El director del Centro de Integración Juvenil, Mario García Martínez, aseveró que de los 9 mil 137 pacientes atendidos históricamente, sólo se tiene el registro de tres personas que hayan consumido sustancias psicoactivas que se hayan quitado la vida, quienes además ya estaban fuera de tratamiento y de la ingesta de drogas.
Aseveró que las realidades del suicidio y la drogadicción son diferentes y cada una tiene sus propias circunstancias. La primera responde a un desorden mental y las conductas adictivas responden a otros factores, aunque en momentos pueden registrar algunas coincidencias en aspectos de diagnóstico como los trastornos de personalidad, pero no son lo mismo.
En entrevista con El Heraldo, el director del CIJ en Aguascalientes explicó que las personas no consumen drogas para auto agredirse ni para matarse, lo hacen para sentir placer, porque les gusta, y eventualmente desarrolla una adicción, motivo por el cual continúan usándola para no sentirse mal.
Aquellas personas con ideas pre suicidas sí traen la intención de acabar con su vida, las razones internas son diferentes y se relacionan con frecuencia a la situación familiar o personal.
Los consumidores de drogas lo hacen por influencia de amigos o de su entorno, por curiosidad y por oportunidad, y estos dos últimos factores es lo que más influye en la actualidad, movido mucho por la ignorancia de las personas y no precisamente porque se quieran auto agredir.
Esto se encuentra demostrado con personas que consumen heroína, quienes sienten mucho dolor al pincharse las venas inflamadas e incluso infectadas, sin embargo lo hacen, pues buscan el factor placer. El factor del autocuidado se queda dormido cuando una persona empieza a probar drogas.
No obstante, sí deben observarse las agresiones que ocurren de los papás a los hijos, y posteriormente se da a la inversa, luego de un proceso donde los jóvenes entraron a un consumo de drogas u otras adicciones a causa de no haber sido protegidos y cuidados en su infancia y adolescencia.
Cuando los papás comienzan a verse débiles e incompetentes para el manejo de los hijos con consumo de drogas, esos jóvenes encuentran el momento para agredir a los papás y obtener libertad de acción para seguir usando sustancias psicoactivas, sin tomar en cuenta la opinión de sus padres.