Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

La semana pasada escribí que en Aguascalientes existían dos construcciones que respondían al apelativo de “castillo”, uno en San José de Gracia y el de la avenida Vázquez del Mercado, el Castillo Ortega. A propósito de esto me escribió el señor Hugo Héctor Morales Rodríguez, que me distingue con su lectura, y que me hizo notar que existe una más que reúne alguna de las características que se le atribuyen a los castillos. Se trata de una casa construida por el médico Enrique González Medina, personaje muy principal para el desarrollo de la Cruz Roja de Aguascalientes. Tanto así que la calle de acceso a la sede de la institución, lleva su nombre.

Por cierto que esta casa fue construida en el campo, pero terminó engullida por la urbe en su crecimiento insaciable. Todavía es posible observarla, si usted circula por la Avenida Aguascalientes de poniente a oriente, en su parte norte. Pasando el fraccionamiento Parras y antes de virar al sur es posible verla en la cúspide de la lomita, siempre y cuando el tráfico no se lo lleve de corbata.

En fin. A propósito de este asunto de las características de los castillos, la primera acepción que el diccionario de la Real Academia Española da a la palabra castillo es la apropiada para los efectos de estas líneas: “Lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes, fosos y otras fortificaciones”. Entonces, y pensándolo bien, la definición no es del todo exacta para el caso que nos ocupa. En estos lares, castillo en toda la extensión de la palabra, el de Chapultepec, en el que la loma en que está asentado suple con creces aquello de “cercado de murallas”.

Por otra parte, para el caso del Castillo Ortega, el foso es, simplemente, simbólico, dado que debe medir unos 20 centímetros de profundidad por no más del doble de anchura, y al frente termina en una fuente. Desde luego no hay cocodrilos ni serpientes enanas de grandes hidras, u otros bichos que desalienten a quienes pretendan meterse donde no los llaman. Además, el foso fue tapado debido a que había alguna fuga de agua, aunque fue reabierto más recientemente, cuando funcionó ahí un merendero. Por cierto que “alguien”, un “vagabundo” se metió al castillo, junto con otras personas, una noche de noviembre de 2013, a “inspeccionar”. Lo planteo en estos términos, entrecomillado, porque dejó evidencia de su visita en una página de Internet –“Ensayos de un vagabundo” –, y si tuvo semejante descaro es porque no es de aquí, sino de Torreón, y venía de paso rumbo al sur. El joven se firma como “vagabundo”, e incluso dejó algunas fotografías, por si usted gusta (https://ensayosdeunvagabundo.wordpress.com/tag/aguascalientes/)

Pese a la condición de abandono en que se encuentra el Castillo Ortega, obra excepcional de la arquitectura local, una de las cosas que llama la atención en primera instancia es la limpieza de la piedra. Mi primo Juan Reyes Llaguno, que es, además, sobrino político del licenciado Ortega, dice que más que cantera es piedra, aunque francamente no sé cuál sería la diferencia entre una cosa y la otra. Ciertamente la cantera, aparte de ser propicia para labrarse, se ensucia muy fácilmente; se ennegrece; se mancha, y esta está muy limpia, a excepción del escudo, cuyas guirnaldas están enverdecidas, es decir, enlamadas. En este sentido, los marcos de las ventanas, el escudo, y algún otro detalle, son de cantera, y claramente se distingue del resto de la piedra utilizada en la construcción, de reminiscencias góticas.

Aparte de haber sido casa habitación, en el pasado existieron ahí algunos negocios, uno en 1995 y otro en 2000, además de un taller mecánico, que contribuyeron al deterioro de esta edificación que, me parece, por sus características debería habilitarse como oficinas públicas o museo, a fin de recibir la atención que merece, en tanto parte del patrimonio arquitectónico de Aguascalientes.

