Noé García Gómez

Así de crudo quiero dejar el título, tengo una impotencia y frustración por las imágenes y audios que se difundieron de los niños que en Estados Unidos son separados de sus padres y enjaulados, que quisiera contribuir cimbrando algunas conciencias de mis lectores.

En Brownsville, Texas, en un centro de detención de migrantes el senador demócrata Jeff Merkley sacó a la luz las dantescas imágenes y audios, niños enjaulados llorando por estar separados de sus padres. Eso sólo es una muestra, existen 100 distintos centros de detenciones en todo Estados Unidos que tendrían la cantidad aproximada de 10 mil niños.

Hay distintas preguntas: ¿Cuántos niños son mexicanos? ¿En qué condiciones están? ¿Cuántas horas al día están encerrados? ¿Qué alimentación tienen? ¿Los tienen medicados? ¿Sus familias saben dónde están? ¿Las embajadas mexicanas están notificadas para la ayuda consular? En las imágenes vemos sólo niños varones y mayores a los 2 años ¿Dónde están las niñas y los bebés?

El modelo migratorio norteamericano y mexicano ejerce todas las violencias imaginables, pero parece que la sociedad estamos perdiendo la capacidad de indignación. No vi manifestaciones masivas de políticos y candidatos, el mundo electoral siguió su curso.

Y también nos preguntaríamos ¿Por qué la reacción tan tibia y tardía del gobierno mexicano? Tal vez por no tener calidad moral para hacerlo, aquí en nuestro país no se trata mejor a los migrantes y sus hijos de nuestros hermanos centro y sudamericanos. Cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 6 mil 866 menores migrantes fueron detenidos en México y la organización Human Rights Watch declaró que nuestro país “falló” en la protección de menores en condición de migrantes; además que el porcentaje de asilo que ha otorgado nuestro país a los menores migrantes es apenas del 1% de los que piden, la mayoría argumentando que huyen de la violencia de pandillas y del narcotráfico.

Algunos funcionarios apelaron a que diplomáticamente se recomienda prudencia pero como lo dice el jurista Diego Valadés “cuando se trata de niños la prudencia puede ser cobardía. México debe retirar por unos días a su embajador en Washington y pedir solidaridad a otros países. En una relación tan asimétrica, si actuamos enérgicamente contra la política inhumana, no tenemos nada por ganar; pero si no lo hacemos, tenemos todo por perder”, principiando por la dignidad del país entero.

El que se hace llamar presidente de los Estados Unidos de América, anunció medidas que mitigarán el problema; yo hasta no ver no creer, pero sí tengo la esperanza que pronto el gobierno estadounidense pida perdón, no a México, sino a la humanidad, por implantar lo que podrían ser considerado campos de concentración en pleno siglo XXI.

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