Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

A decir de la señora Patricia Ortega Llaguno, última hija del licenciado Edmundo Ortega Douglas, propietario original del castillo que lleva su apellido, y del ingeniero Jorge Ortega de León, hijo del ingeniero Luis Ortega Douglas y sobrino de Edmundo, el constructor del castillo fue el arquitecto Federico Ernesto Mariscal Piña, un arquitecto afamado residente en la Ciudad de México, autor del Palacio de Gobierno del entonces Distrito Federal, el Teatro de la Ciudad de la calle Donceles, etc.

Sin embargo, también se ha afirmado que fue edificado por el maestro de obras Refugio Reyes Rivas, cosa que el protector del inmueble, el señor don Juan Dávila, niega de manera categórica.

A propósito de esta probabilidad, el historiador Andrés Reyes Rodríguez, que hace unos años publicó un par de libros sobre la vida y obra de Refugio Reyes, me dijo que desde luego no existe una prueba concluyente; contundente, en torno a la participación del constructor del templo de San Antonio.

Dice el doctor Reyes: “La probabilidad lógica viene de que en 1924, cuando era gobernador Rafael Arellano, se le pide un proyecto al arquitecto Mariscal para restaurar el Palacio de Gobierno. Mariscal entrega el proyecto; en el archivo existe el proyecto, por lo menos de la fachada, y viene también el proyecto de los espacios del interior de palacio, oficina por oficina. Ese proyecto debe haberle llevado un buen tiempo. Entonces, Mariscal viene a Aguascalientes por esos años; por esos meses, por lo que existe la probabilidad de que Mariscal le haya entregado a Reyes su proyecto del castillo, para que lo llevara a cabo”.

Esa probabilidad se consolida porque entonces Refugio Reyes era un protegido del gobernador Rafael Arellano. Además era el encargado de la obra pública del municipio, y normalmente a Refugio Reyes solían darle este tipo de trabajo. Era un hombre de trabajo, confiable. Pero además tengo un elemento más contundente aún: mi abuelo materno era albañil, concluye Andrés Reyes, y él trabajo con Refugio Reyes en la ejecución de la obra. Claro, falta un documento; un testimonio más directo, que cierre este eslabón, pero la probabilidad es muy alta”.

Aprovechando el viaje, le pregunto a Andrés si tiene alguna idea de cómo fue que un personaje como Mariscal, que años después concluiría las obras del Palacio de Bellas Artes, haya contactado con alguien de esta provincia y aceptado un encargo como este. “Supongo que por los nexos que tienen los gobernantes con el centro; con la Ciudad de México. En el momento en que al gobernador se le ocurre restaurar el Palacio de Gobierno, se hace con dinero federal, y si es así, entonces se llevará a cabo con los arquitectos con los que trabaja el Gobierno Federal. Quizá a Arellano le dijeron: “te damos el dinero para restaurar y el trabajo lo hará este arquitecto”, aunque finalmente la restauración no se hizo. Por cierto que el proyecto es muy hermoso; porque dibuja todo el Palacio de Gobierno”.

Como quiera que haya sido, falta un documento que aclare de manera definitiva cuestiones como ésta.

En otro orden de ideas, bien cabe preguntarse sobre dónde habría surgido la idea de construir un castillo. “Me imagino que como era descendiente de inglés”, contesta don Juan Dávila. “Se dice que cuando era niño don John se lo llevaba a Inglaterra, a conocer, y vería por allá y le gustó, pero eso según dicen, eso no me lo crea. Según dicen, en Escocia, en los límites, hay un castillo como este, cuatro veces más grande y que fue cuando se andaba casando, que mandó a Federico Mariscal a medir. Eso no me consta, pero fíjese: Un día vino un matrimonio, que la señora era escocesa; no hablaba español, pero él era de aquí. Recorrieron el castillo, y yo les conté la historia, y él le traducía a ella, y decían que era igual al que existía allá”.

Bueno, a don Juan no le consta de manera inequívoca si Mariscal fue o no a Europa, “a medir” pero, a final de cuentas, ¿qué importa? El castillo, su forma, es parte del imaginario de Aguascalientes.

En Fin. Vale la pena conocer el lugar. Desde fuera se observa la mole de piedra de dos pisos de doble o triple altura, y hasta hace poco el edificio estuvo rodeado por unas cuantas jacarandas, que fueron derribadas el año pasado, o a más tardar a principios de este, en un signo de que quizá las cosas comenzarán a cambiar para esta añeja construcción. Una lástima, porque los árboles le ofrecían al edificio un interesante contraste. Aunque ciertamente la vista del edificio es complicada, debido a la alta barda que lo circunda, y que se encuentra intensamente grafiteada, un signo más de abandono.

Desde la calle, la entrada principal al inmueble está en el lado poniente de la barrera. Abierto el portón se observa un pasillo que va a la izquierda y que conduce a una especie de porche. Se transita por éste hasta la entrada, no sin antes pasar al lado de un gran ventanal de estilo gótico, de cantera delicadamente labrada, y se llega al amplio porche. Tanto en esta pequeña explanada como en la tierra, hay varios bloques de piedra de lo que se ha estado cayendo. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).