brothersItzel Vargas Rodríguez
Hace pocos días conocí a una chica originaria de Barcelona que me decía “en primer lugar, yo soy Catalana; después, Europea; y al final, Española” ¿Podrá llegar el día en que los latinoamericanos digamos algo similar…?
Compartimos un origen y una lengua en común, tenemos algunas tradiciones similares de la mezcla de lo indígena y lo español, nuestra manera de percibir al mundo es parecida y en general somos gente cálida y alegre. Si nos encontramos en el extranjero a otros latinoamericanos sentimos inmediatamente una identificación, no solamente son nuestros vecinos; son nuestros amigos y nuestros hermanos. Los políticos también hablan de la “hermandad” de nuestras naciones. Sin embargo, vale la pena pensar hasta qué punto hemos sido capaces de estrechar nuestra hermandad.
En un mundo dividido por bloques regionales, América Latina aún no parece ser tan hermana. Europa, por su parte, después de dos guerras mundiales y los antecedentes de la hoy Unión Europea (que se remontan a la Comunidad Europea del Carbón y el Acero), logró consolidarse como una unión económica y monetaria a través del Euro como moneda común y el establecimiento del Banco Central Europeo como organismo regulador de la política monetaria de los países miembros. Europa fue aún más lejos con el libre tránsito de personas en la que los ciudadanos de los países de la Unión Europea pueden moverse libremente, trabajar y establecerse en los países de la unión, sin necesidad de ningún tipo de visa.
Es este proceso de integración regional el que ha dado lugar a un nuevo sentimiento de identidad colectiva: el de los “europeos”. Un griego puede irse a trabajar a Alemania como un ciudadano Europeo.
La relación de México con los países de América Latina ha sido siempre de lazos de buenas relaciones diplomáticas, y en las dos últimas décadas, de tratados de libre comercio con la mayoría de los países latinoamericanos. Sin embargo, si comparamos nuestra integración con la que ha alcanzado Europa, nos encontramos muy limitados. En nuestro caso, no tenemos ni una moneda en común, ni una política monetaria dirigida por un organismo, nosotros aspiramos por ahora a conseguir simplemente una zona de libre comercio.
La iniciativa de la Alianza del Pacífico (conformada por Perú, Chile, Colombia y México) es hasta el momento la relación internacional de México que más futuro parece tener en términos de una integración de mayor profundidad. Esta iniciativa lanzada apenas en el 2011 tiene como intención “avanzar progresivamente hacia el objetivo de alcanzar la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas”.
Esta alianza de países ha conseguido avanzar rápido. Por ejemplo, a partir del cuarto trimestre de este año, la Bolsa Mexicana de Valores se integrará al Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), lo cual permitirá la libre circulación de capitales. Por otra parte, la libre circulación de mercancías avanza muy rápido y se pretende eliminar los aranceles del 92% de los bienes y servicios, además de que los cuatro países eliminaron las visas de turistas entre sí.
¿Cuánto tardará entonces en llegar el momento en que exista la libre movilidad de personas entre los países de la Alianza del Pacífico? Se imagina si en un futuro próximo usted se “aburre” de vivir en México y decide irse a establecerse y trabajar a Santiago, Machu Picchu o a Medellín. ¿Se empezará a llenar México de jóvenes peruanos y chilenos que encuentran mejores oportunidades económicas aquí en comparación de sus países de origen?
¿Llegará el momento en que, como la chica de Barcelona, alguien de aquí diga “En primer lugar, yo soy aguascalentense; en segundo, de la Alianza del Pacífico; y al final, Mexicano”?
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