Entre brumas recuerdo que hubo ahí una discoteca. Me acuerdo haber pasado por ahí alguna noche, escuchado el ruidazo de la música disco, y visto una iluminación medio alucinante… Luces moradas, verdes que ambientaban el giro de los cuerpos. En fin… Fueron negocios efímeros que no duraron más de dos años, según me cuenta don Juan Dávila, defensor de este patrimonio, cuyo padre trabajó con el licenciado Edmundo Ortega Douglas, quien ordenara la construcción del edificio, guiado por la divisa que da título a estas líneas, el amor dedicado a su esposa, la señora María del Carmen Llaguno. También me acuerdo haber visto maquinaria pesada en los alrededores del edificio, dada la enormidad del terreno; maquinaria de esa que se utiliza para la construcción de caminos. Otro negocio establecido en ese lugar fue un merendero que llevó el nombre de “La Corte”.

Quizá valiera la pena preguntarse qué hace en estos lares una edificación de este tipo, que culturalmente no tiene nada que ver con lo que tradicionalmente se hacía por aquí. Para responder a este cuestionamiento es obligado recordar al señor John Douglas, un inglés de origen escocés que se asentó en Aguascalientes hacia 1895, procedente de los Estados Unidos, a donde migró desde la Gran Bretaña a los 21 años. Douglas había nacido en Bury, en el condado de Lancashire ubicado al norte de Inglaterra, muy cerca de la frontera con Escocia, el 6 de febrero de 1840.

Douglas emigró a los Estados Unidos y de ahí viajó a México, estableciéndose inicialmente en Torreón, y luego en Aguascalientes.

Una evidencia de su poderío está dada por el “Chalet Douglas”, que se encuentra al lado del castillo, una residencia palaciega que el inglés construyó en la avenida Alejandro Vázquez del Mercado, actualmente ocupada por una institución de educación superior, y alrededor de la cual se construyó hace unos 20 años, o poco más, un complejo de oficinas.

Como señalé, el Chalet Douglas fue edificado en la avenida Vázquez del Mercado, en cuyo trazo y apertura colaboró el insigne arquitecto zacatecano Refugio Reyes Rivas, según dicho del doctor Andrés Reyes Rodríguez (el libro: “Refugio Reyes, una vida. El aprendizaje”), y que data de la época en que Douglas instaló su molino, comunicado con la urbe por la Vázquez del Mercado. De aquí que sea posible afirmar que esa zona fue urbanizada según deseos del industrial inglés.

No es ocioso decir, reiterar, que el chalet es anterior al castillo. Tan cierto como que el primero fue edificado por deseo de quien fuera abuelo del licenciado Ortega Douglas, propietario del castillo. De hecho existe alguna fotografía aérea de la zona, que da cuenta de esto.

En la entrada para vehículos del chalet, está empotrada en una pared una placa que aporta alguna información sobre lo realizado por John Douglas en Aguascalientes. Dice, por ejemplo, que en 1895 fundó ahí, en el fondo de la avenida Vázquez del Mercado, entre lo que hoy es Héroe de Nacozari y la vía del ferrocarril, el Molino de Trigo La Perla, que daría origen a la fábrica de almidones de igual nombre, antecedente de lo que luego fue Productos de Maíz, “La Perla”, un establecimiento industrial muy querido entre la gente de Aguascalientes, que cerró hacia fines de los años cuarenta del siglo XX.

Luego, en 1905 Douglas fundó la Compañía Eléctrica de Aguascalientes, S.A., que proveyó de energía eléctrica a la ciudad, así como a la compañía que detentaba el transporte público de tranvías eléctricos. Esta edificación, que es anterior al castillo, dado que su propietario fue el abuelo de quien ordenada la construcción de la fortaleza, sufrió un incendio, el 25 de abril de 1936, y que fue reconstruido en 1951 por el hijo menor del inglés, el ingeniero Luis Ortega Douglas, que fuera gobernador del Estado de 1956 a 1962, y que lo habitó hasta su muerte, ocurrida en 1980.

A propósito de la posible intervención de Refugio Reyes en la edificación del castillo, en el texto mencionado de Andrés Reyes, se incluye un dibujo que está a resguardo del “Fondo Documental Familia Reyes Rivas”. Es un bosquejo, informa el pie del dibujo, “a mano alzada”, y muestra una torre del castillo y su techo de capuchón”.(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

 

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