Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Culturalmente se nos ha enseñado que la Navidad es una época donde todo mal se arrincona para darle paso al comportamiento recto y a una disposición moralmente benigna hacia nuestros semejantes, mediante toma de manos comunal para ver si, una vez más, después de 2000 años de tradición, podemos mejorar nuestro comportamiento autodestructivo y ética malsana de desprestigio o aprovechamiento del recurso ajeno para labrar un mejor futuro. Pero claro, la realidad se impone y sólo basta un atisbo al informativo nocturno para disipar nuestro espejismo utópico navideño y darnos cuenta que la amelcochada fantasía de camaradería y adhesión familiar propagada por el cine, sólo funciona en ese universo autocontenido que son las populares películas de la temporada; así que en lugar de la optimista y rosa perspectiva que dichas producciones nos obsequian cada fin de año, vale la pena revisar títulos que, de manera alternativa, manejan las fechas decembrinas desde una óptica, digamos, diferente. Estas cintas tal vez no nos produzcan esa cálida sensación interna que nos impele a entonar villancicos y desearle buena voluntad a los hombres en la Tierra, pero sí generan un entretenimiento depurado que muchos filmes navideños quisieran, pues, ¿quién puede resistirse a la imagen de un alcohólico quien, disfrazado de Santa Claus, fornica con su asistente ataviada de duende al compás del tintineo de sus cascabeles?
“GREMLINS” (1984).- ¿Qué pasaría si mezcláramos la sensibilidad guarra y subversiva de Roger Corman con la persecución de bienestar moral que posee “¡Qué Bello es Vivir!” de Frank Capra, en la licuadora de la posmodernidad? Pues éste delirante brebaje de humor malsano y mucha mala leche cultural que el agudo director Joe Dante confeccionó bajo el auspicio de un entonces arriesgado Steven Spielberg (ahora, el reputado cineasta no tocaría una idea semejante ni de broma). La trama, minimalista y cohesiva, remite a los grandes clásicos de la ciencia ficción de los paranoicos 50’s: un pequeño pueblo se ve asolado por diminutas criaturas de aspecto gargolesco llamadas “Gremlins” que hacen de las suyas mientras una joven pareja y la pequeña criatura llamada “Mogwai” que parió accidentalmente a dichas amenazas (hay que ver la cinta para apreciar en justa dimensión los insólitos pero absorbentes detalles) tratan de detenerlos durante la Noche Buena. Destrucción sin sentido, elementos satíricos y el empleo de diversa retórica visual políticamente incorrecta hace de este un filme navideño imperdible para ver en compañía de la familia en términos disfuncionales.
“UN SANTA NO TAN SANTO” (“BAD SANTA”) (2003).– Billy Bob Thornton aplica su desaliño al máximo en esta jocosa película donde interpreta a un ladrón que se disfraza de Santa de centro comercial para cometer un atraco en compañía de su diminuto compinche Marcus (Tony Cox). La trama se enriquece con la presencia de un chiquillo regordete quien, orillado por el ostracismo y abusos de los que es objeto por su sobrepeso y ñoña apariencia, ve en Thornton tanto una suplencia afectiva por el cariño que no encuentran en casa como una amistad capaz de sustraerlo de su afectado entorno, aun si es objeto de las constantes burlas e insultos de este Santa malandro, abusivo, calenturiento, alcohólico y con boquita de arriero. El director Terry Zwigoff saca todo el jugo posible a esta dinámica y produce una de las comedias más divertidas de los últimos 15 años.
“MENOS DE CERO” (“LESS THAN ZERO”) (1987).– Esta adaptación algo castrada pero muy efectiva del texto debut de Brett Easton Ellis es toda una fábula de retorcida moraleja ambientada en la época navideña sobre la adicción, decadencia y supervivencia física-existencial en la ciudad de Los Ángeles durante los excesivos 80’s. Andrew McCarthy, Robert Downey Jr., y Jamie Gertz son los estelares de esta sombría historia interpretando a un trío de jóvenes adinerados pero familiarmente desatendidos que tratan de sobrellevar la temporada de fiestas decembrinas sin demasiada cocaína en su organismo. Seres autodestructivos que contrastan con el trasfondo festivo tan solo para exponerlos como entidades miserables que resultan fascinantes por esa misma razón.
“DURO DE MATAR” (“DIE HARD”) (1988) – “Ahora tengo una ametralladora…Jo, jo, jo”. Esta sentencia escrita en el suéter que porta el cadáver de un criminal nórdico no sólo produce cierta hilaridad en el contexto de la cinta, también enfatiza la atmósfera navideña que llega a determinar el tono e incluso ritmo narrativo de esta cinta, no sólo una de las producciones del género de acción más añoradas sino también todo un clásico de estas fechas precisamente por no emplear la Navidad como un marco anecdótico, ya que toda su parafernalia se integra simbióticamente con la lucha encarnizada (y muy divertida) que entabla el imparable policía John McClane (Bruce Willis) contra los atracadores europeos liderados por el dimensionado e igualmente aguerrido Hans Grüber (Alan Rickman en icónica interpretación) en un dinámico juego de gato y ratón entre las laberínticas y cristalinas entrañas de la Torre Nakatomi. Sabemos que la cinta ha logrado dejar marca en la cultura popular cuando una frase como “Yippie-Ki-Yay, motherfucker” es sinónima de “Feliz Navidad”.
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