Noé García

La semana pasada con motivo del 50 aniversario del 2 de octubre, el Jefe de Gobierno Amieva (del PRD) mandó retirar las placas que hacían alusión de la inauguración de una estación del metro de Gustavo Díaz Ordaz, Presidente de la República en aquel terrible episodio. Dicha acción desató un debate sobre si quitar las placas era borrar la historia o la memoria política del país. Algunos a favor otros en contra. Me surgió una pregunta.

¿Quitar una placa es la única herramienta que se utiliza por parte de las elites gobernantes para borrar una parte de la historia? No, hay otras y más graves; por ejemplo generar las condiciones para comenzar a diluir un hecho en la memoria colectiva. Como ejemplo (y por eso escribiré) de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).

Grupo radical de la izquierda mexicana, encabezada por un aguascalentense, Ignacio Salas Obregón; contrario a lo que vendría a nuestra mente, Salas Obregón conocido como “el Oseas” era un joven católico de clase media de familia conservadora, que fue a estudiar a Nuevo León, además  mantuvo una relación de amistad efímera pero cercana con Carlos Castillo Peraza (destacado panista) “tan cercana que ambos compartían el salario que éste último percibía como presidente de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), así como una pequeña oficina en la colonia Roma” (revista Proceso).

Toman el nombre “23 de Septiembre” en honor al suceso donde 15 jóvenes —entre maestros, estudiantes y campesinos— un 23 de septiembre de 1965 murieron en el intento por tomar un cuartel militar en Ciudad Madera, Chihuahua, que tenía  el objetivo de iniciar un movimiento insurgente regional que pusiera fin a los abusos de los caciques de la región y animara a la insurgencia social. Ocho años después surgió LC23S.

Dicha agrupación guerrillera (como muchas otras) surge como consecuencia de la concientización de la década de los 60´ y la represión estudiantil que fue sujeta una generación, donde consideraron como una alternativa levantarse en armas contra el gobierno mexicano. Como lo describe Jesús Ramírez: “La guerrilla urbana de los años setenta se nutrió principalmente de estudiantes radicalizados por la represión gubernamental al movimiento estudiantil. Quienes se integraron a sus filas eran, en su mayoría, jóvenes idealistas que sintieron impotencia ante el autoritarismo priísta y abrazaron ideas revolucionarias que los llevaron a optar por la vía armada para cambiar al país.”

Tuvieron acciones de alto impacto que cimbraron no solo al gobierno mexicano sino que preocuparon al estadunidense (ejemplo, el secuestro del cónsul en Guadalajara Anthony Duncan Williams).

El 29 de abril de 1974 es detenido Ignacio Salas Obregón, tras un enfrentamiento con policías de Tlalnepantla, Estado de México, después nunca más se supo de él, al día de hoy tiene el estatus de desaparecido. Tras esto, se disuelve la coordinadora nacional y se transforma en el comité de redacción del periódico Madera, el órgano central de la organización.

Hoy a cuarenta años de su fundación, al igual de los que buscan preservar en la memoria a Díaz Ordaz (y que están en todo su derecho) yo contribuyo a que no se olvide a la Liga 23 de Septiembre, para que en el país y el gobierno eviten la tentación de cortar los  elementos democráticos y no orillen a nadie a este tipo de terribles mecanismos políticos.