sapiensDavid Reynoso Rivera Río
Poco a poco, hay más mexicanos que se animan a dar un gran paso en sus carreras profesionales y deciden poner el nombre de México en alto, al igual que vencer todos aquellos tabús que sin lugar a duda distinguen en gran medida el pensamiento del “cangrejismo” mexicano. Con motivo de las fiestas patrias que se aproximan y derivado de los recientes acontecimientos, he decidido en esta ocasión comentar algunos puntos que considero merecen unos minutos de reflexión.
En estas fechas septembrinas, sin lugar a dudas renace en todos nosotros un exacerbado orgullo de ser mexicanos y gritarlo por doquier, desde el hecho de portar vestimentas típicas o comer antojitos mexicanos hasta el ya tradicional y bien aceptado para efectos de la fiesta, grito de ¡Viva México Cabrones! Al ver nuestra bandera ondear o al cantar el himno nacional, realmente sentimos cómo los símbolos patrios brotan vivamente por nuestro cuerpo y fortalecen la identidad mexicana, logrando de esta manera que nuestro corazón palpite aceleradamente de felicidad y orgullo.
Al leer los diversos diarios y estar al pendiente de los medios de comunicación, me llenó profundamente de felicidad observar cómo un mexicano más ha puesto en alto el nombre de nuestro país y ha roto con ese lastre del conformismo, evidentemente me refiero a Javier “El Chicharito” Hernández y su reciente fichaje a uno de los clubes más emblemáticos en la historia del fútbol internacional. Estar en el Real Madrid es, indudablemente, el sueño de cualquier niño en el mundo, que tan sólo apenas comienza a tocar un balón y se enamora de aquel bello deporte ya está convencido de que jugar en un grande es hacer y ser historia.
Sin embargo, y para mi asombro, la respuesta por parte de una gran cantidad de compatriotas no fue la misma. Ver el nombre de un mexicano en uno de los clubes con mayores éxitos, parece ser poca cosa e inmediatamente comenzaron los ataques de envidia y pesimismo para nuestro compatriota. Gran parte del público mexicano comenzó a hacer uso de ese desagradable hábito de desear el fracaso al amigo, al hermano, al conocido y al mexicano en general. Pareciera entonces que el éxito nos parece sospechoso e inalcanzable, de manera tal que cuando vemos a alguien acercarse, simplemente intentamos a toda costa destruir sus sueños.
A pesar de toda la cantidad de contenidos pesimistas, nuestro Chicharito (que para todo aquel pesimista un día es héroe nacional después de anotar un gol a Francia en una copa del mundo y al día siguiente es un simple jugador que pasa el mayor tiempo en la banca) sigue demostrando que existen mexicanos dispuestos a luchar por marcar una diferencia. Su efectividad, a razón de un análisis minutos-goles, lo colocan con estadísticas envidiables para cualquier delantero estrella de la liga que sea, sus declaraciones de ánimo y confianza constituyen a la par de su esfuerzo diario, una de las razones por las que más debemos de admirar a todos los compatriotas como él.
Si bien la vida no es fácil, las oportunidades se presentan pocas veces en la vida y cuando dichas oportunidades se presenten, habrá que poner todo nuestro esfuerzo por lograr superar los obstáculos que se atraviesen. Muchas ocasiones lograremos nuestro cometido y muchas ocasiones quizá no tendremos el éxito deseado; sin embargo, lo importante es intentarlo y luchar siempre por nuestros sueños. Dejar atrás esa mentalidad pesimista y envidiosa, es el principal punto de partida, ya que cuando a uno le va bien, éste puede hacer acciones que permitan que a otro también le vaya bien y así sucesivamente, generando un sinfín de oportunidades a partir de las creaciones y el apoyo colectivo.
A todos los jóvenes que me leen en esta ocasión, los quiero exhortar a reflexionar sobre nuestras actitudes y específicamente hacer un ejercicio que tomará unos cuantos minutos. Cada vez que escuchemos o entonemos “Un soldado en cada hijo te dio” al tenor de las notas de nuestro bello Himno Nacional; tengamos muy en cuenta que cada uno de nosotros con nuestro comportamiento podemos y debemos ser un ejemplo para este país, nuestro México.
No se trata de ser soldados de guerra, sino de ser soldados de valor para lograr que a todos nos vaya bien, será entonces el momento adecuado para sentirse verdaderamente orgullosos y gritarle a todo el mundo en nuestros festejos del grito: VIVA MÉXICO CAMPEONES.

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Twitter: @davidrrr

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