PD-1 y se frena la respuesta defensiva en contra del tumor.

Desde hace muchos años, los patólogos habían observado con el microscopio que en muchos tumores las células malignas se acompañan de cantidades variables de linfocitos y macrófagos. En los primeros estudios se pudo establecer una relación entre la cantidad de células defensivas en un tumor y su comportamiento, de modo que aquellos con un mayor número de linfocitos y macrófagos solían evolucionar mejor. A mayor defensa, mejor evolución del tumor.

Sin embargo, varias investigaciones posteriores demostraron que algunos tumores con una gran cantidad de linfocitos y macrófagos se comportaban de una manera agresiva y no parecían ser frenados por la respuesta inmunológica del organismo. Esta aparente paradoja que se resolvió cuando se descubrió que en esos casos las mismas células defensivas se inhiben a sí mismas o las bloquean las células malignas debido a la activación de moléculas como CTLA-4 y PD-1.

Este conocimiento permitió desarrollar tratamientos para bloquear a las moléculas inhibidoras señaladas. Estos tratamientos resultaron muy eficaces en algunos tumores malignos, particularmente en el melanoma, un tumor muy agresivo de la piel, y en el cáncer de pulmón, uno de los tumores malignos que sigue cobrándose un gran número de vidas. Los resultados fueron espectaculares incluso en aquellos casos en los que el tumor estaba en una etapa avanzada y había dado metástasis.

El razonamiento del tratamiento es destrabar los frenos del sistema defensivo para que él se haga cargo del tumor. Gracias a esta maniobra, el sistema inmunológico cumple su trabajo con una eficacia admirable. Por ello, las agencias reguladoras de medicamentos dieron luz verde a esta estrategia de tratamiento contra el melanoma avanzado y el cáncer de pulmón. En general, estos tratamientos reciben el nombre de inmunoterapia por inhibición de los puntos de control. Es por las investigaciones de laboratorio que permitieron el desarrollo de estos nuevos tratamientos que Allison y Honjo acaban de ser reconocidos con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2018, dotado con 9 millones de coronas suecas, un millón de dólares aproximadamente.

Ahora mismo están en curso varios estudios para probar la eficacia de la inmunoterapia en otros tipos de cáncer como los linfomas, el cáncer de mama, el cáncer de cabeza y cuello, el cáncer de cerebro y varios más. Científicos y médicos saben que esta estrategia, cuyo enfoque es relativamente simple, habrá de mostrar sus limitaciones conforme transcurra el tiempo y se obtengan más datos. Pero es una nueva arma que se agrega a las ya existentes para limitar el terrible poder del que Siddhartha Mukherjee ha llamado “el emperador de todos los males”.

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