El Heraldo de Aguascalientes

Nueva vida para viejos edificios

Por J. Jesús López García

Es por todos conocida la famosa frase: «Nunca segundas partes fueron buenas», sin embargo, no necesariamente esto ha sucedido, baste recordar lo referente a la segunda parte de Don Quijote de la Mancha o, en su caso, en la refundación de la Staatliche Bauhaus, la célebre escuela alemana de artesanía, diseño, arte y arquitectura fundada por Walter Gropius (1883-1969) en 1919 en Weimar, vuelta a abrir en Dessau desde 1925 hasta 1932 y posteriormente en Berlín desde 1932 hasta 1933.

En la arquitectura las posteriores «vidas», las segundas partes o incluso terceras y más, son un riesgo pues puede ser que el parcial abandono de una finca que antaño tuviese una animación especial o cierto brillo arquitectónico, termine deshaciéndose para reconfigurarse en una construcción cuya única finalidad sea el constituir un espacio más o menos funcional para obtener de él alguna renta, pero a pesar de ello, en los mejores casos las intervenciones subsiguientes, que en no pocas ocasiones conllevan la casi total desaparición del edificio original para rehacerlo desde cero; cuando la nueva intervención es más afortunada que la obra primigenia, la operación nueva posee los argumentos para poder prosperar.

La Basílica de San Pedro actual, obra de autores renacentistas de la talla de Donato d’AngeloBramante (1444-1514), Raffaello Sanzio(1483-1520), rematada por la gran cúpula de Miguel Ángel (1475-1564) y con brillantes intervenciones un siglo después de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), sustituyó al viejo conjunto del siglo IX. La basílica hoy en día es una de las joyas de la arquitectura universal y no hay duda que es superior al edificio que reemplazó. Tal vez ese es un ejemplo radical, sin embargo abundan también intervenciones sobre inmuebles preexistentes en que una ampliación o un cambio estructural no tan importante logran que un edificio común y corriente acceda a un estatus superior en la valoración arquitectónica y artística, tal y como sucedió con la ampliación que Pierre Chereau realizó en estructura de hierro con paños realizados con bloques de vidrio. La ahora conocida como «Casa de Vidrio» de 1932 está en la línea de la casa Rietveld Schröder en 1924 que llevaron a cabo Gerrit Rietveld (1888-1964) con la colaboración de su propietaria Truus Scröder-Schräder (1889-1985), con quien hizo mancuerna en materia de diseño y construcción desde ese momento.

En Aguascalientes las intervenciones posteriores a la construcción original de un edificio han sido constantes y continuas. Durante la época virreinal, siendo una villa humilde, las fincas rara vez correspondían a proyectos terminados. Desde el conjunto del templo de San Diego y su claustro iniciados en el siglo XVII y que se completaron hasta fines del siglo XIX y principios del XX -el Camarín y el templo de la Tercera Orden son del XVIII-, hasta la misma Catedral, surgida como parroquia hace tres siglos y terminada su torre sur a mediados del siglo pasado.

En el México independiente, con el ascenso a la categoría de ciudad y de capital de un nuevo estado federal, nuestra ciudad comenzó a expandirse poco a poco y con ello a modificar de manera importante la configuración de sus edificios. La construcción en adobe fue desplazada en favor del ladrillo y con eso, viejas casonas hechas y rehechas en barro crudo fueron siendo parcialmente reconstruidas con tabique y cerramientos de concreto, cambiando por ejemplo las fachadas que a raíz de ello presentaron vanos más amplios. Con esas modificaciones, casas viejas presentaron un adelgazamiento en sus muros posibilitando la habilitación de locales comerciales más versátiles y espaciosos a la vez que soportando segundos niveles, podían permitir una mayor ocupación, y dado el caso, una mayor rentabilidad.

En la esquina de las calles Zaragoza y Pedro Parga, el edificio original donde se ubicaba una tienda de abarrotes y algunos otros locales, fue ampliado y remodelado por el arquitecto Luis Fernando Rendón hace poco más de 20 años. Desde entonces el edificio ha alojado a más giros de servicio y comercio y presenta en sus actuales tres niveles, una vista más agradable para el conjunto que rigen sin duda el templo de San Antonio y el Museo de Aguascalientes. El grupo como está hoy en día, posee una composición sencilla -en algo similar a lo que realizaba el norteamericano Richard Meier (1934-…)-, es discreto y a la vez muestra la dignidad de una arquitectura con una vocación más urbana al permitir una ocupación múltiple y diversa. Es uno de esos casos donde la segunda parte fue mucho mejor que lo primero o preexistente.

La ciudad de Aguascalientes seguirá al menos por un tiempo expandiéndose, la reutilización a través de la remodelación y la ampliación de viejos edificios es una manera de continuar consolidando puntos de la metrópoli y al mismo tiempo dando nueva vigencia a los inmuebles y a todo su entorno, pero hay que considerar que no todas las intervenciones en edificios anteriores han sido satisfactorias, baste mencionar el bloque original de Hemessé en Madero que fue sustituido por uno de ínfima calidad.